La papeleta envenenada

Eduardo Goligorsky

El ciudadano español nacido o radicado en Cataluña que se ha dejado dominar por las ensoñaciones míticas y las emanaciones telúricas y se ha enrolado en cualquiera de las sectas que se disputan con saña fratricida el usufructo de la tribu, tendrá a su disposición un abanico de papeletas con una sopa de letras para armar el scrabble de la independencia. Su compatriota español nacido o residente en Cataluña que optó por disfrutar de los valores de la sociedad abierta, compartida con sus conciudadanos libres e iguales repartidos por el resto de la piel de toro, tendrá a su disposición las papeletas de Ciudadanos, el Partido Popular y Vox para preservar y robustecer los derechos y libertades sustentados por la Constitución de 1978.

Habrá otra papeleta. Una papeleta envenenada. Con las siglas PSC.

El mayor fraude

La tildo de envenenada porque todas las otras apelan a los votantes adictos a sus respectivos programas, con una propuesta clara, que a unos atrae y a otros repele, pero sin trampas. Cada cual sabe lo que desea conseguir con su voto y elige la papeleta en función de este deseo. En cambio, la papeleta del PSC es la pantalla detrás de la cual se ocultan todas las mentiras, los engaños y las traiciones que han sido la marca de fábrica de su casa matriz, el PSOE, desde los tiempos del agitador guerracivilista y correveidile chavista José Luis Rodríguez Zapatero hasta ahora.

El mayor fraude lo perpetraron los embaucadores del PSOE en las elecciones del 10 de noviembre del 2019 con papeletas impregnadas en la cicuta del perjurio. Estas le dieron el triunfo –relativo– a Pedro Sánchez, y al día siguiente el Gran Felón, que se había comprometido a no pactar con los comunistas de Unidas Podemos, corrió a abrazarse con Pablo Iglesias y lo entronizó, junto a su corte familiar y partidaria, en puestos clave de la gobernabilidad del Estado. Con luz verde para conspirar contra la clave del arco de bóveda constitucional encarnado en la Monarquía parlamentaria y contra la cohesión territorial de España, urdiendo pactos espurios con los rufianes supremacistas y con los albaceas de los matarifes terroristas.

Vulnerables al timo

Ahora la papeleta impregnada en el veneno de la felonía es la que postula a Salvador Illa para la presidencia de la Generalitat de Cataluña. Entrevistado por la directora adjunta de La Vanguardia, Lola García (3/1/2021), Illa miente con la misma soltura con que lo hizo el doctor Sánchez en su campaña preelectoral. “No va a haber un gobierno del PSC con ERC, ni apoyo a ningún gobierno liderado por nadie que defienda la independencia (...) No hay posibilidad de formar gobierno con ERC, pero eso no significa que no se pueda llegar a pactos”. Siempre ese “pero” que encubre la coartada para el amancebamiento. En este caso para el tripartito ERC, PSC, Comuns, que pone de los nervios a los energúmenos puigdemontistas y que sentará como una patada en los dientes a los constitucionalistas que, vulnerables al timo, voten al PSC.

Porque este tripartito entre renegados del socialismo histórico, supremacistas étnicos y paleocomunistas antisistema es el que votarán, a ciegas, quienes depositen en la urna la papeleta envenenada del PSC.

La cruda realidad

En otro tramo de la entrevista, Lola García pone al candidato ante uno de sus embustes y le pregunta: “¿Cómo puede confiar la gente en un político si miente?”, y el interpelado solo atina a responder con evasivas.

No hay evasiva que valga cuando se hace el balance de la cruda realidad. Lola García le pregunta al candidato: “¿Qué Catalunya quieren que vuelva? ¿La del Tripartito?” Él responde: “La Catalunya en que todos nos hablábamos, puntera en avances sociales, económicos, que tenía ambición, cohesión social, excelente en sanidad”. Precisamente la que puso en marcha el hoy ninguneado Josep Tarradellas y después desmontaron gradualmente los depredadores pujolistas y sus sustitutos tripartitos. Hoy los patrocinadores de la decadencia, socialistas y puigdemontistas, cohabitan en la Diputación de Barcelona, y socialistas y esquerranos y colauitas cohabitan en el Ayuntamiento de Barcelona, con parecidos contubernios repartidos por todo el Principado.

A la papeleta del PSC debería acompañarla, en honor a la verdad, la enumeración de los aportes reales y no ficticios del partido madre, el PSOE, al escenario idílico con el que nos quiere engatusar Salvador Illa: pésima gestión anárquica de las sucesivas olas de la pandemia; cogobierno con los promotores de la transformación de España en un mosaico de enclaves étnicos sovietizados; aprobación de una ley que penaliza la enseñanza y el uso de la lengua común de todos los españoles e hispanoamericanos y que además estimula la desidia y la mediocridad en las escuelas; ofensiva contra el Poder Judicial acompañada por iniciativas para indultar o amnistiar a delincuentes contumaces con sentencia firme; relaciones preferenciales con países sometidos a dictaduras totalitarias de estirpe comunista, chavista, peronista, islamista o sencillamente ajena a la civilización occidental.

El antídoto

No es tarea fácil condensar tanto veneno en una papeleta. La degeneración sanchista del tronco socialista lo ha conseguido.

¿Es esta la sociedad que el ciudadano fiel al ideario socialista quiere legar a sus hijos? Deberá pensarlo antes de votar. Y deberá pensar también que abstenerse implica allanar el camino a estos indeseables. Solo falta exigir que las cúpulas del Partido Popular, Ciudadanos y Vox, que son el antídoto para el cúmulo de venenos que atacan a España, estén a la altura de sus responsabilidades. De común acuerdo, mejor.

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