La elite esquizofrénica

Eduardo Goligorsky

El pasado día 14 Cataluña amaneció sacudida por un cataclismo. No, no habían entrado en erupción los míticos volcanes de La Garrotxa, inofensivos focos de atracción turística. El seísmo lo produjo la prensa al publicar el comunicado que emitió el Cercle d´Economia, denunciando que la política de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona provoca "una espiral de irrelevancia económica, de lenta pero inexorable decadencia" en Cataluña.

Apoyaron los indultos

¿La élite de rancio abolengo salía a la palestra para corregir los desafueros de quienes hasta entonces habían sido sus hijos dilectos? No nos hagamos ilusiones. Como prueba de su maquiavélica –ya que no clínica– esquizofrenia, dicha élite tuvo la precaución de congraciarse en el mismo comunicado con sus pupilos reprendidos evocando:

Felicitamos a Pere Aragonès en la primera reunión anual de junio de 2021 y fuimos la primera institución civil económica de Cataluña en manifestar nuestro apoyo a los indultos, y lo hicimos porque creíamos, y seguimos creyendo, que eran parte de la solución.

Si lo siguen creyendo, ¿por qué tanto alboroto cuando, según el comunicado, el Gobierno de los delincuentes indultados, en comandita con sediciosos prófugos, los antisistema de Colau y la banda del felicitado Aragonès, tiene "un modelo de desarrollo económico (…) a menudo fuertemente ideológico, con falta de pragmatismo o que genera confrontación. (…) La sociedad no puede despertarse cada día con una nueva crisis en su vida cotidiana"?

Cuadro apocalíptico

El cuadro apocalíptico que hoy nos pinta la élite es producto de una larga labor de carcoma que contó con su complicidad mientras no se sintió perjudicada. Pero la fragmentación de una nación milenaria para desprender de ella una republiqueta étnicamente pura, calcada de modelos tercermundistas y aislada de la Unión Europea, sale cara. Ahí está el Reino Unido, naufragando en la anomia social y el desabastecimiento tras separarse de la UE.

A la élite no la movilizó la degradación del sistema de enseñanza, convertido en centro de adoctrinamiento sectario, empobrecido por un monolingüismo dialectal –sí, dialectal– blindado contra la lengua de todos los españoles e hispanoamericanos. Un sistema de enseñanza cuyos egresados, al llegar a las universidades locales, agreden a sus condiscípulos constitucionalistas con la saña típica de los guardias rojos de Mao y de los matones enrolados, indistintamente, en las juventudes hitlerianas, fascistas, castristas o chavistas. Agresiones estas que cuentan con el aval de los rectores adictos al supremacismo y de un claustro servil que maltrata de palabra y de hecho a los catedráticos discrepantes.

Renegados y bárbaros

Tampoco le inspiró una sana repulsión el esperpento del felicitado Aragonès que subvenciona pródigamente al chiringuito donde se fragua la fábula de un Cristóbal Colón catalán y simultáneamente declara oficialmente que el 12-O es la "efeméride de un genocidio", haciéndose eco de las difamaciones obscenas que vomitan renegados como el sátrapa del narco-estado mexicano López Obrador y bárbaros como los terroristas del pueblo originario mapuche.

Ni siquiera reaccionó cuando los dos mayores bancos catalanes se mudaron con los trastos a otra parte, acompañados por 7.000 empresas cuyo número crece a medida que escribo estas líneas. Tampoco la conmovió que, como acaba de recordárnoslo el Colectivo Treva i Pau (LV, 15/10), los organismos europeos de seguridad alimentaria, de medicina y de prevención biomédica para evitar futuras pandemias eligieran sedes distintas de Cataluña.

Un Estado, un Reino

Tal vez la gota que ha hecho rebalsar el vaso es la evidencia demoscópica de que los catalanes están hartos de unos desquiciados que son capaces de saltarse todas las normas del mundo civilizado para conseguir sus fines. Incluso hurtando ganacias a esta élite que ha sido tan complaciente con ellos. Y, no por ser lo último es menos importante, en medio de su desmadre, estos retrógrados han torpedeado la ampliación del aeropuerto de Barcelona y han frustrado la instalación del museo del Hermitage, con otro alarde de desprecio provinciano por la cultura universal.

En medio de la jerigonza del comunicado esquizofrénico asoma una verdad como la copa de un pino cuando reconoce que "España es el único Estado realmente existente que tenemos los catalanes". Un Estado, un Reino, para decirlo sin subterfugios, dentro del cual la mayoría de los catalanes desean convivir en paz y armonía fraternal con sus compatriotas de las otras regiones, amparados por una Constitución ilustrada que enuncia sus deberes y garantiza sus derechos.

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