Gracias, compatriota madrileño

Eduardo Goligorsky

Compatriota madrileño, un manifiesto firmado por la élite de la progresía caviar –la misma que arqueó la ceja para solidarizarse con la traición a la socialdemocracia y a la unidad de España del alcahuete madurista José Luis Rodríguez Zapatero– te insulta acusándote de haber apoyado durante 26 años en tu comunidad un infierno de derecha (textual) que no te cansaste de apuntalar con tu voto siempre que hubo elecciones. Ahora, los lenguaraces de la izquierda reaccionaria (el añorado Horacio Vázquez-Rial dixit) te proponen que reniegues del manso infierno aburguesado y lo cambies por un disciplinado paraíso proletario cuyos modelos gangrenados por la indigencia son Venezuela, Cuba, Nicaragua y otras satrapías que no garantizan la alternancia en las urnas sino su propia perpetuación blindada mediante el paredón, las cárceles y los instrumentos de tortura.

Resistencia tenaz

Llamemos a las cosas por su nombre: lo que la intelligentsia pija aborrece y define como un infierno ha sido, es y continuará siendo, si tú lo defiendes el 4 de mayo, un faro de libertad que nos ilumina desde Madrid. Y quienes contemplamos esta defensa desde el resto de España nos sentimos identificados con tu resistencia tenaz, que agradecemos, porque tus enemigos son los nuestros. Sobre todo si vivimos en Cataluña, donde la oligarquía cainita ha instalado un auténtico infierno de ultraderecha racista, degradado por la endogamia parasitaria de matriz feudal, un fenómeno retrógrado que nos hace envidiar la sociedad abierta, moderna y culta que disfrutáis en Madrid.

A medida que avanzaba la campaña electoral se fueron acumulando razones para despejar las dudas de muchos indecisos. Ángel Gabilondo terminó de abrirles los ojos cuando selló ante las cámaras de Telemadrid el pacto con su "querido" Pablo Iglesias, tan leninista como siempre. Pacto que ratificó ante el micrófono de la cadena Ser y en los mítines posteriores, con gran regocijo del diario El País. Brotaba así otra rama del tronco sanchicomunista. Una vara híbrida fecundada en el laboratorio de la Moncloa para sostener in extremis al candidato que las encuestas daban por desahuciado.

Guardiana de las libertades

Sin sacar conclusiones aventuradas, hay que reconocer que las cuatro balas y las amenazas de muerte enviadas al ministro Grande-Marlaska, a la directora general de la Guardia Civil –María Gámez– y al candidato Pablo Iglesias, que crisparon aún más la campaña, surtieron el mismo efecto que tuvo en 1933 el incendio del Reichstag alemán, provocado por un enajenado mental holandés. Este hecho sirvió de pretexto a Hitler para incriminar falsamente a socialistas y comunistas y proscribirlos y encarcelarlos, en tanto que aquí todas las acusaciones apuntaron a la extrema derecha.

Acotemos que los tribunales alemanes, a pesar de estar infiltrados por los nazis, declararon inocentes a los reos comunistas y los dejaron en libertad, y que aquí Vox también ha recurrido a la Justicia pidiendo que se practique una investigación fiable de la autoría de las amenazas. En el caso de la navaja enviada a la ministra Reyes Maroto, se ha comprobado que aquí también hay enajenados mentales. ¿Y provocadores? Que cada santo aguante su vela.

Pablo Iglesias aprovechó el incidente para montar un choque mediático con la candidata de Vox, Rocío Monasterio, y sentó las bases para alumbrar desembozadamente el frente sanchicomunista, despotricando contra Vox pero disparando por elevación contra la guardiana de las libertades madrileñas y españolas: Isabel Díaz Ayuso.

Basta de indecisos

Se acabó el margen de tiempo para los indecisos. El frente sanchicomunista tiene la desfachatez de atribuirse el monopolio de la democracia para cazar incautos, cuando en su seno pululan los nostálgicos del estalinismo, los camaradas del chavismo, los inquisidores étnicos, los discriminadores lingüísticos, los albaceas de los asesinos etarras, los republicanos revanchistas, los nihilistas antisociales, los malversadores profesionales, los prófugos recalcitrantes y los vándalos compulsivos. Su perversidad llega hasta el extremo de que la Generalitat de Cataluña escatima vacunas a los policías nacionales y guardias civiles que velan por nuestra salud y seguridad, mientras los neandertales de Madrid sabotean las instalaciones de los nuevos hospitales. A estos sembradores de odio fratricida (odio que también derrochan en sus disputas intestinas por una tajada de presupuesto, como sucede en Cataluña) el felón Sánchez los engloba impúdicamente dentro de la categoría trapacera "todos los demócratas" cuando pide el voto para su marioneta Gabilondo (LV, 26/4).

Para reforzar el fraude, el Gobierno convirtió el BOE en un panfleto difamatorio contra el PP, y la directora general de la Guardia Civil desdeñó la neutralidad de su cargo y el 24 de abril sirvió de telonera a Gabilondo en un mitin del PSOE en Puente de Vallecas. Parece mentira que algunos puristas se atrevan a impugnar una alianza con Vox si es necesaria para cerrar el camino a esta plaga de transgresores de las leyes y de las normas de convivencia de España, Europa y el mundo civilizado. Un patrimonio de valores que debemos salvar a cualquier precio para sobrevivir individual y colectivamente.

Marcha triunfal

En el cortafuego contra estos bárbaros se alinean los patriotas leales a la Constitución y a la Monarquía parlamentaria. No es extraño que a ellos se sumen sin remilgos los progresistas de pura cepa, como Joaquín Leguina y Fernando Savater, situados en las antípodas de los progres compañeros de viaje de la mafia comunista y sus compinches hispanófobos.

Visto lo cual, es justo que te demos las gracias, compatriota madrileño, por contribuir con tu activismo y tu voto a la reconquista de la democracia y la libertad para los ciudadanos de toda España. Con Isabel Díaz Ayuso encabezando la anhelada marcha triunfal.

PS: ¿Por qué no me mudo a Madrid si tanto la admiro? Respondo. 1) Cuando me radiqué en Barcelona, en 1976, esta ciudad era la capital de las libertades que hoy es Madrid. 2) Al llegar di la espalda al gueto montonero argentino, que ya se subordinaba al separatismo local, y me vinculé a españoles, sobre todo catalanes nativos o por adopción, con los que compartía el ideario liberal que entonces encarnaban Adolfo Suárez y Josep Tarradellas. 3) Cuando Jordi Pujol inició en 1980 el proceso independentista, mi rechazo innato a las falacias irracionales me impulsó a colaborar con las iniciativas a favor de la igualdad y la tolerancia, como lo sigo haciendo desde Libertad Digital. 4) A partir de una cierta edad, y una vez forjados los lazos sentimentales y económicos con el nuevo entorno, es difícil o imposible emprender la segunda emigración. 5) Por todos estos motivos agradezco, desde Cataluña, la ayuda que nos prestan los compatriotas madrileños y del resto de España para la recuperación de nuestras libertades.

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