Podemos sale de caza mayor

El Club de los Viernes

Como bien es sabido, Podemos nutre sus filas del descontento social y para ello siempre ha basado su estrategia en localizar colectivos minoritarios insatisfechos, en rebuscar entre los estratos sociales nichos de inadaptados cuyas causas pudiera enarbolar y así sumarlos a sus variopintas y coloridas mesnadas. Así, Podemos se constituye como un movimiento amorfo de causas desconectadas y en muchas casos contradictorias entre sí, cuyo único hilo vertebrador es el altavoz político que recoge esas causas marginales y las capitaliza. La labor de Podemos ha sido la de acoger en su seno peticiones de sectores automarginados. De esta manera, en Podemos han recalado colectivos antisistema, animalistas, okupas, quienes se metieron en una hipoteca que no podían pagar, los LGTB, los antivacunas, los propalestinos, los nuevos curanderos de la medicina alternativa, los enemigos de las antenas de telefonía y cualquier otro colectivo con una causa estrambótica y políticamente no representada.

Esta mezcolanza, esta suma de minorías, no ha sido suficiente para romper el techo electoral del 20 por ciento. Sumando frikis e inadaptados no se llega a ganar en una sociedad con una clase media extensa y con unos niveles de bienestar jamás vistos en la historia. Ya no valía apelar a la marginalidad, había que apostar fuerte y atraer a colectivos mayoritarios a los que enfrentar al resto de la sociedad. Para ello había que tensionarlos, meterles la cizaña de la discriminación, inocularles el victimismo. Fue entonces cuando pusieron sus ojos en dos colectivos enormes: pensionistas y mujeres. Esos sí que eran buenos caladeros, no en vano en España hay nueve millones y medio de pensionistas y casi 24 millones de mujeres.

Una vez identificados los nichos de mercado, el nuevo público objetivo de sus atenciones, hacía falta inocular el victimismo recurriendo a la mentira y la manipulación. Nada importaba que los jubilados españoles hayan sido el colectivo menos penalizado durante la crisis y que tengan unas de pensiones de entre las más altas en relación con su última nómina de toda Europa. Mientras decenas de miles de autónomos y empresarios vieron cerrar sus negocios y perder todos los ahorros de su vida, millones de asalariados disminuir sus ingresos al pasar al paro o ser incluidos en expedientes de regulación de empleo y los nuevos demandantes de empleo tuvieron que optar a puestos con salarios sensiblemente más bajos que antes de la crisis; mientras todo eso ocurría, los jubilados mantuvieron su poder adquisitivo gracias a las extraordinarias bajas tasas de inflación. Había que hacer ver a los jubilados que estaban siendo victimizados por el Gobierno, y que ignoraran que quienes tendrían que cargar con la subida de las pensiones no serían los miembros del Partido Popular sino sus propios hijos.

Pero los pensionistas no eran suficientes para este nuevo salto de Podemos, los nueve millones y medio de jubilados no bastaban, sólo representan al veinte por ciento de la población. Había que ir más lejos, había que cizañar a un colectivo aún más numeroso, un colectivo que representara a más del cincuenta por ciento de los votantes: las mujeres. Había que enfrentar a las mujeres con los hombres, con sus maridos, con sus compañeros de trabajo, con sus padres y con sus hijos. Nada importaba que –según el Instituto Georgetown para la Mujer, la Paz y la Seguridad– España sea el quinto país del mundo mejor para ser mujer y que Venezuela, su referente político, ocupe el puesto 78 e Irán, uno de sus mayores financiadores, el 116.

Por el momento, Podemos ha logrado su propósito y conseguido grabar en el imaginario de ambos colectivos el victimismo, el revanchismo, llevando la confrontación social al interior de los hogares. Ha conseguido movilizar a importantes sectores de pensionistas y mujeres y atraerlos al lado oscuro, el lado de la mentira, la manipulación y la sed de venganza. Tras años de exitosa experiencia con la caza menor, Podemos ha decidido dar el salto a la caza mayor; ya no van a por colectivos marginales, sino a por sectores mayoritarios de la sociedad española. Esperemos que no cosechen el mismo éxito que han tenido con los colectivos minoritarios, porque bien pudieran revertir la caída de los últimos meses y volver a amenazar la estabilidad y la prosperidad de España.

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