PSM

A dentelladas por los escombros

Emilio Campmany

El espectáculo montado por la productora PSM (Partido Socialista de Madrid) a cuenta de la confección de la lista de candidatos al Ayuntamiento de la capital tiene mucho de drama cómico, algo de ópera bufa, un poco de gore y una pizca de comedia negra. Tomás Gómez pasa factura a los "trinitarios" (expresión que parece aludir a la Trinity de Matrix) e impone su ley al pobre Lissavetzky, que tan a gusto se habría quedado de secretario de Estado para el Deporte en vez de tener que pastorear al arisco ganado socialista de Madrid.

El asunto tiene gracia (de ahí que tenga aires bufos de comedia) porque no deja de ser cómico ver a algunos integrantes de la casta política pelearse a dentelladas por un puesto de concejal en una lista condenada a estar en la oposición durante los cuatro próximos años. Todos ellos podrían parafrasear a Jesús Fueyo (el de "ministro, aunque sea de Marina") diciendo "concejal, aunque sea en la oposición". Pero la cosa también tiene tintes dramáticos, próximos a la tragedia, porque ¿qué va a ser de los que no estén, o casi peor, estén, pero en puestos de la lista sin posibilidades de salir por estar excesivamente abajo?

El toque gore lo pone el modo en que el PSOE tiene de resolver todas las disputas, las que les enfrentan a otros partidos y las que surgen entre ellos mismos, a garrotazos. Alguna vez han sido capaces de mantener las formas, pero lo habitual es que, cuando no hay harina, los conflictos se resuelvan sin tapujos a puñetazo limpio en la plaza pública. Es obvio que, para ganar las primarias que le disputó a Trinidad Jiménez, Tomás Gómez ofreció puestos de salida en la lista a la Comunidad de Madrid a muchos más que escaños seguros tenía. Ahora, copada la candidatura de la Comunidad, se ve en la necesidad de agradecer las lealtades ofrecidas con puestos de garantía en la lista al Ayuntamiento de la capital. De lograr imponer su criterio, podría además controlar la oposición en el Ayuntamiento y hacer la cama a un desgraciado Lissavetzky, que no sólo carecerá de posibilidades de ser alcalde, sino que tampoco podrá dirigir la oposición. Cuando desde Ferraz amenazan con imponerse si Lissavetzky no aprueba los nombres impuestos por Gómez, los tomistas alegan que, cuando el secretario de Estado controlaba la Federación Socialista Madrileña, era él quien imponía su ley sin que nadie osara rechistar. O sea, que ahora debería probar su propia medicina sin queja ni remilgo alguno.

Con toda la punta que se le puede sacar al asunto, lo mejor lo ponen los políticos, siempre esforzándose en ser los más agudos a la hora de la sátira mordaz. Maru Menéndez, la portavoz tomista que tiene Gómez en la Asamblea de Madrid, ha dicho, a propósito de la disputa, que Lissavetzky va a reflexionar y va a darse cuenta de que es un candidato ganador y de que eso le va a permitir nombrar a miembros de su gobierno que no figuren en la lista en virtud de la Ley de Capitalidad. ¡Toma del frasco, Carrasco! ¿Cabe mayor crueldad? ¿Podría nadie mejorar esta ironía? Lo único que podría contestar don Jaime es que candidato ganador lo será su padre y que vaya a reírse de su madre. Y eso es tan soez que ni siquiera un socialista se lo puede permitir. Veremos en qué queda.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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