La Repúblika invasora

Eduardo Goligorsky

A esta altura de los acontecimientos ya es imposible cerrar los ojos y evadirse de la realidad. Una parte del territorio del Reino de España, compuesta por las cuatro provincias catalanas, ha sido invadida por fuerzas que se identifican a sí mismas como de nacionalidad no española, o sea extranjeras. Fuerzas que tienen su Estado Mayor en Berlín, con ramificaciones en otros puntos de Europa, y que delegan la autoridad local en un colaboracionista designado por el jefe supremo de los invasores.

Operación contranatura

El proceso de okupación se desarrolló paulatinamente a partir de 1981, cuando asumió el gobierno del territorio codiciado un banquero fallido, dueño de una fortuna mal habida oculta en paraísos fiscales y portador de una ideología trufada de componentes racistas. El objetivo encubierto de su política económica, social y cultural consistía en cortar los vínculos que unen a Cataluña con España, utilizando trampantojos míticos y atizando rencores atávicos para crear un nuevo país. Ahora estamos presenciando el desenlace de esa operación contranatura que puso en marcha Jordi Pujol.

Poco a poco fue cobrando forma, dentro de Cataluña, una repúblika virtual, donde una casta endogámica acaparaba el poder y monopolizaba el sistema educativo, los medios de comunicación, las corporaciones civiles y –gracias a un sistema electoral fraudulento– las precarias mayorías parlamentarias. Según cómo soplan los vientos de las rivalidades entre las bandas supremacistas, algunos políticos reconocen que esas mayorías parlamentarias no reflejan las mayorías sociales, porque sus dos millones de votantes quedan muy por debajo de los otros 3.550.000 ciudadanos que completan el censo, pero a la hora de repartirse el botín todos obran como si estos ciudadanos no existieran.

Fenómeno patológico

La Repúblika virtual es un fenómeno patológico –emparentado con la barbarie de Venezuela o Zimbabue– que está en las antípodas de las repúblicas civilizadas de nuestro tiempo. Funciona dentro del Reino de España pero quienes la gobernaron y quienes actualmente realizan malabarismos para secuestrar torticeramente parcelas de poder actuaron y actúan como okupantes extranjeros, movidos exclusivamente por la rapacidad sin límites y por el odio a sus compatriotas históricos.

Su repúblika no tiene leyes, exceptuando una de transitoriedad que entroniza el absolutismo y anula la separación de poderes. No tiene Constitución ni medios democráticos para elaborarla. No tiene instituciones civiles libres de tutelas oficiales. Incluso las centrales sindicales cooptadas por el régimen supremacista se comportan disciplinadamente como las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), apéndices del corporativismo franquista. Y este engendro travestido de repúblika es el ariete con el que los invasores emprendieron la conquista de Cataluña.

Hay que pararlos

Es evidente que si se aplicara rigurosamente el artículo 155 de la Constitución sería posible sofocar un alzamiento interno. Pero estamos ante una invasión perpetrada por una repúblika pilotada desde el extranjero, con el apoyo de colaboracionistas autóctonos. Esta invasión ya ha okupado importantes cabezas de puente desde donde agrede a España y a todos los españoles, empezando por los que habitan Cataluña y siguiendo por los naturales de Valencia y las Islas Baleares. Hay que pararlos.

La señal visible de las cabezas de puente ya implantadas en Cataluña son los letreros que jalonan las carreteras con la leyenda "Municipi de la República Catalana". Opina Llàtzer Moix, refiriéndose a estos letreros ("Un presidente `provisional´", LV, 13/5):

Lo cual, habida cuenta de que dicha República únicamente existe en sueños, no solo es una muestra de realidad virtual, sino que además arrastra a pueblos reales hacia la irrealidad. Pregunta recreativamente filosófica: ¿puede existir algo contenido en un marco exterior inexistente?

Poco les importa la filosofía a los invasores. Para ellos estos municipios son tierra conquistada.

Cornudos y contentos

Los invasores no se conforman con la conquista de la tierra. También ambicionan apoderarse de las mentes. Durante la Segunda Guerra Mundial, la radio alemana transmitía propaganda nazi leída en inglés por William Joyce, alias Lord Haw Haw, dirigida a los oyentes británicos y estadounidenses. Y la radio italiana difundía las peroratas fascistas, también en inglés, del consagrado poeta Ezra Pound. Cuando los aliados ganaron la guerra, Lord Haw Haw fue ahorcado en Gran Bretaña y Ezra Pound fue ingresado en un asilo psiquiátrico en Estados Unidos.

En Cataluña, los lenguaraces de la Repúblika tienen el raro privilegio de poder divulgar sus patrañas desde el mismo territorio que se proponen arrebatar al Reino de España, utilizando la televisión y la radio públicas financiadas con los impuestos que pagamos las víctimas de sus desafueros. Cornudos y apaleados, como lo certifica Pilar Rahola cuando aplaude con alborozo las claudicaciones de la Moncloa, que tolera esta malversación y otras fechorías. Escribe la pirómana: "Y el tono de Mariano Rajoy ha bajado muchos decibelios" ("Grieta", LV, 15/5). Me corrijo: cornudos, apaleados y, en el caso de Rajoy y su equipo, contentos.

El foco de adoctrinamiento tóxico no se circunscribe a los medios de comunicación de masas. Más grave aun es que los invasores continúen inyectando su veneno impunemente (¡ay, artículo 155!) a través del sistema de enseñanza. La reacción de los cabecillas de la Repúblika invasora y de sus agentes es furibunda cuando la justicia y los movimientos sociales constitucionalistas ponen en entredicho el lavado de cerebros infantiles. Estos opresores despliegan todo su arsenal fóbico y despotrican contra el elemental deber pedagógico de enseñar a los niños españoles –sean murcianos, catalanes, vascos o extremeños– la lengua, la historia y la geografía de España. Sus argumentos identitarios se entroncan con las pútridas teorías racistas y xenófobas del siglo pasado.

Callan por miedo

Es precisamente la exacerbación de estos comportamientos discriminatorios en el seno de la Repúblika virtual, la que obliga a recurrir a los mensajes anónimos para denunciar acosos y humillaciones por motivos sectarios en las escuelas. En "Escuelas bajo sospecha" (LV, 10/5) y "La escuela como munición" (LV, 11/5), Francesc-Marc Álvaro y Carles Mundó, respectivamente, pintan una imagen idílica de las escuelas catalanas y presentan la iniciativa sobre las denuncias como una deriva inquisitorial. Inquisitoriales y racistas son las denuncias vigentes contra los comerciantes que rotulan en español.

Álvaro y Mundó escriben con la visión distorsionada –como la de su cómplice el Síndic de Greuges, Rafael Ribó– por su lealtad maniquea a la Repúblika tribal. Se desentienden de la represión despiadada con que maestros, padres, sindicatos y ayuntamientos castigan a las pocas familias que tienen la intrepidez, no ya de denunciar acosos, sino de pedir que se cumplan las sentencias judiciales sobre empleo del castellano como lengua vehicular. En la Repúblika idealizada por sus hijos bien remunerados, muchos discrepantes callan por miedo, como en todos los regímenes totalitarios. El anonimato es su tabla de salvación.

Y quienes pueden, huyen. ¡Ya son 4.550 las empresas que han abandonado Cataluña (Expansión, 18/4), intimidadas, no por un bombardeo metafórico, sino por las amenazas muy palpables del supremacismo beligerante, amancebado con los antisistema! ¿Las contabilizan los señores Álvaro y Mundó, cazadores de denunciantes anónimos? El empobrecimiento de su amada Repúblika les importa un rábano. Parafraseando a María Antonieta, dicen: si no tienen pan que coman esteladas.

Recurrir a la OTAN

No nos engañemos, el miedo sigue rampante. El artículo 155 había producido una relativa sensación de alivio pero, como hemos visto, Cataluña seguía sometida en los medios de comunicación y el sistema de enseñanza al yugo de la Repúblika invasora. Joaquim Torra i Pla, testaferro del pastelero loco (Coscubiela dixit) con ínfulas de embrión de Führer, promete cercenar la relativa libertad de la que disfrutábamos y reimplantar todo el peso del yugo. Cancelación de todas las medidas normalizadoras del 155, reforzamiento de las arbitrariedades que este había dejado intactas, sainete constituyente, mamarrachos de cogobierno en Berlín y Barcelona (Consejo de la Repúblika y Asamblea de Electos), subordinación a los energúmenos de la CUP y los CDR. Esta vez los invaores republikanos prometen ser implacables..

La liberación del territorio de Cataluña okupado por estos invasores ya no se puede confiar solamente al artículo 155. Tampoco a la ecuanimidad de los jueces alemanes. Estamos ante el asalto a una parte del territorio del Reino de España por una manada que se autodefine como no española e incluso, por boca del testaferro Torra, como antiespañola. Lo que corresponde es quela Comunidad Europea acuda en ayuda de la nación agredida y detenga, allí donde se encuentren, a los cabecillas de la invasión. Sin olvidar que, en caso extremo, podemos y debemos recurrir a la OTAN en defensa de nuestras libertades, de nuestros derechos y de la integridad de España.

PD: Creía que solo en Sicilia era concebible la celebración de un acto público de homenaje a un padrino de la Mafia. Me equivoqué. La encumbrada morralla política y social de la Repúblika se reunió en la sala Juan XXIII del CIC para rendir pleitesía a su capo emérito, Jordi Pujol ("Luces y sombras", LV, 8/5).

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