Una condolencia delatora

Eduardo Goligorsky

Descubro con sorpresa, entre los recortes de periódico que acumulo, uno que en su momento me pasó inadvertido pero que me siento obligado a repescar por la dosis autoinculpatoria de cinismo que se desprende de su texto. El 11 de enero, día de la marcha unitaria en París contra el terrorismo islamista, La Vanguardia publicó un artículo firmado por Artur Mas i Gavarró, presidente de la Generalitat de Cataluña, que llevaba por título, en francés, un verso de "La Marsellesa": Liberté chérie, combats avec tes défenseurs (Libertad querida, combate junto a tus defensores).

Cegado por el orgullo de poder escribir en francés, intercalando alguna frase en inglés, gracias a la educación recibida en una escuela privada de élite donde no imperaba el monolingüismo discriminatorio catalán, Mas dio rienda suelta a su retórica, sin darse cuenta de que en esa condolencia estaba delatando los vicios y mentiras de la cruzada irredentista con que él y sus compadres mal avenidos están fracturando la sociedad catalana, aislándola de Occidente y escarbando en las cicatrices de anacrónicas guerras dinásticas con la esperanza de encontrar allí argumentos para su asalto al poder.

Marrullería hipócrita

Ya de entrada, quien está asociando sus ambiciones políticas a la balcanización de España y a la estimulación de rencores fundados sobre mitologías cainitas declama:

Especialmente los catalanes, que tenemos con Francia una relación antigua, trenzada de vínculos de vecindad, históricos, culturales y económicos.

Una relación antigua, trenzada de vínculos de vecindad, históricos, culturales y económicos… ¿con Francia sí y con España no, sino todo lo contrario? Esta marrullería hipócrita bastaría para que los franceses descubran el talante de quien intenta embaucarlos. Pero hay más. Mucho más. Escribe el aspirante a líder del Partido Único:

El fundamentalismo, en cambio, consiste en interpretarlo todo a rajatabla, y eso es muy pobre. Incapacita para hacerse cargo de que hay distintos puntos de vista. (…) La democracia significa pluralismo, lo contrario de los que pretenden que una sola ley sectaria domine todos los aspectos de la vida. (…) Debemos rechazar la división y escoger la solidaridad entre todas las sensibilidades.

Esto, escrito por quien reclama mayorías excepcionales para poder llevar adelante sus proyectos secesionistas, y después se obstina en montar imposibles estructuras de Estado con el magro apoyo del 33 por ciento de los ciudadanos, sublevándose contra los poderes constitucionales, suena a tomadura de pelo sin atenuantes. Sobre todo cuando acompaña un mensaje teóricamente dirigido a un público inteligente y cosmopolita.

Para más inri, deja filtrar una verdad como una catedral sobre la composición de la sociedad catalana e inmediatamente la tergiversa con el fin de llevar agua a su molino:

Nos conviene insistir en nuestro modelo de integración. (…) Y lo podemos decir con la alegría de quien vive en un país donde el 70% de los ciudadanos tienen orígenes fuera de Catalunya y, a pesar de todo, es capaz de reunir amplias mayorías, muy transversales, en torno a proyectos comunes.

La trampa consiste en insinuar que uno de esos proyectos comunes es el secesionista, que, hay que repetirlo hasta el hartazgo, sólo recluta al 33 por ciento de los ciudadanos. En cambio, al 70% que tiene orígenes fuera de Cataluña, y a muchísimos catalanes de pura cepa fieles al ideario liberal y humanista, se los quiere obligar a aceptar que "una sola ley sectaria domine todos los aspectos de la vida": la ley de la ruptura con sus compatriotas españoles, ruptura que también implica la proscripción de la lengua común de todos los ciudadanos. Puro fundamentalismo, que lo interpreta todo a rajatabla, si nos ceñimos a lo que escribió Mas. Puro totalitarismo.

Gracias, Artur Mas

El secesionismo está en la naturaleza de Mas, como en la fábula de la rana y el escorpión, y por eso lo cuela en lo que lo que debería haber sido un testimonio de unidad en la lucha contra el terrorismo yihadista. Nada de alianzas que puedan contaminar la pureza del propio aparato defensivo:

En Catalunya estamos dispuestos y reclamamos que nuestra policía, los Mossos d'Esquadra, tenga la plena responsabilidad en este campo como la tiene en otros, a fin de poder aplicar las ventajas de su arraigo y profundo conocimiento del país.

Afortunadamente, para tranquilidad de los catalanes, su seguridad no está librada a los caprichos de una camarilla endógama que premia las buenas relaciones con los imanes salafistas, y Barcelona es el centro neurálgico de los servicios de inteligencia de los países occidentales, concertados con los de España y activos en la defensa de nuestra civilización.

Finalmente, llevado por su soberbia, Mas se atribuye el papel de dispensador de doctrina sobre valores universales y nos endilga, sin proponérselo, un discurso cargado de sensatez que, lógicamente, se vuelve como un bumerán para fulminar el desquiciado procés constituent de Cataluña y a sus caudillos:

Ahora es el momento de sumar a los valores, virtudes: la repetición de actos concretos que los encarnan. La primera de ellas, una lucha diaria y positiva contra el odio. Ahora es momento de no ceder al miedo, que es la semilla de todos los populismos y de todas las demagogias, y de combatir el fundamentalismo con las armas del respeto y la tolerancia; y todo el peso de la ley y toda la fuerza del Estado cuando se violen las normas que democráticamente hemos decidido darnos.

Valioso compendio de instrucciones para frenar la embestida de esa amalgama del populismo, la demagogia y el fundamentalismo que es el nacionalismo identitario, con su vertiente secesionista cargada de odio. Gracias, Artur Mas, por aconsejar el empleo de todo el peso de la ley y toda la fuerza del Estado cuando se violen las normas que democráticamente hemos decidido darnos.

Ni un paso atrás

Precisamente el artículo 573 del nuevo Código Penal pactado entre el PP y el PSOE en el contexto del acuerdo contra el terrorismo yihadista preveía el empleo de todo el peso de la ley y toda la fuerza del Estado para castigar los actos encaminados a "subvertir el orden constitucional o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o abstenerse de hacerlo". El consejo que le agradecemos a Artur Mas no pasó de ser una cortina de humo oportunista, como lo demostró el hecho de que sus catecúmenos pusieron el grito en el cielo contra este artículo, delatando, con su reacción belicosa, la naturaleza espuria de los planes disruptivos que se proponen seguir desarrollando al margen de la ley.

Es hora, pues, de poner fin a las ficciones y simulaciones y de reencauzar la política por los cauces de la normalidad constitucional que democráticamente hemos decidido darnos los españoles. Con todo el peso de la ley y toda la fuerza del Estado. Descafeinar el texto original del artículo 573 para apaciguar a los insurrectos, como proponen algunos de quienes inicialmente lo redactaron, sería otro error que se sumaría a los muchos cometidos en aras de una conciliación que equivale a la capitulación. Ni un paso atrás. Atrás están el abismo y, no me canso de repetirlo, el caos.

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