A ver cómo explicamos esto

Emilio Campmany

Dicen todos los periódicos que los socialistas decidirán abstenerse en la reunión del Comité Federal del próximo domingo y hacer a Rajoy presidente. Ya han comenzado a impartirse las lecciones para explicar a militantes y simpatizantes por qué es necesario dar tan doloroso paso. El argumentario incluirá lo de que la política es la ciencia de lo posible, que a veces hay que elegir entre lo malo y lo peor, que el PSOE siempre ha sido un partido responsable, que para poder aspirar a gobernar a veces hay que dejar gobernar y cosas así. No será fácil que lo entiendan.

El PSOE lleva desde 1977 acusando a la deresha de cavernícola y antidemocrática. De Suárez dijeron que, cuando el caballo de Pavía entrara en el hemiciclo, él se subiría a la grupa. Luego fueron los socialistas los que se enredaron en un golpe de Estado para echarlo del poder. Y cuando el caballo de Pavía finalmente entró en el hemiciclo lo que hizo Suárez fue mantenerse dignamente en su escaño, mientras Alfonso Guerra se escondió debajo del suyo. Llegados al gobierno, ocuparon todos los rincones que olían a poder, destruyeron la independencia de los jueces y pretendieron que la democracia española lo fuera sólo de nombre, en la que unas elecciones regularmente convocadas las ganaran siempre ellos. Pero cómo sólo se demostraron diestros en robar, perdieron las de 1996 cubiertos de porquería y gracias a que Aznar tuvo el mal gusto de sobrevivir a un atentado. Encima cargan con la responsabilidad de haber fundado una organización terrorista desde el gobierno que, con su legendaria incompetencia, secuestraba y asesinaba a inocentes. Durante los ocho años de Aznar, siguieron acusando al PP de ser la deresha franquista de siempre. E, incapaces de ganar en buena lid, se aprovecharon de un ataque terrorista para volver al poder. Nos colocaron en la Moncloa al tipo más inútil que encontraron, que ya tiene mérito tratándose de ellos, con el crucial objetivo de resucitar a la ETA, negociar con ella y evitar así que Aznar se apuntara el tanto de haberla derrotado con la ley en la mano. Su ineptitud para afrontar la crisis trajo a un Rajoy que se limitó a gestionar tan pavorosa herencia, y como no deja de ser la deresha fascista de siempre, le acusaron de haber hecho unos recortes que en realidad no hizo. Tan sólo puede ser acusado de la muy tibia reforma laboral, indispensable para crear algo de empleo en una economía tan intervenida como la nuestra.

Ahora se ven en la disyuntiva de tener que permitir que la fiera corrupia siga gobernando con el fin de evitar su propia destrucción y, naturalmente, no saben cómo explicarlo. Les bastaría decir la verdad, que a fin de cuentas Rajoy no es más que una alternativa descafeinada a ellos mismos y que nada de malo hay en que gobierne cuatro años más, a ver si ellos son capaces de recuperarse. Pero ¿cómo hacerlo después de lo que han dicho de él y de su partido? Pues, al parecer, lo harán; que a la fuerza ahorcan.

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