Los medios

¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Emilio Campmany

La dimisión del presidente de Televisión Española ha provocado una enorme borrasca que oculta otras tormentas que asolan el universo mediático.

En la izquierda está la guerra bacteriológica que libra, casi desde 2004, el zapaterismo mediático de Barroso y Roures contra la prensa felipista de Cebrián y lo que queda de la familia Polanco. En este conflicto, todo es más claro y evidente. Se sabe quiénes están de un lado y quiénes, de otro. Así como es posible ver, desde el tendido, los navajazos y derrotes que se dan los rivales para solaz del respetable. Sólo este último episodio de la dimisión de Oliart está envuelto en alguna bruma. Parece que a Roures no le ha sentado bien que el ex ministro de la UCD prefiera contratar a su hijo antes que a él y que es la denuncia de este acto de nepotismo lo que ha provocado que el octogenario presidente diga que se va. Pero el caso es que, como PP y PSOE no se van a poner de acuerdo en un sucesor neutral antes de las elecciones, el Consejo de Administración de RTVE podría nombrar a un gestor interino del gusto de Rubalcaba y, por tanto, enemigo de Roures, que garantizaría la adhesión inquebrantable de lo que antes se llamaba "el ente" al candidato socialista. Es como si Rajoy lograra hacer dimitir a Emilia Casas de la presidencia del Tribunal Constitucional y el PSOE pusiera provisionalmente a Pascual Sala.

En la otra orilla del río mediático, las cosas no andan menos revueltas. En Vocento han pasaportado a José Manuel Vargas, después de haber liquidado a Bergareche y a Belarmino García. Y, cuando parecía que por enésima vez se recurriría a alguien de la casa, Iñaki Arechabaleta, salta el rumor de que Vocento podría estar tratando de pescar en Unidad Editorial, propietaria de El Mundo, al midas Antonio Fernández Galiano, que es como si Florentino Pérez le estuviera haciendo una oferta a Pep Guardiola para que sustituyera a Mourihno la próxima temporada. Y todo mientras la flota de la derecha mediática se debate en el mar embravecido de la crisis económica, con fuertes caídas en la contratación publicitaria y exigentes inversiones en las cadenas de televisión digitales recién puestas en marcha.

Hay más, mucho más, pero lo esencial no está en los cotilleos de quién sale y quién ficha por cuál empresa ni en quién debe cuánto. Lo destacable es que se acercan inexorables unas elecciones generales que provocarán casi con seguridad un vuelco político y quien más quien menos trata de acomodarse a la nueva situación. Los que mejor colocados se creen son quienes apostaron por Rajoy. Es probable, pero no es descartable que se equivoquen porque el Poder, cuando lo ostenta la derecha, es reacio a ser obsequioso con los evidentemente suyos. Por eso, conviene a todos volver al consejo de Pío Cabanillas Gallas: ¡al suelo que vienen los nuestros!

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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