Leyes de Núremberg en Cataluña

Eduardo Goligorsky

La oligarquía hispanófoba que usurpa el poder en la región catalana del Reino de España ha asimilado las perversiones de la ideología nazi y aplica la versión autóctona de las cláusulas racistas de las Leyes de Núremberg. Estas leyes, aprobadas en el VII Congreso del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, el 15 de septiembre de 1935, despojaban de la nacionalidad alemana a las personas descendientes de abuelos judíos, estableciendo distintas categorías de mestizaje que dependían del número de abuelos en esas condiciones. La discriminación descansaba exclusivamente sobre factores raciales y no religiosos. Los perseguidos podían ser agnósticos o conversos al cristianismo plenamente integrados en la sociedad germana, pero para los nazis eran de raza inferior. La pureza de sangre aria era la condición sine qua non para ostentar la nacionalidad alemana.

Contrarrestar el veneno

Si el Congreso de Núremberg promulgó las leyes que institucionalizaron el genocidio, al finalizar la guerra el Tribunal de Núremberg sancionó, en muchos casos con la pena de muerte, a los culpables de aquellos crímenes. Volvamos al enclave catalán. Aquí también existe una clase privilegiada de rancio abolengo étnico, que según algunos observadores críticos encarna en cuatrocientas familias, pero el elemento que emplean para reivindicar su hegemonía sobre la mayoría plebeya no es la raza –que también– sino la lengua. Los supremacistas son los dueños de la lengua y hacen con ella lo que se les antoja.

Lo curioso y degradante es que mientras los nazis aceptaban conceder la nacionalidad alemana, con estrictas verificaciones, a quienes tenían un único abuelo judío, o sea un 25 por ciento de lo que ellos juzgaban sangre impura, sus discípulos catalanes ni siquiera toleran ese porcentaje de lengua española en las escuelas. Para nuestros crápulas, ese mínimo del 25 por ciento puede contrarrestar con una dosis de civilización el veneno de sus mitologías medievales. Tanto montan, montan tanto, las cuatro barras de sangre del legendario Vilfredo el Velloso con la estrella cubano-castrista como la esvástica del esoterismo pagano.

Proliferan las aberraciones

A partir de este despropósito proliferan las aberraciones típicas de los regímenes cavernícolas. El niño de cinco años víctima del bullying organizado colectivamente por los matones desalmados nos hace evocar el maltrato padecido por las criaturas que fueron expulsadas de las escuelas alemanas cuando entraron en vigor las leyes infames y terminaron enviadas, junto con sus padres, a los campos de exterminio. También existe una semejanza truculenta entre la exhortación de los bárbaros a apedrear la vivienda de la familia estigmatizada y a boicotear su tienda, por un lado, y el pogromo gestapista de la Noche de los Cristales Rotos, por otro. Todo ello contando con la complicidad e incluso con la instigación de los capos de la Generalitat.

No, no son "analogías delirantes" y "peligrosas", como pontifica Francesc-Marc Álvaro ("Canet y sus profecías", LV, 13/12) en un sermón exculpatorio donde desahoga sus propios delirios cuando escribe: "Los tribunales revientan un modelo exitoso". ¿Exitoso? "La interacción en catalán en la escuela baja del 68% al 21% en 15 años" (LV, 5//11).

"Un 57% de chicos de 15 años no hablan nunca o casi nunca en catalán con sus compañeros" (LV, 3/12). Los muros levantados en torno del gueto no están insonorizados y los chavales se emancipan del yugo de los adoctrinadores aldeanos a medida que toman contacto con la cultura universal.

Pactos espurios

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI se repitan impunemente en un enclave de nuestro país estas atrocidades que creíamos definitivamente erradicadas de Europa después de la derrota del Tercer Reich? Esto es lo que se preguntan los ciudadanos españoles que aprendieron desde el vamos a respetar y obedecer una Constitución que los hace libres e iguales. La respuesta a este intríngulis la encontramos, lamentablemente, en la estulticia del Gobierno guerracivilista, que ha renegado de su deber de velar por el cumplimiento de la ley. Peor aun, se ha comprometido a violarla, concertando pactos espurios con la casquería del espectro político: secesionistas recalcitrantes, comunistas mal reciclados y albaceas de terroristas asesinos.

Si nos remontamos nuevamente al escenario de la Segunda Guerra Mundial, nos encontramos con que es el feudo de los golpistas catalanes el que, no obstante su insignificancia, desempeña el papel de Berlín, capital de la potencia ocupante de los países vencidos, en tanto que la Moncloa es el equivalente de Vichy, donde una camarilla de traidores a la patria se enrocó en el poder, entregando al enemigo la vida y los bienes de sus compatriotas.

Consuela recordar cómo terminaron los vencedores transitorios y los traidores a la patria enrocados. Eso sí, no esperemos que el monstruo se desplome espontáneamente. Es hora de darle un empujón y expulsarlo con una avalancha de votos como acaba de ocurrir en Madrid.

PS: Los sindicatos UGT y CCOO se alzan contra las sentencias de la Justicia española, asumen la herencia racista del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, o Partido Nazi, y apoyan la repesca de las Leyes de Núremberg, ahora contra la enseñanza de un 25% de asignaturas en español en las escuelas de Cataluña. Esta traición a los trabajadores –la inmensa mayoría de ellos españoles castellanohablantes– no debe quedar impune.

A continuación