((El sainete envenenado))

Eduardo Goligorsky

Si Jean-Claude Juncker tiene razón –y vaya si la tiene– cuando afirma que el nacionalismo es un veneno, Cataluña padece desde hace muchos años una sobredosis de ese veneno, que ahora incluso pone a prueba la resistencia de sus adictos. La DUI malparida primero y después la rivalidad entre los histriones empeñados en prolongar la farsa tras la catarsis que se producirá el 21-D convierten la rama secesionista de la campaña preelectoral en un esperpéntico duelo a navajazos entre socios mal avenidos que se disputan el alijo.

Decapitación sumaria

Es tanta la falta de escrúpulos con que se maneja la timba que la alcaldesa de Barcelona, después de decapitar sumariamente al cortesano Jaume Collboni, imitando las pataletas de la atrabiliaria Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas, se dio el lujo de congraciarse con los enjuiciados, presos y prófugos decretando que constituían el "Gobierno legítimo de Cataluña", para acusarlos a continuación (LV, 12/11) de

haber engañado a los catalanes con "promesas falsas" y la idea de que después del 1-O y la declaración unilateral en el Parlament, Catalunya se convertiría en una República independiente.

"Queremos que los presos salgan, pero también que un gobierno de irresponsables que han llevado al país al desastre den la cara y reconozcan sus errores", fue una de las declaraciones de Colau más criticadas poco después en las redes sociales por sectores independentistas.

Precisamente el estratega oficioso del proceso, Francesc-Marc Álvaro, se esforzó por poner orden en las filas de los desleales competidores, recordándoles la ley mafiosa de la omertà ("Rehacer el ‘nosotros’", LV, 13/11):

Un tuit de Joan Tardà ilumina el futuro próximo: "¡@Ada Colau por favor, hagamos una campaña sin ofendernos entre nosotros!". En este "nosotros" está la clave del escenario después del 21-D. Un "nosotros" sin reproches ni obstáculos en Barcelona.

Álvaro tampoco se recata a la hora de repartir los papeles en el nuevo tinglado, con un espacio reservado para los colaboracionistas que legitiman la "coartada social":

El único partido no independentista que puede ayudar a hacer política y acompañar (y legitimar con la coartada social) esta corrección estratégica es Barcelona en Comú.

Reiteración delictiva

Los contendientes barajan sus naipes trucados para disputar la corona de capo di tutti capi. Carles Puigdemont juega la partida desde los pisos francos que ocupa en Bruselas junto a sus consejeros prófugos. Oriol Junqueras y sus compinches lo hacen desde la cárcel, a donde los envió la Justicia para que no huyan como el Don Nadie errante y para neutralizar "el alto riesgo de reiteración delictiva". Reiteración delictiva que, no nos engañemos, continúa siendo la práctica cotidiana de todos estos imputados, estén donde estén.

Lo que debe poner sobre aviso a los ciudadanos preocupados por la despiadada ofensiva que los rapaces componentes de las brigadas de demolición libran contra el entramado social, político, económico y cultural de la Cataluña democrática, solidaria y burguesa es el hecho de que, como anuncia Álvaro, cada uno de ellos, sin renunciar al fin último, adapta taimadamente sus tácticas a la realidad adversa. "Ponsatí reconoce que el Govern no estaba preparado para la secesión" (LV, 13/11). "ERC reconoce que el Govern no estaba listo para ‘desarrollar la República’" (LV, 14/11). Y el líder del alzamiento, custodiado por cuatro guardaespaldas como en una escena de El Padrino, confesó al diario belga Le Soir: "Puigdemont admite que una solución distinta a la independencia es posible" (LV, 14/11). Ah, las 155 monedas de oro de Rufián.

Tahúres incorregibles. Esto explica por qué cuando Carme Forcadell y sus socios de tropelías prometieron ser buenos chicos y acatar el artículo 155 el juez Pablo Llarena, que conoce el paño, sentenció: "No se escapa que las afirmaciones de todos ellos pueden ser mendaces (…) sin perjuicio de poderse modificar las medidas cautelares si se evidencia un retorno a la actuación ilegal que se investiga". Las malas compañías que sigue frecuentando la imputada Forcadell hacen muy posible que incurra en la reiteración delictiva que quiere evitar la jueza Carmen Lamela cuando encierra al otro pelotón de sediciosos.

Fuerza de choque

Los embaucadores secesionistas podrán inundar los colegios electorales con listas de distinto pelaje: paleoconvergentes, esquerranos, colauitas, cuperos y algún otro producto de las mentes supremacistas. Pero por encima de todas ellas sobrevolará el poder intimidatorio de los CDR. Los Comités de Defensa de la República (y antes, del Referéndum) han copiado sus siglas y su prepotencia de los siniestros Comités de Defensa de la Revolución castrista.

En Cuba, los CDR se desempeñan como organismos de vigilancia, delación y represión domiciliaria, escrachando disidentes y acosando a las Damas de Blanco que piden la liberación de auténticos presos políticos. Aquí, agrupan a la vanguardia revolucionaria que sirve como fuerza de choque contra el orden constitucional. Su objetivo es fracturar la sociedad catalana, empobrecerla y aislarla del mundo civilizado para poder subyugarla mejor. Ya han completado varias etapas de su plan, que culmina con el éxodo de la sede social de casi 2.500 empresas y de la sede fiscal de más de mil. Su consigna no podría ser más explícita: "¡Bloqueemos la economía!" (El Nacional, 5/11).

El 8-N, estos gamberros desclasados se movilizaron para hacer realidad su consigna y provocaron el caos cortando calles, carreteras y vías férreas, y lesionando los derechos de movilidad y trabajo de la gente normal. Fábricas, tiendas y despachos funcionaron sin más problemas que los creados por esta chusma nihilista con sus piquetes. La huelga fue un fracaso. El desorden fue mayúsculo.

Ocultación maliciosa

La manifestación multitudinaria del 11-N convocada con el pretexto de pedir la libertad de los acusados de sedición, rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia a la autoridad y prevaricación, pero con la verdadera intención de engatusar a las masas con "más democracia y menos república" (Álvaro dixit), deberá ser la última que se celebre antes del 21-D sin un debate previo, con luz y taquígrafos, sobre los entresijos del proceso, que hasta ahora habían estado sometidos a una ocultación maliciosa.

Es sintomático que sea un defensor acérrimo del catalanismo político y cultural quien reacciona, ofendido y humillado, para denunciar el desprecio con que los capitostes del proceso han tratado a sus seguidores crédulos. Antoni Puigvert desahoga su justo resentimiento en "El teatro y el bodegón" (LV, 13/11):

Carme Forcadell y el resto de los miembros de la Mesa han acatado el 155 afirmando que la declaración de independencia fue retórica. Carles Puigdemont anuncia que el "Gobierno legítimo" de la Generalitat ha organizado una estructura estable en Bruselas. El doble lenguaje independentista contribuye a confirmar que la DUI, culminación parlamentaria del proceso, tuvo una función teatral, estrictamente declamatoria.

Estamos descubriendo que el Govern puede haberse dedicado durante dos años solo a la preparación de una obra de teatro. (…) Que descuidando las exigencias de gestión de los enormes problemas sanitarios, educativos, sociales o económicos del país, puede haberse dedicado tan solo a redactar el argumento de una ficción. Sería de mal gusto.

Escenografía cainita

El catalanista desengañado Puigvert ha puesto el dedo en la llaga: función teatral estrictamente declamatoria, obra de teatro, argumento de una ficción. Pero sus afinidades ideológicas le han impedido decirlo con todas las letras. Ha sido algo mucho peor: un sainete envenenado por la pócima nacionalista. Lo montó el conglomerado sedicioso sacando a la calle, como figurantes, a centenares de miles de ciudadanos de buena fe, para montar una escenografía cainita que utilizó como atrezzo trapos estelados de impronta cubana y fabricación china. Allí los caciques de la tribu hicieron fermentar el odio entre compatriotas y crearon el ambiente enrarecido que ahuyenta a empresarios e inversores y aterroriza a la mayoría racional.

Queda poco tiempo, hasta el 21-D, para descorrer el velo que todavía tapa los ojos de algunos abducidos, víctimas de una colosal estafa tramada por los enemigos de la Cataluña plural, armoniosa y próspera que nos legó el avi Tarradellas. La justicia dictaminará si se castiga a estos malhechores con la cárcel. Afortunadamente está en manos de cada ciudadano repudiar a los embaucadores con el voto. El 21-D tendremos todos la oportunidad de librarnos definitivamente de ellos, sepultándolos bajo montañas de esas papeletas legales que tanto miedo les inspiran.

PS: Cuidado. Parece que el nuevo plan de las voraces sanguijuelas consiste en fingir que moderan sus apetitos, para así continuar absorbiendo la sustancia de Cataluña durante los próximos quince años hasta dejarla reducida a los huesos.

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