Negocian la rendición

Eduardo Goligorsky

Les ofrecen un nuevo Estatut, o la restauración del que fue rigurosamente corregido por el Tribunal Constitucional en el 2010, más el monopolio identitario de la historia y la lengua, más el aumento de los privilegios del autogobierno, más la patraña de que Cataluña es una nación y por lo tanto encaja en el timo del Estado plurinacional. Eclipsados los últimos vestigios de decencia, insinúan por intermedio de algunos jurisconsultos complacientes que tal vez sea posible encontrar resquicios legales para colar el espurio referéndum de autodeterminación, y no ocultan que les gustaría torcer el brazo a los jueces para que absuelvan a los sediciosos presos. El Gobierno socialista está negociando la rendición con los jerarcas del golpismo secesionista.

El pueblo no se entera

Todo entre bambalinas. La camarilla infiltrada en la Moncloa y sus patrocinadores antiespañoles se deshacen en alabanzas demagógicas a la voluntad del pueblo (o el poble), porque son populistas congénitos… pero el pueblo no se entera de los chanchullos que los tahúres de uno y otro bando trapichean a sus espaldas.

A menudo, los negociadores de cada bando están divididos en fracciones que desconocen lo que han acordado sus cofrades. Así se explica la sorpresa y el rechazo con que ERC y los puigdemontistas del PDeCAT acogieron el pacto que los pragmáticos del mismo PDeCAT habían concertado con los blandengues del PSOE para presentar una moción conjunta de diálogo en el Congreso. Diálogo que abría la puerta, en verdad, al Caballo de Troya secesionista, pero que no pareció suficiente a los talibanes de Waterloo.

Los titulares lo dicen todo: "El PDeCAT retira la moción del diálogo para evitar romper el frente con ERC – Nogueras responsabiliza del cambio al PSOE tras el desmarque inicial de Tardà" (LV, 13/9). "Malestar en el PDeCAT por la gestión de la frustrada moción de diálogo – Campuzano critica la 'falta de coraje' de su partido y pone el cargo a disposición" (LV, 14/9). ¿Y el poble? Bien, gracias. Adiestrado para ocupar la calle en las algaradas del 1-O.

La clandestinidad del hampa

Los tropiezos no desaniman a los filibusteros de Madrid, Barcelona y Waterloo. Son gajes de su solapado oficio. Las tratativas continúan amparadas por una clandestinidad más propia del hampa que de la política. Me remito a lo que informan quienes, obligados por su profesión, husmean diariamente lo que se cuece en las alcantarillas del régimen, a las que el manoseado pueblo no tiene acceso. Nos cuenta Lola García ("Se dialoga, y mucho" LV, 16/9):

Los viajes a Madrid de la consellera Elsa Artadi y de otros miembros del Govern son muy frecuentes. Las llamadas a Barcelona de los distintos escalafones del Ejecutivo de Sánchez, desde la vicepresidenta Carmen Calvo hasta los secretarios de Estado, son habituales. Al menos ocho ministros han mantenido encuentros con consellers. Y alguno ha repetido. Se dialoga, y mucho, sobre inversiones y leyes, sobre competencias y recursos. Y se empiezan a pergeñar acuerdos.

Circo de tres pistas

Los tejemanejes de los supremacistas que destapa Isabel Garcia Pagan ("Entre el diálogo y las elecciones", LV, también 16/9), convierten al pueblo y el poble en espectadores marginales de un circo de tres pistas:

En el Gobierno de Sánchez han puesto especial atención a la agenda madrileña de la consellera Elsa Artadi, que se reúne sin la presión de las cámaras con ministros y consejeros de Estado, y ya ha creado alguna situación incómoda con Ernest Maragall, presidente de la Comisión Bilateral, para quien los contactos con los dirigentes socialistas no requieren de tanto viaje a la capital.

El problema es que los centros de decisión independentistas han proliferado tanto en los últimos meses que cada gesto conlleva recorrer miles de kilómetros. De Waterloo a Lledoners, pasando por el Palau de la Generalitat, las sedes de ERC y el PDeCAT, los grupos parlamentarios de Junts per Catalunya y los republicanos, el núcleo promotor de la Crida y las entidades independentistas.

La única negociación racional

Y el nuevo chamán del diario, Jordi Juan, desvela ("Aún estamos en la fase de tanteo", LV, 17/9), que la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet,

ha contado hasta 15 reuniones formales entre consejeros y ministros, y existen otras menos públicas con Waterloo y con la prisión de Lledoners donde Jordi Sánchez y Oriol Junqueras juegan un papel muy importante. De todas formas el hombre clave sigue siendo Carles Puigdemont. (…) El expresident no está para bromas y no va a poner nada fácil la negociación con el Gobierno socialista si no ve resultados tangibles.

Los resultados tangibles para los secesionistas se reducen a la opción república o república. Negociar con ellos implica sentar las bases para la demolición del Estado constitucional porque no aceptan otra alternativa. Y el actual Gobierno, que ignora los valores del patriotismo cívico y cuya estabilidad depende del voto de los extorsionadores, lo está haciendo a escondidas de los ciudadanos, lo cual entraña un peligro para la convivencia de la sociedad española y para la supervivencia del Reino de España.

La única negociación racional es la que urge entablar entre los partidos leales a la Constitución, con luz y taquígrafos, para convocar sin tardanza elecciones en España, mientras el artículo 116 o el 155 aparta del poder a los sediciosos que invaden el espacio catalán.

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