Tres trileros traman trolas

Eduardo Goligorsky

Tres trileros traman trolas para dinamitar la Nación española. La Nación que se encarriló en 1978 por la vía de la convivencia civilizada, cuando sus ciudadanos aprobaron una nueva Constitución que sentaba las bases de la Monarquía parlamentaria. Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Oriol Junqueras –los protagonistas del trabalenguas– manipulan los dados cargados de odio en los cubiletes amañados, aplaudidos por una corte variopinta de felones de su misma calaña aunque conchabados en distintas bandas. Lo más siniestro de la operación es que ni siquiera la suspenden mientras se cuentan las víctimas de la pandemia.

Argumentos racionales

Pero cuando el timo llegaba a una de sus etapas culminantes entró en escena Inés Arrimadas. Su aparición desconcertó no solo a los tahúres sino también a quienes presenciaban el abuso con espíritu crítico, para denunciarlo. La aguafiestas argumentó, con impostada ingenuidad, que estaba dispuesta a colaborar en el juego si se cambiaban las reglas para proteger los intereses de los participantes. Y el capo de la timba dio su muy devaluada palabra de que lo haría. Dudo que la misma Arrimadas apueste a que el falsario cumpla lo prometido, aunque lo que sí logró con su intervención fue neutralizar el chantaje del ‘o yo o el caos’.

No me adelanto a juzgar si Arrimadas obró bien o mal al votar a favor de la prolongación del estado de alarma. A primera vista, me parecieron estrictamente racionales y cargados de sentido común los argumentos con que justificó su decisión. El veredicto dependerá de los resultados que se obtengan en los planos epidemiológico, económico y político de la lucha contra la pandemia, resultados estos que nadie sabe cuándo estarán a la vista.

Infiel consuetudinario

La novedad, sin embargo, reside en los conflictos que los coqueteos del infiel consuetudinario Sánchez generó dentro del bloque anticonstitucional. Este solo hecho debería contabilizarse como un punto a favor de la decisión de Arrimadas. Porque los trileros, lejos de aparcar sus planes rupturistas mientras dure la pandemia, aprovechaban la circunstancia de que toda la atención de la buena gente estaba enfocada en la lucha contra el virus para tramar sus trolas. Si el voto de Cs ayuda a frustrar estos planes, bienvenido sea.

Los planes los había destapado la portavoz Meritxell Budó, quien advirtió que sus emisarios "llevarán el derecho a la autodeterminación a esas conversaciones y subrayó la línea roja del independentismo para participar en los pactos de reconstrucción: ‘Que no sean en clave española’" (LV, 18/4). Y el padrino Oriol Junqueras fue tajante cuando amenazó a su retoño Sánchez: "Debe decidir si se lanza a los brazos de Ciudadanos o si quiere mantener las mayorías de la investidura" (LV, 8/5). Las prioridades de este contubernio son la torticera mesa de diálogo de la minoría endogámica en pie de igualdad con el Gobierno de España y las mamandurrias de los parásitos antiespañoles del Diplocat, y no las residencias de ancianos y las plazas de UCI.

Escoria totalitaria

"Las mayorías de la investidura", alardea Junqueras. Pura escoria totalitaria. El candidato in pectore de ERC, Pere Aragonès, y el bilduetarra Arnaldo Otegi dialogaron en Instagram Live sobre la visión que comparten para el futuro de sus feudos catalán y vasco en la post pandemia, y el segundo dio vía libre a sus detritos mentales (LV, 8/5):

"Ver a médicos de Cuba llegar a Roma y a aviones de China y Rusia aterrizar en el corazón de una UE que se muestra como un proyecto en crisis no deja de ser una cierta justicia poética", proclamó Otegi apelando a su condición de "viejo rockero" (61 años) forjado en el marxismo.

La meta final

Seamos realistas. Pedro Sánchez no se cansa de repetir que sigue teniendo la mano tendida a ERC, lo que equivale a decir que el acuerdo con Cs es coyuntural y que la meta final es la creación de una recauchutada unión de republiquetas socialistas soviéticas. Y ahí está el aborto de Lenin para empuñar el timón. Con su habitual desfachatez, el vicepresidente segundo Pablo Iglesias arengó a sus fieles en el primer Congreso Ciudadano Estatal de su partido y les endilgó esta tergiversación de la historia elaborada para engatusar almas cándidas (LV, 8/5):

La Europa que hoy conocemos fue el resultado precisamente de este proceso de reconstrucción tras la última gran catástrofe, que fue la Segunda Guerra Mundial, una reconstrucción de lo común, de la democracia, de las libertades civiles, de los derechos laborales y sociales, de los servicios públicos, que se hizo en oposición a lo que habían representado los movimientos reaccionarios y fascistas.

¡Vaya bulo! La reconstrucción de los valores que enumera el gran falsario la emprendieron los países democráticos para contener la expansión del Leviatán comunista, de cuyos albaceas Iglesias es un descarado servidor. Aquella Guerra Fría contra la amenaza comunista fue tan perentoria para salvaguardar el bienestar y las libertades de nuestra civilización que incluso obligó a repescar a algunos supervivientes del régimen derrotado, como el general de las SS Reinhard Gehlen, convertido en jefe de los servicios de espionaje de la República Federal Alemana, y el ingeniero Wernher von Braun, que pasó de diseñar los misiles V-2 de Hitler a trabajar para la NASA. Fue la operación Paperclip, programada por Estados Unidos, que blanqueó y cooptó a centenares de jerarcas nazis, sobre todo científicos. Los exterminadores estalinistas y maoístas eran tan peligrosos que el presidente Eisenhower no vaciló en incorporar con buen criterio la España de Franco al sistema de defensa occidental. Era el mal menor.

Ni un paso atrás

Hoy es España la que necesita un sistema de defensa invulnerable, a prueba de virus patógenos y de renegados guerracivilistas. De los virus se ocuparán los científicos y el personal sanitario que ya lo está combatiendo con conmovedora abnegación. El control de los renegados guerracivilistas es más complicado porque forman parte de nuestra especie y de nuestro entorno social y político. Peor aun: algunos de ellos nos gobiernan.

Está claro, entonces, que el Frente de Salvación Nacional, compuesto por todas las fuerzas políticas y sociales constitucionalistas, debe ser tan implacable en la defensa de la Monarquía parlamentaria embestida por los tres trileros cainitas como la Alianza Atlántica lo fue en la defensa de la civilización occidental atacada por los bárbaros comunistas. Ni un paso atrás.

PS: Pablo Iglesias no se cansa de despotricar contra el hoy difunto Billy el Niño, pero este no habría pasado de ser un mediocre aprendiz en la tropa de psicópatas asesinos y torturadores que sembraba el terror al servicio de los regímenes comunistas que Iglesias mitifica y quiere copiar. ¿Se acuerdan del depravado Lavrenti Beria? ¿Imaginan al engendro de esa serpiente comandando nuestras fuerzas de seguridad del Estado con el beneplácito de Unidas Podemos? Pues eso.

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