Al gallinero

Emilio Campmany

Estos chicos de Podemos, a pesar de ser muchos de ellos profesores universitarios, se creen que están todavía en el colegio. Llegada la fecha de constituirse la cámara, corrieron a ocupar los mejores escaños y a guardar sitio a los compañeros más rezagados como corríamos el primer día de clase a ocupar la última fila y a reservar para el amigo el pupitre de al lado. Naturalmente, de la misma manera que antaño llegaba el profesor y te mandaba a primera fila, donde tenerte vigilado, hoy llega Celia Villalobos y envía al ilustre profesorado al gallinero, a que monten allí sus números y den de mamar a sus bebés.

Lo más curioso es que la decisión no necesitaba para ser aprobada del voto socialista, pues hubieran bastado los cinco que en la mesa tienen PP y Ciudadanos. Y, sin embargo, Pedro Sánchez ha querido adherirse al humillante auto y ha pedido a Micaela Navarro que vote con Villalobos. Naturalmente, lo ha hecho con el fin de devolver a Iglesias el menosprecio al que éste le sometió cuando se dijo dispuesto a integrarse en un Gobierno presidido por el socialista a cambio de hacerse cargo de todas las carteras importantes, además de la vicepresidencia. ¿Quieres ser vicepresidente? Pues toma vicepresidencia. De momento, al gallinero, a ver si se te van bajando los humos.

Más divertido ha sido ver a Celia Villalobos ponerse como una pantera porque al seráfico Patxi, que hoy se ha abstenido para preservar su neutralidad, se le ha ocurrido sugerir que la nueva ubicación de los podemitas había sido idea de la veterana parlamentaria malagueña. Alega la esposa de Pedro Arriola que la representante socialista también había votado a favor de la misma y que ella no iba a ser la única en cargar con la responsabilidad. La verdad es que, haya votado a favor quien lo haya hecho, no cabe duda de que entre ellos estaba Villalobos, de que el haberlo hecho con la socialista no quita para que la propuesta haya podido ser de la diputada popular y de que, si así fuera, no hay ningún desdoro en ello. Quizá todo se deba a que las razones de doña Celia para hacer la propuesta no sean del todo confesables si la finalidad no era otra que poner escaños de por medio entre los miembros de su grupo y las sospechosas rastas que tanto la inquietaron el día en que se constituyó la Cámara. Sin embargo, esto no pasa de ser mera especulación.

Como anécdota menor, cabe señalar que el enfado de Errejón ha sido tal que, no obstante ser todo un doctor en Ciencias Políticas, se le han descolocado en el magín las palabras y ha calificado de "vergonzante" la decisión, cuando quiso obviamente decir que era "vergonzosa". Claro que a lo mejor simplemente pasa que no sabe distinguir al vergonzante de lo vergonzoso. No es para tanto. Peores cosas se han visto y sin duda se verán en esa santa casa.

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