El tronco está vacío

Eduardo Goligorsky

La piñata, esa vasija llena de juguetes y golosinas colgada sobre las cabezas que los niños rompen con un palo para que les lluevan sorpresas, saltó del universo infantil al político en Nicaragua. Fue en 1990, cuando antes de entregar la presidencia a la candidata opositora triunfante, Violeta Chamorro, los jerarcas sandinistas, encabezados por el todavía hoy incombustible Daniel Ortega, se apropiaron, para su lucro personal, de los bienes públicos y privados que había socializado la Revolución. Rompieron la piñata, esta quedó vacía y su contenido pasó a formar parte del patrimonio de los déspotas sandinistas.

Crédulos como niños

El cagatió es una tradición catalana afín al juego de la piñata: las familias llenan de regalos un tronco, el tió, que los niños hacen cagar, rompiéndolo, en Navidad, para que expulse sus tesoros. Los jerarcas catalanes habían engatusado a sus seguidores, crédulos como niños, con el cuento de que el tió, el tronco, no era tal sino el cuerno de la abundancia. Para acceder a su contenido sólo había que romper los vínculos con España aunque ello implicara -detalle que ocultaban astutamente- romperlos también con los organismos europeos e internacionales de los que España forma parte como un todo compacto. Pero antes de que se complete la hoja de ruta que diseñaron los secesionistas, entre tiras y aflojas envenenados por puñaladas traperas, ya está a la vista de todo el que mundo que el cuerno de la abundancia es un engañabobos: el tronco está vacío, reseco y horadado por la carcoma. Los que vivían del cuento lo han dejado exhausto.

El golpe de gracia a la ceremonia del cagatió de pacotilla lo dieron el Tribunal Constitucional, que tumbó la Ley de Consultas por unanimidad y con el voto de los magistrados afines al nacionalismo catalán, y el Consell de Garanties Estatutàries, incardinado al Parlament como órgano asesor, que decapitó el proyecto de CiU y ERC encaminado a crear nuevas estructuras de Estado dentro de la autonomía catalana para montar un simulacro de país independiente. Aun antes de que el CGE emitiera este dictamen, el constitucionalista Francesc de Carreras ironizó (El País, 25/2):

Así pues, en Cataluña, o las estructuras de Estado ya estaban creadas o la Generalitat, por carecer de competencias para ello, no podía crearlas. En sí misma, toda la Generalitat es una estructura de Estado. ¡Y vaya estructura! Ciento veinte mil funcionarios, 37.000 millones de euros anuales. ¡Pedazo de estructura!

Francesc de Carreras denuncia los vicios del aparato burocrático pergeñado para dar apariencias de verosimilitud a este proyecto, reñido no sólo con la Constitución española sino también con el torticeramente reivindicado Estatuto de autonomía:

Sobre todo es un gasto inútil y una deslealtad con los ciudadanos al utilizar dinero público para fines partidistas. Mientras la Generalitat llega a final de mes gracias al Estado, la única fuente que le presta dinero a un interés razonable y así no debe endeudarse al 7 o al 8 %, dado que es una institución quebrada, el Gobierno Mas dedica esta financiación atípica y excepcional a pretender desconectarse de dicha fuente creando las dichosas estructuras de Estado. ¿Alguien, mínimamente sensato, lo entiende?

Patológicamente alienados

No, nadie mínimamente sensato lo entiende. Recordemos que Ignacio Vidal-Folch reclamaba "Trenes llenos de psiquiatras" (El País, 17/12/2014) cuando oía "a los líderes secesionistas y a sus portavoces hablar tan convencidos y desenvueltos". Unos y otros patológicamente alienados de la realidad.

Una realidad descarnada: "Hospitales concertados y farmacias no podrán cobrar el viernes", anunció La Vanguardia con un día de antelación, el jueves 26 de febrero. La deuda de la Generalitat con las farmacias, que correspondía a los medicamentos proporcionados en noviembre, ascendía a 108,3 millones de euros, a los que había que sumar otros 118 millones arrastrados desde hace meses. La situación de los hospitales concertados era más complicada y dependía de la naturaleza del concierto. Todos los acreedores tenían la vista puesta, claro está, en el Estado y en el Fondo de Liquidez Autonómica para cobrar lo adeudado. Por eso las víctimas de la morosidad del contubernio secesionista exhalaron un suspiro de alivio al enterarse de que "Hacienda asigna a Catalunya 8.258 millones del nuevo FLA" (LV, 27/2). Si el relleno para el tronco raquítico no llegara del estigmatizado Madrid, Cataluña se precipitaría a la bancarrota colectiva.

Ni balas ni botas

No es sólo el sistema sanitario el que padece las consecuencias del despilfarro en gigantescos aparatos de propaganda sectaria y en simulacros de embajadas estratégicamente distribuidas para disfrute de los paniaguados del proceso. La indigencia discurre por territorios inimaginables y quien la pone al descubierto es nada menos que Quim Monzó, poco sospechoso de llevar agua al molino de quienes impugnamos dicho proceso. Reproduce Monzó en su columna diaria (LV, 27/2) un comunicado de la Unió Sindical de la Policia Autonòmica, emitido hace poco más de un mes, en el que informa que en los últimos días se ha elevado la alerta yihadista a nivel 3 y que han surgido dificultades por

la falta de formación en el uso y la manipulación de este tipo de armas [largas]. Hay que recordar que el Departament está obligado a dar esta formación obligada y continua a todos sus agentes. (…) Ahora bien, esta formación no se ha llevado a cabo de forma continua los últimos años. (…) El motivo de esta falta de formación no era otro que la falta de munición (especialmente 9 mm.), efecto directo de los recortes de los servicios públicos, hasta el punto de tener que hacer prácticas de tiro en seco, evidentemente más cerca del surrealismo que de una formación de calidad y con garantías.

Hasta aquí, el texto del comunicado que reproduce Monzó, quien completa así la información:

El domingo pasado, 22 de febrero, enviaron una carta a Albert Batlle, director general de la Policía,, en la que le recuerdan que no hay botas ni para los agentes que tienen que hacer controles a temperaturas bajo cero. En una foto muestran una de sus botas, con la suela completamente levantada, como la de Charlot en La quimera del oro. Para que no se les abra y se les congelen los pies, cada vez que se las ponen colocan, de lado a lado, una brida a la altura de los dedos. Eso sí, con mucha elegancia las bridas escogidas son de color negro, para que no destaquen del negro de las botas. Yo las habría puesto blancas, para que destacasen más y se evidenciase la situación deplorable en la que tienen que trabajar.

Excesiva benevolencia

Los excéntricos mandamases que, alzados contra las leyes, han vaciado el tió de la riqueza acumulada por sucesivas generaciones de catalanes emprendedores, están tan entretenidos en el disfrute de sus privilegios que no toman ninguna medida para evitar que la embestida de las hordas yihadistas nos reduzca nuevamente a aquella condición de "cautivos y desarmados" que los veteranos de 1938 recuerdan con dolor.

Ahora, además de hacer oídos sordos a la alerta a nivel 3 contra la amenaza yihadista, los abanderados de la cruzada secesionista han adoptado como modus vivendi y modus operandi la ostentación y propagación de atávicas irracionalidades tribales emanadas de una ficticia nación milenaria. ¿Nuevas estructuras de Estado? Que empiecen por pagar lo que adeudan a farmacéuticos y hospitales y por proveer de balas y botas a quienes defienden el Estado que ya tenemos. Un Estado que, con excesiva benevolencia, les permite hacer su agosto en las poltronas del poder, en las cavernas del agitprop y en las suites del Diplocat.

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