Privilegios para los delincuentes

Eduardo Goligorsky

Dicta el código deontológico de la profesión periodística que cuando la policía captura in fraganti a un sujeto que acaba de cometer un delito, se le aplica en la noticia, aunque parezca absurdo, el calificativo de "presunto delincuente". El "presunto" desaparece solo cuando el reo ha sido juzgado con todas las garantías legales y condenado a la pena que corresponde. Por consiguiente, los presos que el Frankenstein conchabado con los renegados se dispone a dejar en libertad, contra la opinión de la Fiscalía y el Tribunal Supremo, son delincuentes sediciosos y malversadores sentenciados. Sin atenuantes.

Desfachatez cínica

La desfachatez cínica con que el Ejecutivo entreguista argumenta su capitulación en beneficio de los delincuentes empedernidos no tiene límites. La vicepresidenta Carmen Calvo bate récords de mendacidad en una entrevista (LV, 13/6):

La única alternativa viable para Cataluña es normalizar las relaciones institucionales, parar la tremenda confrontación provocada por el independentismo y la derecha española, y estabilizar la situación. (…) La única alternativa de la derecha es volver a la plaza de Colón, una y mil veces, a decirle a Cataluña que el resto de España está en su contra. (…) Los indultos están cerca y pido al PP que no se enfrente a Cataluña.

Calvo se apropia de la falacia más insidiosa del agitprop secesionista cuando regurgita procazmente que alguien –la derecha– pone al resto de España contra Cataluña y que el PP se enfrenta a Cataluña. Lo que sucede es exactamente lo contrario. El resto de España asiste, condolido, a la operación retrógrada emprendida por una oligarquía tribal que está fracturando a la sociedad catalana para llevarla por el camino del aislamiento, el empobrecimiento y la aculturación, a las tinieblas de su pasado feudal. Sacudido por este espectáculo degradante, el resto de España –de derecha, centro e izquierda– se moviliza en auxilio de la inmensa mayoría de sus compatriotas catalanes sometidos a la dictadura de la élite identitaria y su banda de delincuentes.

Paleto insolente

La embaucadora Calvo no podía prescindir en su tocomocho de las reflexiones del cenobita Oriol Junqueras, que, según ella, "ayudan a entender la evolución de una parte importante del independentismo catalán". Ja, ja, ja. Más realista, la directora adjunta del diario del conde Godó, Lola García, escribe ("Independentismo en transición", LV, 13/6): "Al mismo tiempo, Junqueras suelta de vez en cuando duras diatribas contra el Estado español y a favor de la independencia. Cuando salga de la cárcel, no solo lo seguirá haciendo, sino que se repartirá ese papel con el president Pere Aragonès". Aragonès, otro paleto insolente alzado contra su Rey.

Diálogo. Concordia. Magnanimidad. Desinflamación. ¿Alguien ha oído estas palabras en labios de los cabecillas de la sedición impenitente y de los delincuentes que esperan el indulto? Jamás, como no sea para burlarse de quienes las emplean como cebo. Solo figuran en el vocabulario de los vendedores de la mercancía tarada que subasta la tienda Frankenstein. Unos chamarileros que se jactan de haber desterrado los sentimientos de venganza y revancha, cuando estos son los que ellos emplean sistemáticamente, con vehemencia guerracivilista, en sus campañas de acoso a la mayoría democrática de la sociedad española, que incluye la catalana.

Maniqueísmo beligerante

Son los delincuentes beneficiados por la generosidad de los felones quienes monopolizan el maniqueísmo beligerante. Para comprobarlo, basta medir el calibre de las acusaciones de traición y cobardía que se intercambian los capos de las diversas sectas supremacistas cuando polemizan sobre los efectos del 1-O y las perspectivas de la unilateralidad. Aunque tampoco hay que atribuir estas controversias únicamente a refinamientos ideológicos. Detrás de la delincuencia sediciosa también se ocultan motivaciones crematísticas. Nos lo recuerda Lola García en el artículo arriba citado: "Unos se entregan a la purga interna por ocupar cargos". Los trepadores utilizan la estelada como banderín de enganche en la tenaz competición por una buena tajada del presupuesto público.

Las medidas de gracia son los privilegios que el Gobierno Frankenstein otorga a los delincuentes que lo apuntalan con sus escaños. Delincuentes cuyas soflamas cotidianas destilan, aun después de anunciados los indultos complacientes, fuertes cargas de odio contra su verdadera patria, España, y contra sus verdaderos compatriotas, los españoles. Llevan el odio en sus genes. Y este odio tiene una semilla racista que solo puede completar su maduración con la independencia que levantará una frontera entre los pura sangre y los mestizos. Las proclamas de los moderados y los radicales, de los pragmáticos y los ortodoxos, de los académicos y de la chusma patibularia, desembocan, todas, sin excepción, en la independencia. La independencia será el tema central de cualquier mesa de diálogo, y hacia ella gravitarán los indultados, los amnistiados y los retornados.

Habilitar las urnas

En este contexto, no podía faltar el consejo de Francesc-Marc Álvaro, embarcado en la reflotada corriente pujolista del "hoy paciencia, mañana independencia". Lo plantea sin tapujos desde el título: "La nueva etapa y las derrotas" (LV, 10/6): "Poner la unilateralidad en el centro es un falso problema, que esconde el reto esencial: el independentismo debe convencer todavía a muchos catalanes y ha de reescribir su guion". Para consolidar el apartheid ya implantado, claro está.

El gran timo está en marcha. Para frenarlo, la respuesta de la sociedad civil leal a la Constitución del 78, a la Monarquía parlamentaria y a la integridad territorial de su patria española debe ser: ¿privilegios para los delincuentes? Un rotundo ¡NO!

Que se cumplan las sentencias y se habiliten las urnas.

PS: El Gran Felón indulta a los condenados por conspirar contra el Estado de Derecho y contra la integridad de España. Si es tan magnánimo con los culpables de delitos atroces de lesa patria, no deberá extrañarnos que mañana también lo sea, sin compromisos políticos, con los asesinos, pedófilos, maltratadores y atracadores de bancos. Toda la escoria a la calle con la bendición de Su Sanchidad.

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