Cumbre de Washington

A lo hecho, pecho

Emilio Campmany

¿Es esto España? ¿Es posible que los españoles, siempre divididos, siempre enfrentados, incapaces de estar de acuerdo en nada, desde la organización del Estado hasta cómo tomar el café, lo estemos hoy en algo tan poco decoroso como arrodillarnos a pedir que nos inviten a una cumbre donde los demás no nos quieren?

Será posible que tengamos que ver como el Rey (¡el rey de España!) suplica a un presidente del Brasil (¡del Brasil!) que nos recomiende a Bush. Será verdad que la mayor parte de la prensa y el principal partido de la oposición están de acuerdo con que Zapatero se arrastre, humillándose él y humillándonos a nosotros, para que le inviten a ese guateque donde, por lo que sea, que esa es otra, no nos quieren. Un par de botones de muestra: "Meritoria ofensiva de Zapatero" (El Mundo), "España no puede faltar" (El País). Y como el PP está ahora pa’ ayudar, según la feliz expresión de Rajoy, pues hale, a unirse al cortejo de suplicantes.

Llevamos unos años en que nos sepultan las pruebas de nuestra propia decadencia: los niños pasan de curso con cuatro asignaturas suspendidas; en partes de España no se puede estudiar el bachillerato en español; se encarcela a los conductores mientras se negocia con terroristas; se excarcelan a narcos y pederastas mientras se abre juicio a Franco. Sólo nos quedaba por ver a Zapatero, a Rajoy y a buena parte de la elite política, empresarial y mediática suplicar ante el mundo que nos dejen asistir a una maldita reunión. Quizá, prometiendo que no hablaremos más que cuando se nos pregunte y que no interrumpiremos a las personas mayores, terminen por invitarnos.

¿A qué viene esta falta de decoro? ¿A qué este humillante lloriqueo? ¿No estábamos todos de acuerdo en que Aznar se equivocó al dejarse fotografiar en las Azores? ¿No fue un error ir a la guerra de Irak? Cuando Zapatero se llevó las tropas de allí, ¿no cumplió con la voluntad de la gran mayoría de españoles? ¿No lo elegimos, entre otras cosas, porque compartimos con él su antiamericanismo? Pues señores, españoles todos, a lo hecho, pecho. Nos dimos el gustazo de hacerle la higa a Bush y ahora toca cargar con las consecuencias. Y habrá que hacerlo con la cabeza bien alta y no reptando ante el embajador norteamericano u obligando al Rey a que se arrodille ante nadie.

Por otra parte, si imploramos, si suplicamos ser invitados, ocurra lo que ocurra, será malo para nosotros. Si la invitación no llega, porque nos habremos humillado inútilmente. Y si lo hace, porque todos nos tratarán como lo que somos, invitados de piedra, gorrones indeseados, los que se colaron a última hora. Sólo falta que, una vez allí, cuando Zapatero, ingenuo él, pretenda hacerse con un blini cubierto de caviar, el camarero le dé un manotazo ladrándole: "¡quieto güey! que esto es para los señores".

Todos, Zapatero, el PSOE, El Mundo, El País y la misma cúpula actual del PP han puesto pingando a Aznar por arrimarse a Bush. Y ahora que Zapatero nos ha desarrimado, entre los aplausos de unos y la indiferencia de otros, se ponen a suplicar que el yanqui nos deje ir a su fiesta. Son todos unos lloricas.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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