PSOE

A garrotazos

Emilio Campmany

Hay que ver el espectáculo que está dando el PSOE. Ya ocurrió algo parecido en aquella única ocasión en la que los socialistas eligieron a su secretario general a través de unas primarias. Como ganó Borrell en contra de la voluntad del aparato, le sacaron todos los muertos del armario y los exhibieron en las páginas de El País (dónde si no). Con esta sutil maniobra lograron que se encaramara a la secretaría general el que la cúpula quería, Joaquín Almunia, responsable de la única mayoría absoluta que la derecha ha logrado obtener desde que llegó la democracia.

Después de aquello, ya no se atrevieron a hacer lo mismo y a Zapatero lo eligieron en un Congreso donde las bases carecieron de voz y voto. Ahora, con ocasión de las elecciones municipales y autonómicas, la necesidad de apear a Tomás Gómez de sus trece les ha obligado a limpiar de telarañas a las primarias. Y el hedor ha vuelto a liberarse.

Esta forma democrática de elegir candidatos debería ser premiada por el electorado, pero en España los electores suelen castigar a quien tolera que las disidencias afloren a la superficie y les gusta premiar a quien acierta a impedir que los trapos sucios salgan del vestuario sin lavar. Yo creía que esta era una prueba más de la escasa madurez democrática del pueblo español, pero, quia, me he convencido de que no, de que lo que castigan los electores son los espectáculos que suelen darse cuando se permite a los disidentes disentir.

Y es que en el PSOE están tan acostumbrados a las artimañas y las tretas, de las que con tanta profusión se socorren cuando se enfrentan al PP, que si les toca debatir internamente son incapaces de contenerse. Es natural que entre ellos se tiren boñigas unos a otros como hacen con los populares porque es lo que ellos saben hacer para atacar y defenderse. Está en su naturaleza, da igual que sea con extraños que con compadres.

Vean si no dos ejemplos tan sólo de las noticias de este miércoles. A Antoni Asunción le anulan 320 avales de los 3.246 que presentó de manera que no alcanza los 3.201 necesarios para presentarse a las elecciones primarias en la Comunidad Valenciana. En Madrid, la Comisión de Garantías Electorales ha anulado a Trinidad Jiménez 706 de los 6.402 avales presentados. Una de dos, o los candidatos son unos marrulleros que se hacen avalar por militantes inexistentes o las comisiones de garantías deberían pasar a llamarse "de Tropelías". Y no es descartable que ambas circunstancias se den a la vez. Sólo una cosa tienen en común todos, que son socialistas, una cualidad que debiera de bastar para explicar lo que ocurre.

A la vista de todo ello, podría decirse que en el PP tienen el buen gusto de no darse a las primarias y permitir que sea el jefe quien decida. Claro, que eso será cuando diga lo que quiere, que en Valencia y en Asturias todavía lo están esperando. Trata Rajoy como siempre de que el tiempo le ahorre tener que decidir y que de una manera o de otra todo le venga hecho. Desde luego, siempre es preferible que los militantes elijan, pero si es para pelearse a bastonazos, quizá valga más que lo haga el de arriba. Aunque claro, a base de negarse a hacerlo, van a terminar volando los cuchillos en Génova como lo hacen en Ferraz las boñigas. Como ven, todo muy edificante.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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