Timba de impostores

Eduardo Goligorsky

Ni mesa de diálogo, como la han bautizado los acólitos del Frankenstein monclovita, ni mesa de negociación, trampantojo ideado por los embaucadores secesionistas. Lo que han inaugurado Pedro Sánchez y Pere Aragonès es una timba de impostores. Timba porque sirve de escenario a sucesivas partidas de juego sucio, y de impostores porque quienes allí ejercen de crupiers carecen de atribuciones para ejecutar su proyecto de pasarle el rodillo al texto constitucional.

Regateo entre truhanes

Cuidado. ¿Acaso no son los presidentes de sus respectivas jurisdicciones? Sí, lo son, pero están abusando de ese título para poner la sociedad patas arriba con cambios revolucionarios. Sánchez reniega de los deberes que le corresponden como presidente del Gobierno y se convierte en impostor, amén de prevaricador, cuando subasta la integridad y soberanía del país que gobierna a cambio de su continuidad en la Moncloa. Llega al extremo de rendir pleitesía a la bandera de su adversario en la timba mientras se acojona cuando profanan la suya.

Aquí es donde se confirma que estamos presenciando un regateo entre truhanes. Porque el interlocutor del impostor Pedro Sánchez no le va a la zaga en desafueros. Pere Aragonès también es presidente. Pero ¿de qué? De una franquicia en el mapa de España, Cataluña, como podría serlo de una comunidad de vecinos, y cuando se arroga el derecho de tratar de igual a igual al presidente del Gobierno, como si él también fuera cabeza ejecutiva de un Estado, comete un delito de usurpación de autoridad. Y el hecho de que Sánchez tolere esta usurpación no hace más que ratificar su consabida felonía.

Poderes ficticios

Los temas que Aragonès pretende abordar en la timba –referéndum de autodeterminación y amnistía– están fuera del marco constitucional. Y punto. Pero, aunque no fuera así, el impostor carece de representatividad incluso en su reducido ámbito territorial y político.

Vayamos por partes. El títere Aragonès disfruta de su poltrona gracias al pacto precario que maese Oriol Junqueras, capo del tinglado Esquerra Republicana de Catalunya, ha concertado con un guiñol rival, Junts per Catalunya, al que solo lo une el odio visceral a España. Uncido al carro del prófugo Carles Puigdemont, Junts asesta puñaladas traperas al pseudopresidente, sabotea sus planes tácticos de independencia en el año 2030 bendecidos por la banda de Frankenstein y lo deja retratado como un impostor ridículo cuando alardea de sus ficticios poderes ejecutivos.

David González lo traduce en números en el elnacional.cat (20/9), vocero de la extrema derecha puigdemontista: Aragonés acude a la timba sin más respaldo que el del 41,67% del voto independentista cosechado por ERC, contra el 52,32% del voto del resto de partidos que agrupan a los talibanes supremacistas que no se suman a la chirigota. Elsa Artadi, vicepresidenta de Junts, insiste en que la que participa en la negociación es una "parte minoritaria del independentismo" (LV, 17/9). Zasca de los compañeros de viaje al impostor despojado de sus falsas credenciales.

Operación traumática

Sigue el timo. El impostor habla y actúa como si todo el pueblo de Cataluña participara en la cruzada independentista que, cada uno a su manera, impulsan ERC, JxCat, CUP, ANC, sus respectivas subsidiarias sociales y el agitprop ruso (muy interesado en el desguace de España y Europa). Nada más lejos de la verdad. Si es demostrativo que al impostor lo descalifiquen sus socios, lo es aun más que se adjudique una representatividad de la que está huérfano. Sobre todo para emprender una operación tan traumática como la imposición de una nueva nacionalidad de matriz tribal a siete millones y medio de ciudadanos españoles. Indeseada y rechazada por la inmensa mayoría de ellos. Nuevamente, los números cantan. Escribe Carles Castro ("El espejismo de la mayoría independentista", LV, 12/9):

En realidad, el 51,3% de votantes independentistas en los comicios del 14-F supone únicamente un 27% del censo electoral (compuesto por algo más de cinco millones y medio de catalanes). Esa cifra refleja, además, un retroceso de diez puntos con respecto al resultado del 2017, que parece dibujar el techo del voto secesionista. (…) A partir de ahí, la supuesta mayoría independentista no pasa de ser una fantasía. Sobre todo si se recuerda que la abstención batió records el 14-F (participó poco más de la mitad del censo) y los partidos independentistas extraviaron 600.000 votos con respecto al 2017. Esas son las cifras verdaderas de la cruda realidad.

Para completar el panorama, según la Enquesta a la Joventut de Barcelona 2020, difundida por el Ayuntamiento de esta ciudad, que Castro citó en otro artículo anterior ("Los jóvenes se olvidan de la independencia", LV, 21/8),

la preferencia por un Estado independiente para Catalunya entre la población de edades comprendidas entre los 15 y los 34 años cae desde el 38% hace seis años a menos del 33% en el 2020.

El auténtico diálogo

En síntesis, la timba montada por los dos impostores solo les sirve a ambos y a los buitres de su entorno para seguir lucrando en los envites amañados. El auténtico diálogo honesto y regenerador lo emprenderá la mayoría constitucionalista de ciudadanos libres e iguales en el ágora civilizada y en un nuevo Parlamento depurado de tartufos entreguistas, albaceas de asesinos y trogloditas identitarios.

La marcha de la recuperación democrática que ha partido de Madrid, inspirada por el ideal libertario de Isabel Díaz Ayuso, llegará también a Barcelona. Vaya si llegará. Para festejar con un abrazo el reencuentro entre hermanos españoles.

PS: Por supuesto, lo que resuelva la timba –si resuelve algo– carecerá de validez jurídica en España y la Unión Europea. Aunque tal vez cuente con el visto bueno de Rusia, China e Irán. Una joya.

A continuación