Un mensaje tramposo

Eduardo Goligorsky

El filósofo, catedrático y exégeta del nacionalismo catalán Norbert Bilbeny ha subido al púlpito para catequizar a los descarriados que no comulgan con los dogmas arcaicos de su secta. Y les endilga un mensaje plagado de falacias autocomplacientes que titula “A un joven  de extrema derecha” (LV, 14/4). En él desgrana, con lenguaje paternalista, un puñado de consejos y recriminaciones que, como veremos, no  son aplicables a los destinatarios de la epístola –los jóvenes derechistas de Vox– sino, mal que le pese al adoctrinador, a los precoces abanderados de los mitos rancios del supremacismo catalán, que algunos juzgan milenarios y otros se conforman con situar en el tergiversado 1714. Una legión retrógrada que, para más inri, ahora se ha amancebado con comunistas, antisistemas y despojos del terrorismo etarra.

Cebar el anzuelo

Bilbeny  empieza halagando a su catecúmeno ficticio para cebar el anzuelo: “Tienes tu opinión y aceptas las reglas para expresarlas y el marco parlamentario”. Lo cual, por cierto, es válido para el joven demócrata votante de Vox, al que está dirigido el sermón proselitista, y no lo es para los hooligans independentistas que le arrojan botellas y adoquines. La trampa burda del mensaje viene a continuación:

Pero estás caminando sobre el alambre, porque con tus ideas y actitudes puedes acabar situándote fuera de  juego en un ambiente donde algunos se aprovecharán de ti por tu juventud y buena fe y te harán decir y hacer cosas que te alejarán de tu familia, compañeros, de la mayoría de la gente. No te pongas en una causa que ni es la tuya ni es la  que se espera de una inteligencia y de unos ideales jóvenes. (…) Ponte en causas de futuro, ilusionantes, transformadoras, no en repetir viejos tópicos, fuera de época, que solo son el pretexto de unos mayores para hacerse notar, tener una parcela de poder y tomarse la revancha  contra  los fantasmas del pasado.

El resultado está a la vista

Es imposible retratar con mayor precisión el cambio que se opera en la personalidad del joven catalán cuando le lavan el cerebro los capitostes del régimen secesionista. Y le inculcan el odio a España, a la Constitución del 78 y a la Monarquía parlamentaria. Son estos mayores renegados de su identidad española quienes se aprovechan de su juventud y su buena fe y le hacen decir y hacer cosas que lo alejan de su familia y de sus compañeros y de la mayoría de la gente. Lo enrolan en una causa fratricida que no es la suya y que en condiciones normales ofendería su inteligencia. Y ni hablar de los viejos tópicos amañados que le hacen repetir para comprometerlo en las riñas barriobajeras entabladas entre junqueristas y puigdemontistas por el control del poder y, sobre  todo, del presupuesto, exhumando los fantasmas del pasado con frenesí guerracivilista. 

El resultado está a la vista. No son los jóvenes de Vox que Bilbeny y sus adláteres pretenden domesticar los que agreden a los estudiantes de Sociedad Civil Catalana en los campus universitarios y destruyen sus quioscos y queman las banderas españolas y hostigan a los profesores con fama de constitucionalistas. Los depredadores son los cachorros de la muy influyente CUP anticapitalista y los matones del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC), así bautizados con reminiscencias irredentistas del Anschluss que los alemanes nazis pergeñaron para anexarse Austria y todas las poblaciones de habla germana. El SEPC actúa amparado por la tolerancia o complicidad de los rectores de las universidades públicas, que a su vez firman en tropel manifiestos conjuntos bajo la tutela del Òmnium insurgente, reclamando la amnistía de los golpistas juzgados y condenados por los tribunales españoles con todas las garantías del Estado de Derecho.

Sus delincuentes favoritos

Tampoco son los jóvenes de Vox quienes organizan Comités de Defensa de la República de genealogía castrista que, obedeciendo órdenes del sátrapa de turno, aprietan a las fuerzas de seguridad, incendian, saquean, escrachan, okupan y se manifiestan a favor de sus delincuentes favoritos: los delincuentes que están en la cárcel con condena firme, los que se han fugado al extranjero y están en busca y captura, los que gozan de una semilibertad privilegiada, los raperos apologistas de otros delincuentes… y también los que recuperan prematuramente la libertad sin haberse arrepentido explícitamente de sus delitos de sangre. ¿Felicitaría el profesor Bilbeny al joven de Vox si abjurara de sus actuales convicciones y se sumara a esta horda de neandertales?

Curiosamente, Bilbeny cierra su artículo con una exhortación que podría resultar útil para redimir a aquellos voluntarios de la cruzada hispanófoba que conservaran un ápice de racionalidad, si es que existen: 

Sé radical, pero no juegues al extremismo que algunos te hacen jugar. Ser  radical es comprometerse con la verdad y la honestidad, ser uno mismo y pensar por uno mismo. En el extremismo no encontrarás nada de esto. Let it be

Estamos vacunados

Los que necesitan el curso intensivo de reeducación para reinsertarse en la sociedad civilizada son los esbirros de la extrema izquierda y de sus nuevos apéndices chauvinistas y racistas. Los ciudadanos constitucionalistas libres e iguales, cualquiera sea nuestro credo político, estamos vacunados, en cambio, contra las lecciones insidiosas de los catedráticos y maestros ciruela embaucadores. Lo tenemos claro: comunismo o libertad, barbarie o civilización.

PS: Mis discrepancias con Vox, que giran casi exclusivamente en torno a su orientación confesional, no me impiden valorar su conducta insobornable y considerarlo un aliado indispensable en la defensa de la unidad de España y en la preservación de sus instituciones democráticas. Tendremos tiempo para confrontar respetuosamente nuestras diferencias, como ciudadanos razonables, cuando hayamos vencido al Leviatán totalitario que nos hunde premeditadamente en el caos. La regeneración empieza el 4 de mayo en Madrid. ¡Fuerza, Ayuso!

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