Europeas

¿A quién votar?

Emilio Campmany

A los electores del PP que estén insatisfechos con el modo de hacer oposición de Rajoy se les presenta un arduo dilema: ¿a quién votar? Antes de intentar contestar a esta pregunta, es necesaria dar por buenas algunas premisas.

Acerca de la primera, habrá acuerdo general. Las elecciones europeas no sirven para casi nada. El futuro de Europa lo deciden los Gobiernos europeos, no su Parlamento. Las elecciones europeas sólo tienen relevancia para la política interior.

La segunda puede generar más discusiones. Si Zapatero sale derrotado, no pasará nada. Esperanza Aguirre dice que, si Zapatero pierde por una gran diferencia de votos, se verá obligado a convocar elecciones anticipadas. Parece más una añagaza para evitar la huida del votante popular, que una aseveración bien fundada. Por de pronto, el PSOE sólo puede perder, si finalmente lo hace, por una escasa diferencia de votos. Pero, aunque perdiera por mucho, se puede tener la seguridad de que Zapatero no disolverá las cámaras.

La tercera no es más que un corolario de la segunda. Una victoria de Zapatero no significará nada. No le supondrá ningún respaldo significativo para afrontar las elecciones generales porque falta mucho para éstas y antes están las municipales y autonómicas.

La cuarta no admite discusión si se dan por buenas las anteriores. Lo único que se juegan los electores del PP en estas elecciones es la continuidad de Rajoy. Una victoria lo consolidará como candidato en las próximas elecciones generales. Una derrota lo descabalgará y obligará al partido a buscar un líder diferente. A quienes les guste Rajoy, les basta seguir votando al PP. Pero quienes quieran otro líder pueden y deben votar cualquier otra cosa.

Ahora, quienes se decidan a desertar para forzar el relevo, ¿qué pueden votar? Debe rechazarse la abstención y el voto nulo. Tales decisiones no se contabilizan y los partidos miden sus éxitos comparando sus resultados con los de los demás, despreciando la abstención y el monto de votos nulos. Se hace obligado elegir otro partido. No se puede votar al PSOE porque se estaría ayudando a dar la impresión de que tiene un respaldo superior al real y se estaría jugando sucio con los votantes del PP que sí quieren tener a Rajoy como líder. Lo procedente es elegir, entre los muchos partidos que se presentan, alguno cuyo crecimiento sólo pueda ser interpretado inequívocamente consecuencia del deficiente liderazgo de Rajoy. UPyD tiene la ventaja de ser el que más posibilidades tiene de obtener representación, con lo que no sólo serán sus votos, sino también sus escaños, los que habrá perdido Rajoy por no saber dirigir el PP, pero se puede elegir a cualquier otro de los varios que aparentemente sólo pueden engordar con votos huidos del PP.

Con todo, hay que ser conscientes de los riesgos que se corren. Supongamos que el PP obtiene un resultado lo suficientemente malo como para forzar la retirada de Rajoy. ¿Quién le sucederá? Eso es harina de otro costal. Cabe el peligro de que quien venga sea más gallardón que Rajoy. Ni está dicho que recurrir a cualquiera de los miembros de la misma vieja guardia de la que procede Rajoy vaya a traer un liderazgo superior. Ahora, para los que crean que cualquier cosa es mejor que el gallego, la ocasión del domingo la pintan calva.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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