Debate sobre el Estado de la Nación

Al borde de la gran coalición

Emilio Campmany

Habitualmente, en los Debates sobre el Estado de la Nación, se venían enfrentando dos políticas, incluso a veces en ámbitos, como el de las relaciones exteriores o la lucha antiterrorista, donde hubiera sido deseable el acuerdo. Eran viejos tiempos. Ahora sólo se debate de política económica y para constatar que en lo esencial los dos grandes partidos piensan lo mismo. Rajoy ha defendido que las cosas están mejor que al final de la era Zapatero. Y Rubalcaba ha contestado que hay áreas, especialmente en lo laboral o en las pensiones, en las que están peor. Rajoy ha echado en cara a quien fue vicepresidente del Gobierno la factura de la luz, la congelación de las pensiones y la reducción del sueldo de los funcionarios. Y Rubalcaba se ha puesto en el pellejo de los españoles que han sufrido los recortes. Olvidan los dos que, de diferente manera y en según qué cosas, PSOE y PP son de desigual manera responsables de lo que ocurre.

Y entonces, después de llenarse la boca exigiendo igualdad y de no acordarse de la libertad nada más que para defender la de las mujeres a abortar, Rubalcaba ha dicho algo que constituye el mejor resumen del debate: "En lo que sí estamos de acuerdo [PSOE y PP] es en que el problema de España no es un problema de gastos, sino de ingresos". Y Rajoy no ha dicho que no. Tras acusar a Montoro de no sé qué cosas, ha resultado que el secretario general del PSOE está de acuerdo con él. La cámara no ha enfocado al ministro de Hacienda, pero lo he imaginado asintiendo con la cabeza mientras los colmillos le asomaban por entre la comisura de los labios. Los dos creen que hay margen para exprimir más las ubres de la vaca y no bajar los impuestos más allá de lo que exija la demagogia.

Al final va a resultar que, si la aritmética parlamentaria lo exigiera, PSOE y PP no tendrían muchos problemas para acordar una gran coalición y formar Gobierno. Les bastaría ponerse de acuerdo en lo del aborto, haciendo quizá una combinación de las dos leyes socialistas. Luego, a lo mejor habría también que quitar el que la nota de religión sirva para hacer media en el expediente. Más espinoso sería ponerse de acuerdo en la reforma laboral, pero no me parece un valladar insoslayable a la vista de que, si se convencen de que no hay más remedio, los socialistas son capaces de eso y de mucho más. En este ambiente, que Rubalcaba haya tenido que remontarse a 1983 para encontrar un escrito donde Rajoy dijera una tontería es tanto como reconocer implícitamente que después de esa fecha no hay nada con lo que sacarle los colores. Es como para que los que han apostado, como es mi caso, exijan la devolución de lo arriesgado por tongo manifiesto.

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