Comunicado de ETA

Acción, reacción, acción

Emilio Campmany

Es algo pronto para poder afirmarlo con total seguridad, pero todo apunta a que la ETA ha alcanzado la conclusión de que ya no es posible extraer más zumo del limón Zapatero y que ha llegado el momento de desembarazarse de él.

Desde Moncloa y desde Interior nos lanzarán el mensaje de que el comunicado es consecuencia de la firmeza con la que el presidente ha defendido los intereses nacionales frente a la banda y que todo ello constituye la prueba evidente de que jamás hubo intención de conceder nada que fuera realmente esencial.

Ojalá fuera cierto. Pero no lo es. Si lo fuera, el Gobierno no habría insistido en que el Parlamento le siguiera dejando la puerta abierta a una ulterior negociación cuando tal actitud le perjudica electoralmente. Por mucho que atente ETA, creen que, si renuncian definitivamente a la negociación y a lo que prometieron conceder al final de ella, será mucho peor.

Los cerebros del PSOE siempre han pensado que la ETA no consentiría una victoria del PP con el que tiene menos posibilidades de llegar a un acuerdo y que se contendría de "atentar mucho" mientras el Gobierno mantuviera cierta disposición a negociar. De paso, la estrategia serviría para aislar al PP y poder presentarlo como una formación extremista, que hace oposición con lo único con lo que no debe hacerse, con el terrorismo.

Sin embargo, todo les está saliendo mal. Ni los éxitos policiales terminan de convencer a nadie de que Zapatero puede ser un tipo muy duro en la lucha antiterrorista, ni la ETA está dispuesta a soportar más presión policial para que Zapatero gane las elecciones a cambio de vagas promesas de sustanciosas concesiones futuras. Muy probablemente, el presidente recibirá en las próximas horas una llamada telefónica de algún compañero de partido que le dirá: te dije que convocaras para finales de octubre y no me hiciste caso; ahora, a ver quién levanta esto.

Con todo, sean cuales sean las tribulaciones de Zapatero ante la cita electoral, no son más que mera anécdota ante la terrible evidencia: toda esta legislatura de torpezas que ha girado en torno a la negociación con ETA no ha servido más que para que los terroristas se rearmen y la futura independencia del País Vasco sea más probable. Y encima, va a haber más muertes. No son cosas que puedan arreglarse con una sonrisa.

Desde los años sesenta en que nació la banda, la táctica etarra se ha basado siempre en la dialéctica "acción, reacción, acción". Parecen haber concluido que, ya repuestos del asedio al que les sometió Aznar, procede volver a aquélla. Pueden incluso haber pensado que la misma será a la larga más eficaz con un Gobierno del PP que con el de Zapatero, habida cuenta de que con el PP hay más posibilidades de una "reacción" exagerada que facilite el desenvolvimiento de la vieja dialéctica revolucionaria. Apuntarse el tanto de influir decisivamente en las elecciones puede constituir además una tentación difícil de resistir. Por otro lado, al final, la cabra siempre tira al monte, y los terroristas terminan haciendo lo único que saben: atentar.

El PP debe apoyar a Zapatero si es verdad que, por fin, está dispuesto a irse a por ellos. El obstáculo puede ser que a lo mejor ni siquiera tras el comunicado lo está.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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