Humillados pero contentos

Eduardo Goligorsky

La crítica a las ideologías que mitifican las raíces y la identidad es el leitmotiv de muchos de mis escritos, ya se trate de libros o de artículos periodísticos. Por lo tanto, incurriría en una falta de coherencia rayana en la hipocresía si le reprochara a alguien el haber renegado de lealtades o compromisos que le han sido impuestos por la tradición o la genealogía. Lo que sí me irrita es el espectáculo que brindan quienes, tras emanciparse de su pasado mediante una ruptura que podría interpretarse como una prueba de inconformismo y como un tributo a la libertad de pensamiento, se suman jactanciosamente a movimientos que mitifican otras raíces e identidades más convencionales y que les harán más cómoda la vida.

En el caso específico de la sociedad catalana, los auténticos inconformistas y librepensadores que se niegan a ceñirse a los dogmas del nacionalismo y optan por los valores del humanismo y la solidaridad sin servidumbres hereditarias son estigmatizados por el poder hegemónico y sus intelectuales orgánicos. Y por panfletistas anacrónicos y viscerales, como la ya inverosímil Pilar Rahola, que cuando quiere presumir de conocimientos extracurriculares hurga en el cajón de sastre de las supercherías y atribuye a los díscolos un pseudofreudiano trauma de autoodio. Los inquisidores, menos retorcidos, lo llamaban herejía. El progreso consiste en que antes los condenaban a la hoguera y hoy solo al diván del psicoanalista. Igualmente, los anatemas -botiflers o traidores- que recaen sobre los dirigentes, militantes y simpatizantes del PP y C´s, y sobre todos quienes desde la equidistancia, las terceras vías e incluso la indiferencia desdeñan la retórica secesionista, traen reminiscencias de la atmósfera que imperaba en la hoy exhumada Edad de las Tinieblas: la del inquisidor Raimundo de Penyafort (santo patrono de los abogados), el rey depredador Jaime I y los mercenarios almogávares de Roger de Flor.

La obediencia debida

Volvamos a los protagonistas del fenómeno que nos ocupa: los castellanohablantes acomodaticios que se suman a la campaña secesionista. El movimiento bautizado con la voz de orden Súmate realizó su "acto de puesta de largo" (sic) en el auditorio de CCOO (LV, 1/2), organización sindical "cuyo líder en Cataluña, Joan Carles Gallego, envió un comunicado de apoyo al derecho a decidir", demostrando así su preocupación por un tema que no quita el sueño a los trabajadores afiliados, que se rascan el bolsillo para mantener el local generosamente cedido y a los burócratas que lo ocupan. Asistieron al acto, para vigilar si la orden de sumarse se cumplía con la obediencia debida, personajes tan comprometidos con la defensa de los derechos de los castellanohablantes y su lengua como la presidenta de la Assemblea Nacional Catalana, la de Òmnium Cultural, el comisario del Tricentenari, el economista Xavier Sala i Martín, el presidente de la Associació de Municipis per la Independència y el teniente de alcalde de Barcelona, Jordi Martí (CiU). En total, unos trescientos sectarios de pura cepa reunidos para garantizar la pluralidad del evento. Agrega la misma crónica:

El presidente de la asociación, Eduardo Reyes (…) defendió que "la lengua y los orígenes no son un motivo de fractura", porque "para los demócratas no hay fractura que valga" y explicó cómo se había metido en el “fregao” soberanista por sus hijos y nietos. “Juntos construiremos un nuevo país”, concluyó.

Culebrón proselitista

Nadie caerá en la ingenuidad de creer que este espectáculo inaugura una política de respeto por el grueso de la ciudadanía que las élites endogámicas discriminan sistemáticamente. Se trata de otro episodio del culebrón proselitista que montan los expertos del agitprop secesionista con el comisario del Tricentenari, Miquel Calçada (alias Mikimoto), al frente. Y para ello cuentan con catecúmenos que se resignan a recitar, humillados pero contentos, los libretos que les han cocinado. Humillados porque les han repetido hasta el hartazgo que de su lengua, en la escuela, ni el 25%. En razón de lo cual, cuando uno de ellos dice que se ha metido en el fregao soberanista por sus hijos y sus nietos lo que hace es contribuir a que un equipo de iluminados levante fronteras artificiales para encerrarlos -a sus hijos y sus nietos- en un enclave endogámico, donde está proscripta la enseñanza de la lengua que les permitiría comunicarse y progresar en el país donde viven, que no es otro que España.

Ojo: la enseñanza de la lengua castellana está proscripta para los hijos y nietos de los humillados, porque los de los privilegiados la aprenden en las escuelas privadas. Sonia Sierra nos recuerda (Economía Digital, 26/2) que Artur Mas se educó, y cuida que sus hijos se eduquen, en la Escuela Alba, plurilingüe, pagando 700 euros por mes. En tanto que dos hijas de José Montilla estudian en el Colegio Alemán y otra en La Miranda, que utiliza el plurilingüismo como reclamo publicitario. Hasta el implacable mandamás Oriol Junqueras promete que su hijo estudiará, como estudió él, en el Colegio Italiano.

Los hijos de los castellanohablantes no tienen esa suerte. Los humillan a ellos y a sus padres. Sonia Sierra cita el caso típico de Francisco Rivas, el padre al que acosan la dirección de la escuela L'Era de Dalt y el Ayuntamiento de Tona porque pidió más horas de castellano para su hijo. Los dirigentes de Súmate, que seguramente disfrutan de acceso a los despachos de los poderosos, ¿intercederán por los muchos padres que sufren este tipo de coacciones? ¿O les pedirán que ellos también se sumen al rebaño de humillados pero contentos?

Panorama de la manipulación

Súmate tampoco es una novedad en el panorama de la manipulación secesionista. Antonio Robles desmenuza casos emblemáticos en su vademécum de la dignidad ciudadana, Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña (Crónica Global, 2013). Uno es el de Francisco García Prieto, entonces presidente de la Fecac (Federación de Entidades Culturales de Cataluña) y factótum de la Feria de Abril de la colectividad andaluza. Después de manifestarse solidario con Robles y sus compañeros, que pedían firmas en dicha Feria contra la política lingüística de la Generalitat, los desautorizó públicamente en El Periódico de Catalunya en el mejor estilo nacionalista: "Hay grupos políticos y medios de comunicación de fuera de Catalunya a los que les interesa atizar el fuego para romper la convivencia". Acota Robles:

El mismo que nos había autorizado y animado a recoger firmas en la Feria de Abril. Se desentendía, mentía y nos difamaba en cuanto le llamaron al orden. Hombres como Xavier Trias o Josep Maria Sala saben que pastores como Francisco García Prieto no tienen precio. (...) Si reparamos en la personalidad de este tipo de representantes del mundo inmigrante, enseguida se comprende por qué los castellanohablantes estuvieron tantos años sin representación en el Parlamento. Los ceban, como a los patos, a fino y pescaíto, los cercan en reservas indias, aquí llamadas ferias de abril o encuentros interculturales, pero su lengua y su cultura españolas han desaparecido de las instituciones donde pagan impuestos, dan el callo y serán enterrados.

A continuación, Robles cuenta la historia de Justo Molinero, otro andaluz que, después de coquetear con los críticos de la política lingüística del nacionalismo, se sumó a las huestes de Jordi Pujol y montó, mediante un desprejuiciado intercambio de favores, un pequeño imperio de emisoras de radio y canales de televisión que participa, mientras es rentable, en la aventura secesionista. Mañana, quién sabe.

Engendro del 'agitprop'

Súmate también es un cosmético del que los secesionistas se valen para maquillar sus apaños y hacerlos más potables. Francesc-Marc Álvaro le saca el jugo a este engendro del agitprop ("Súmate rompe tópicos", LV, 6/2) y se felicita de contar con castellanohablantes que funcionan como instrumentos dóciles y maleables. Sus argumentos son tan deleznables que Antoni Puigvert, afín a la secesión pero no al esperpento, los rebate desde la misma trinchera ("Sumar, dividir", LV, 19/2):

El catalanismo ha contado durante décadas con un PSC fuerte y proactivo, por lo que ni CiU ni ERC se habían preocupado de penetrar realmente en el mundo castellanohablante de Catalunya. Se limitaron a peinar un electorado fácilmente amoldable a sus tesis. La institucionalización de Paco Candel o la pretensión de que el colectivo Súmate se convierta en sustituto de urgencia del papel histórico que, para el catalanismo, han significado PSUC y el PSC puede servir de placebo retórico, pero no va a cambiar por arte de magia la compleja realidad catalana.

Las elecciones del 2012 ya dieron pistas sobre los límites sociales del soberanismo. Una corriente mayoritaria (sic) y muy ilusionada, pero con graves dificultades para penetrar en la Barcelona metropolitana. La mayoría excepcional necesaria para el paso excepcional está muy lejos. Y en cambio, se aproxima un peligro: aquellos sectores que hasta ahora, indiferentes o concesivos, permitían la iniciativa catalanista, podrían convertirse en actores opuestos al soberanismo.

Puesto que procuramos no imitar a los panfletistas subalternos, no aplicaremos a los acólitos de Súmate la superchería del autoodio ni los tildaremos de traidores. Tampoco los calificaremos de "charnegos agradecidos" como imagina Álvaro, que en el fondo los desprecia por su mansedumbre. Simplemente los veremos como un ejemplo más, entre los muchos que recoge la historia, de los casos en que el instinto de conservación, el gregarismo, y también el afán de lucro y de ascenso en la escala social, empujan a algunos seres humanos a colaborar con sus opresores. Humillados pero contentos. La mayoría de ellos son más dignos de compasión que de rechazo.

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