Viven del cuento

Eduardo Goligorsky

Toni Batllori, tenaz ilustrador de la propaganda del secesionismo, caricaturizaba en sus Ninots de La Vanguardia a Mariano Rajoy preguntando, impasible, si ya se habían peleado entre ellos los socios de contubernio secesionista. Pues sí, ya se han peleado y Rajoy y muchos ciudadanos adictos a la racionalidad podemos respirar más tranquilos: han roto la porcelana fina y hasta la loza de la abuela. Pero lo sucedido nos anima a volver sobre las pistas que dimos para pronosticar este desenlace. Sobre todo, hicimos hincapié en que los salvapatrias que se habían coaligado son personajes que viven del cuento. Del cuento de la independencia, pero cuento al fin.

Colaborador y delfín

No hablemos ya del clan Pujol, suficientemente desenmascarado. Ahora, los hagiógrafos quieren vendernos a su más próximo colaborador y delfín, Artur Mas, como un dechado de pureza y desinterés, al que las circunstancias obligan a cargar con todas las responsabilidades de la epopeya emancipadora. Así es como lo pinta Francesc-Marc Álvaro en un adelanto (LV, 19/10) de la versión actualizada de su libro Ara no toca! El pujolisme, el procés sobiranista i el cas Pujol, que apareció originariamente en el 2003.

Para desmentir esta leyenda no me queda más remedio que recurrir, por enésima vez, al artículo "Los jóvenes de Mas" (LV, 4/12/2000), de Susana Quadrado, que ¡hace 14 años! advertía:

Son el nuevo aparato de Convergència. Hicieron los primeros pinitos en política a finales de los años ochenta, muchos de ellos siendo todavía universitarios, enarbolando la bandera de una Cataluña soberana. En una década, esta generación de jóvenes que tienen ahora entre 30 y 40 años ha escalado hasta la dirección del partido, hacia puestos clave en el Govern de la Generalitat o ambas cosas a la vez. Artur Mas, de 44 años, y por tanto muy próximo generacionalmente a este núcleo de jóvenes emergentes, quiere tejer con ellos la nueva CDC (…) El pragmatismo político les ha hecho endulzar sus planteamientos soberanistas, a los que no renuncian. Porque ahora consideran que es el momento de hacer causa común para que Mas llegue a la presidencia de la Generalitat (…) Lo demás, dicen, ya llegará. Los jóvenes de Mas iniciaron su actividad política al abrigo de una persona, Oriol Pujol Ferrusola (quinto hijo del president), y de una organización, la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC).

Ahí estaban todos los que José Martí Gómez definía premonitoriamente como "talibanes" (LV, 17/2/2000), viviendo ya del cuento.

Y también he recordado muchas veces que un año más tarde, cuando La Vanguardia le pidió a Mas, como a otros políticos catalanes, que se fotografiara durante los Carnavales con el disfraz que mejor reflejara su personalidad, el resultado fue un ensoberbecido y estrambótico Sant Jordi, enfundado en una cota de malla de 25 kilos, lanza en ristre, pisoteando a un ridículo híbrido de lagartija y dragón de utilería. La imagen, perpetuada en el suplemento Vivir de dicho diario (25/2/2001), debería convertirse en el emblema del Partit del President que se está gestando en la cabeza de Enric Juliana para competir en las hipotéticas elecciones plebiscitarias y seguir viviendo del cuento.

Tira y afloja histriónico

Francesc de Carreras formuló un diagnóstico implacable de este Sant Jordi de pacotilla (LV, 12/10/2012):

Nos encontramos ante un tipo de personaje, muy estudiado por los psicólogos, que me causa un especial pavor: estamos ante un iluminado, una persona que ha escogido ser el instrumento de un misterioso destino que está decidido a asumir, pase lo que pase, tanto a él como a su país. (…) ¡Dios mío! ¿En manos de quién estamos? (…) Tenso el mentón, la mirada en el horizonte, aires de jefe de Estado. Este es el Artur Mas de las últimas semanas. Me da miedo.

Oriol Junqueras, el titiritero con cuyos hilos el muñeco Mas ha emprendido un tira y afloja histriónico, aumenta la sensación de alarma. Asusta comprobar que disfruta de desmesurado poder alguien cuyo desarrollo cognitivo se detuvo en su temprana infancia. Cuando Lluís Amiguet le preguntó cuándo y por qué se hizo independentista, Junqueras respondió (LV, 12/11/2012):

A los ocho años (…) Y también recuerdo que fui muy consciente del referéndum de la Constitución (…) A los ocho años ya tenía muy claro que estaba contra la Constitución española. Ya tenía vocación política.

Así se entiende que Junqueras estuviera al borde del llanto como un niño malcriado cuando se enteró de que se había frustrado su caprichito de jugar con un referéndum ilegal el 9-N apelando a la desobediencia civil (LV, 18/10). Aun así, el niño interior de Junqueras no tardó en recuperarse y se inscribió disciplinadamente en las listas fantasmas que se utilizarán para identificar a quienes deseen votar, a partir de los 16 años y durante quince días, en la nueva consulta igualmente fantasmagórica.

Curado de espanto

Escribe Lluís Foix, con la causticidad propia de un veterano curado de espanto (LV, 16/10):

No se sabe muy bien de qué se trata pero se nos dice que será una consulta anticipada a otra consulta, ya definitiva, que tendría forma de elecciones en las que Artur Mas se ofrece para encabezar una lista única y un programa conjunto de todos los partidos soberanistas.

Ni la primera consulta suspendida, ni la segunda anunciada tienen garantías democráticas. (…) No habrá censo. El censo se elaborará sobre la marcha, a medida que los votantes vayan acudiendo a las dependencias de la Generalitat donde se colocarán las urnas. Como lo equivalente a la Junta Electoral también está cautelarmente suspendido, no sabemos quién velará por la buena marcha de la consulta. Habrá 20.000 voluntarios, supuestamente ofrecidos por la Assemblea Nacional Catalana de Carme Forcadell, que sustituirán a los policías que habitualmente velan por las garantías de todo proceso electoral.

Será una consulta oficial, anunciada pero no refrendada por decreto por el president de la Generalitat, que será implementada por el brazo civil del movimiento independentista, (…) Se votará el 9-N y ya está. Sin leyes ni decretos ni censos. El populismo, ya se sabe, tiene estas cosas.

Papelón asegurado

Un lector de La Vanguardia aconsejó por carta a los organizadores del evento que, para reducir la magnitud del papelón, no metan en las urnas del pucherazo más papeletas que habitantes tiene Cataluña. Sin embargo, el papelón está igualmente asegurado. Explica Carles Castro, experto en demoscopia de ese mismo diario (19/10):

Si en la consulta informal del 9-N votasen todos los electores nacionalistas (los más implicados emocionalmente con la iniciativa) el porcentaje de participación apenas superaría el 33 % del censo electoral: 1.800.000 electores. De hecho, esa tasa del 33 % es la máxima que ha sumado históricamente el nacionalismo catalán en las elecciones autonómicas.

Incluso el predicador secesionista Francesc-Marc Álvaro, que definió a los suyos como "la minoría más activa y organizada" (LV, 6/5/2013), se cura en salud (LV, 13/10):

Eso no quiere decir que la independencia tenga hoy asegurado el 51% en las urnas. Sería bueno que algunos pensaran en ello.

Pero los que viven del cuento son muchos y tienen mucho que perder si se impone la cordura. Perderán el muy lucrativo aparato burocrático de un Estado placebo extraeuropeo con su Consell Assessor per a la Transició Nacional, su Diplocat, su embrión de Hacienda y Justicia endogámicas, su entramado de movimientos sociales agrupados en torno del pensamiento único secesionista, y su agitprop que abarca no sólo todos los medios de comunicación oficiales y subvencionados sino también el sistema de educación y adoctrinamiento que discrimina y proscribe la lengua castellana. Así se entiende por qué los que viven del cuento se jactan de emplear la astucia para no perder este chollo y se pelean, además, entre ellos, para monopolizar su explotación.

Que se joda la buena gente

¿Y qué le sucede, mientras tanto, a la buena gente? Anuncia La Vanguardia (8/10):

Las entidades sociales y otros proveedores de servicios del Institut Català d'Assistència i Serveis Socials (Icass) y de la Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència (Dgaia) recibieron ayer un jarro de agua fría al confirmarles la Generalitat que el impago del 25 % de las facturas se prolongará hasta el mes de diciembre.

Esto, a pesar de que Cataluña recibió hasta septiembre 6.473 millones de euros del Fondo de Liquidez Autonómico (LV, 14/10). Los que viven del cuento, a disfrutar que son dos días. Y, mientras tanto, no les importa que se joda la buena gente, tanto la que los vota como la que los rechaza. Son -somos, todos los catalanes, todos los españoles- los paganos del incontrolado derroche de la hoy implosionada conjura cainita.

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