Los clones de Maroni

Eduardo Goligorsky

"Una visita incómoda", dictaminó el gurú Enric Juliana (LV, 16/1) el día en que Roberto Maroni llegó a Barcelona. Depende de cómo se la mire. Fue incómoda para los demócratas, los liberales, los europeístas. Y un éxito para los secesionistas, los xenófobos, los endogámicos. Los funcionarios del Diplocat estaban de parabienes: mientras los líderes europeos respondían a la carta de Artur Mas con un silencioso corte de manga, le traía su solidaridad nada menos que el presidente de Lombardía y número dos de la Liga Norte. Se sellaba la alianza entre dos repúblicas nonatas: la padana y la catalana.

En dos frentes

Xavier Casals describe minuciosamente en El pueblo contra el Parlamento. El nuevo populismo en España, 1989-2013 (Pasado & Presente, 2013) los puntos de contacto que existen entre ambos movimientos secesionistas y entre los partidos que los propician. Cita al dirigente de ERC Josep Huguet:

Italia sufre una crisis de Estado a la que las Ligas, abanderando un proyecto confederalista ofrecen una salida democrática, innovadora y confluyente hacia Europa. Así como, por desgracia, en los años veinte nos llegó de Italia la moda fascista, en los años sesenta nos tragamos por fortuna la heterodoxia marxista de [Antonio] Gramsci y en la década de los noventa nos llega un proyecto de diseño italiano, que mucho nos parece aplicable, casi al pie de la letra, en nuestra casa.

Huguet desgranó estas reflexiones en la época en que el líder entonces indiscutido de la Liga Norte, el demagogo Umberto Bossi, hoy defenestrado por corrupto, recogía agua del "Padre Po" para verterla ceremoniosamente en la laguna de Venecia, la ciudad que debería ser la capital de la ficticia Padania. Hoy, la Liga Norte trabaja en dos frentes: por un lado, su nuevo secretario, Matteo Salvini, "poco refinado y de retórica incendiaria", mantiene los contactos con el Frente Nacional francés, abomina de Italia y Europa y estimula la campaña racista contra la ministra de Integración, Cécile Kyenge; por otro, su segundo, el exministro de Interior y hoy presidente de Lombardía Roberto Maroni pone el mayor énfasis en apoyar los movimientos secesionistas de Cataluña y Escocia, sin descuidar las buenas relaciones con los xenófobos de Plataforma per Catalunya. Atento a los detalles, Maroni destacó, como nos lo recuerda Casals en el libro citado, que una delegación juvenil de la formación participó en "la grandísima manifestación popular" de septiembre del 2012 en Barcelona. Y el 11 de septiembre del 2013 los parlamentarios de la Liga Norte, entre los que todavía se encontraba su fundador Bossi, se presentaron en las dos Cámaras luciendo camisetas con la bandera estelada, en solidaridad con la Vía Catalana.

Esta vez, Maroni llegó invitado por la Cámara de Comercio de Italia en Barcelona para promocionar la Exposición Universal de Milán del 2015 y opinó insolentemente sobre temas de política interna del país que visitaba, violando los códigos del protocolo diplomático. La Vanguardia (17/1) recogió los señuelos del metomentodo Maroni, quien, después de despotricar ferozmente contra el euro, dictó su clase magistral:

Fiel al antieuropeísmo que caracteriza el ideario de su partido, Maroni hizo oídos sordos a los recientes rumores del mundo financiero sobre las repercusiones negativas de una Catalunya fuera de la UE, al asegurar que hay que marchar hacia una "Europa de las regiones" y que la Lombardía, uno de los motores económicos de la UE, "vería bien" una Catalunya independiente.

El secretario de Competivitat i Empresa de la Generalitat, que asistió a la conferencia de Maroni en el Museu Nacional d'Art de Catalunya, manifestó "la admiración y el respeto de los catalanes por el empuje industrial, la innovación y la creatividad de la Lombardía". Al día siguiente, Artur Mas recibió a Maroni en el palacio de la Generalitat en "visita privada" (¿?), con las mismas precauciones con que otros funcionarios extranjeros lo reciben a él, y se curó en salud defendiendo "la riqueza que implica para un país como Catalunya estar conformado por ciudadanos de procedencias muy diferentes, de España y de otros países de Europa y del resto del mundo" (LV, 18/1).

Falacias exculpatorias

Mas quiso despejar dudas en una carta al diario italiano La Reppublica (LV, 19/1) en la que explicaba que "en ningún caso el movimiento soberanista catalán es la expresión de un nacionalismo étnico, victimista y antiespañol", y que con la consulta "no se quiere atacar a España": "Queremos simplemente votar para decidir nuestro futuro. El movimiento por la soberanía nacional catalana no tiene nada contra los ciudadanos españoles". Aquí es necesario repetir, una vez más, el comentario sarcástico que Fernando Ónega dedicó a este tipo de falacias exculpatorias (LV, 2/1):

Resulta emocionante su forma de relacionarse en el futuro con el Estado: "Que no nos vea como un adversario ni mucho menos como un enemigo". ¡Qué gran sentido de la fraternidad y los lazos culturales e históricos! ¡Lástima que también unos días antes el mismo Mas haya comparado al mismo Estado con un propietario que tiene alquilada la vivienda en condiciones inaceptables! ¡Lástima también de aquella lista de agravios que presentó! ¡Lástima de simposio titulado "España contra Catalunya" ejemplo de intención amistosa y patrocinado y promovido por la Generalitat que preside!

¿Deseos de votar? Mañana mismo puede disolver el Parlamento y convocar a elecciones autonómicas. En cuanto a no tener nada contra los ciudadanos españoles, un botón de muestra (suplemento "Vivir" de LV, 19/1): el Ayuntamiento de Barcelona, sumado a la ofensiva secesionista, acaba de inaugurar una plaza dedicada a Viçens Albert Ballester, que creó, en 1918, la bandera estelada, "bandera de combate" por la independencia, y que firmaba sus artículos con el seudónimo Vicime (Visca la Independencia de Catalunya i Mori Espanya). Un modelo para recordar en el callejero urbano.

Víctima propiciatoria

Maroni, veterano aliado de Silvio Berlusconi, debe de estar acostumbrado a este género de subterfugios urdidos para ocultar la realidad. La política secesionista implantada verticalmente en Cataluña es mucho más radical que la que practica la Liga Norte. El conglomerado secesionista catalán incluso ha hecho públicos su calendario y sus preguntas amañadas, mientras que la Liga Norte se conforma con vociferar amenazas, extorsiones e insultos. Apoya a Cataluña y Escocia pero no se moja con un ultimátum en su propio territorio.

También la ruptura con Europa está mucho más madura en el proyecto de CiU, ERC, ICV, las CUP y la ANC que en la cacofonía de la Liga Norte. Todos los cuadros dirigentes y medios del conglomerado secesionista saben que la ruptura con España implicará automáticamente la ruptura con la UE y la OTAN (ruptura, no expulsión), y si siguen adelante con sus planes es porque desean la ruptura -muy posible en los casos de ERC, ICV, las CUP y la ANC- o porque son incapaces de anteponer los intereses de Cataluña a los de su grupo endogámico, en el caso de CiU. Maroni puede "hacer oídos sordos a los recientes rumores del mundo financiero" sobre el descalabro que aguarda a una Cataluña independiente, pero quienes tienen las riendas del poder autonómico y han recibido pruebas fehacientes de que no se trata de rumores sino de una realidad no solo financiera sino política y social deberían frenar en seco la carrera hacia el abismo y desaparecer de la vida pública. Es lo menos que se merecen los ciudadanos de Cataluña y sus compatriotas españoles.

En cuanto al fratello Maroni, sus camaradas de la Liga Norte y los contingentes de eurófobos y euroescépticos que circulan por este continente, será mejor que no se hagan ilusiones pensando que podrán valerse de sus clones locales para convertir a Cataluña en la primera víctima propiciatoria de sus experimentos retrógrados. Aquí hay una sociedad apegada a los valores de la Ilustración y no un rebaño maleable de hombres-masa.

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