Escayolar Cataluña

Eduardo Goligorsky

Los sembradores de cizaña reivindican la consigna de "las Españas" preparando el terreno para desmembrarla en beneficio de sus clanes endogámicos mediante apelaciones a la visceralidad identitaria. Si alimentáramos designios tan siniestros como los de esos depredadores hoy, vistos los primeros resultados de las elecciones autonómicas, podríamos hablar de "las Cataluñas". No lo hacemos. Todo lo contrario: exhortamos a buscar los medios más civilizados para escayolar lo que los secesionistas han fracturado premeditadamente mediante el abuso de su poder.

Lo primero será desenmascarar la manipulación de datos con que los secesionistas intentarán desorientar a la opinión pública tanto en Cataluña como en el resto de España, de Europa y de los países punteros. La mayoría de escaños para declarar la independencia es de dos tercios y no de la mitad más uno. Están a una distancia sideral de alcanzarla. Se necesitan tres quintos para designar al Defensor del Pueblo y dos tercios para reformar el Estatuto, para nombrar a los miembros del Consejo Audiovisual y para aprobar la nueva Ley Electoral… que sigue en el limbo porque la vigente, fraudulenta, duplica el valor de los votos emitidos en la Cataluña profunda y retrógrada. Esto explica el resultado del 27-S y otros muchos anteriores.

Tampoco los votos obtenidos representan la mayoría excepcional que reclamaba –y no obtenía– en cada elección Artur Mas. Ni en sueños consiguen que los apoye la mitad más uno de los 5.500.000 ciudadanos inscriptos en el censo, y estos tampoco serían suficientes para declarar la independencia según la Ley de Claridad canadiense, universalmente aceptada. Confesó Antonio Baños, líder de la CUP (LV, 14/9):

Podemos autoengañarnos, pero sin una mayoría en votos todo se complica.

Más taimado, Raül Romeva intentó escabullirse y no pudo (LV, 23/9):

Sin mayoría de votos será más difícil de explicar al mundo, pero será legítimo.

Nuevamente, habría que computarlos sobre los 5.500.000 del censo.

Para más inri, la fractura que habrá que escayolar no es doble, entre las dos mitades de la sociedad catalana, sino múltiple. También los secesionistas están fracturados. Proclama la CUP, por boca de Antonio Baños, en la entrevista citada:

Evidentemente no votaremos nunca a Mas, con sus luces y sus sombras.

Y Pilar Rahola, hagiógrafa del indeseable Mas, se lamenta el día de las elecciones

(LV, 27/9):

La diferencia entre que la CUP sea decisoria o no lo sea, para aplicar la hoja de ruta, es abismal.

Es la mitad racional, culta y productiva de la sociedad catalana la que deberá exprimir su ingenio para aplicar las escayolas indispensables, porque lo único que se puede esperar de la olla podrida secesionista que bulle en el nuevo Parlamento es una sucesión de choques arteros entre sus componentes antagónicos: nacionalidentitarios, comunistas y antisistema irredentistas. Hasta ahora no aportaron nada útil a la sociedad y tampoco lo aportarán en el futuro. Sólo el caos y la insidia, como en el Ayuntamiento de Barcelona.

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