El poeta montonero

Eduardo Goligorsky

A la muerte del poeta argentino Juan Gelman, de 83 años, le siguió un torneo de notas necrológicas donde las alabanzas a sus innegables méritos literarios y la enumeración de los premios que había recibido por su obra –Nacional de Poesía argentino (1997), Juan Rulfo (2000), Pablo Neruda (2005), Reina Sofía (2005), Cervantes (2007), entre otros– estaban acompañadas por sentimentales referencias a la muerte de su hijo y su nuera y a la desaparición de su nieta, final y felizmente recuperada. Ninguna mencionaba su grado: exteniente del ejército Montonero.

Pepe Eliaschev lo recuerda en su indispensable libro Los hombres del juicio (Sudamericana, Buenos Aires, 2011):

Conviene tomar en cuenta que desde su aparición formal (1970-1971), los grupos guerrilleros, como sus pares de toda América Latina, asumieron contornos, formas y contenidos exasperantemente militares. Uniformes, grados, escalafón, código disciplinario, obediencia jerárquica: no se privaron de nada. En el debate por la ruptura en Montoneros en 1979-1980, los hombres como Rodolfo Galimberti y Juan Gelman son identificados como "capitán" y "teniente" respectivamente. Lo eran.

Los años de plomo

Quien sí abordó descarnadamente el pasado de Gelman fue Ceferino Reato, un incansable buscador de información verídica sobre lo que sucedió durante los años de plomo. Reato escribió en "Los olvidos del 70 del poeta-mártir" (La Nación, Buenos Aires, 16/1):

También es verdad que desde fines de los 70 Gelman abrazó la lucha armada y que entre 1973 y 1979 fue "oficial" de Montoneros. Es decir, tomó el riesgo de morir por la "patria socialista", pero también la decisión de matar a otros argentinos. (…) Ataques como el de Formosa, donde murieron doce defensores de un cuartel ubicado en los suburbios de esa ciudad, entre ellos diez soldados conscriptos de 21 años que estaban de guardia aquel domingo 5 de octubre de 1975.

Roato cita una carta que escribió el filósofo Oscar del Barco, "un venerado intelectual de izquierda" que "realizó una profunda autocrítica sobre su respaldo a distintos grupos guerrilleros":

En su carta, Del Barco recordó un reportaje reciente de Gelman en que el poeta se pronunciaba a favor de la verdad y la justicia, como lo haría dos años después al recibir el premio Cervantes por su obra literaria. Del Barco, quien conocía a Gelman desde su común militancia en el Partido Comunista, agregó: "Es cierto. Pero para comenzar él mismo tiene que abandonar su postura de poeta mártir y asumir su responsabilidad como uno de los principales dirigentes de la dirección del movimiento armado Montoneros. Debe confesar esos crímenes y pedir perdón por lo menos a la sociedad". El filósofo admitió que Gelman padecía "el dolor insondable de tener un hijo muerto, el cual, debemos reconocerlo, también se preparaba para matar".

"También se preparaba para matar". Contundente. En cuanto a confesar sus crímenes y pedir perdón, como aconsejaba Del Barco, las lamentaciones de Gelman iban por otro lado. Cuando Alfred Rexach le preguntó si alguna vez había empuñado un arma que no fuera la palabra (Magazine de LV, 6/2/2011), respondió:

No, nunca. Mi trabajo consistía en organizar. Y no, nunca maté a nadie. No crea, a veces lo lamento.

Bajo el retrato de Mao

Siempre sentí aversión por la ideología y la práctica guerrillera de Juan Gelman, sentimiento que se agudizó cuando lo entrevisté en el despacho que ocupaba como corresponsal de la agencia de noticias china Xinhua, bajo el retrato de Mao, que entonces era su favorito. Escribí en "Los dos demonios de Argentina":

Juan Gelman (Premio Cervantes de Poesía 2007), que puso su prosa primeramente al servicio del Partido Comunista prosoviético, luego del prochino y por fin de la guerrilla castrista –como secretario de prensa para Europa del Movimiento Peronista Montonero- explicó, en Conversaciones con Juan Gelman, de Roberto Mero, Contrapunto, Buenos Aires, 1988: "El Partido Comunista argentino postulaba que primero había que hacer la revolución democrático-burguesa y atravesar una serie de etapas históricas, por las cuales, con suerte, nos íbamos a liberar en el año 2500. (…) Cuando se produce la Revolución Cubana, todas aquellas consideraciones político-ideológicas se van al carajo, pues queda probado entonces que en América Latina se puede seguir otra vía para la toma del poder y liberarse así de los yanquis".

Gelman, cómplice de los incontables asesinatos que perpetraron sus camaradas, incluidos los de presuntos disidentes y desertores de la banda, también fue condenado a muerte por la jerarquía montonera cuando rompió con ella por razones tácticas. Dicha ruptura no fue acompañada por una reflexión sobre la naturaleza perversa de su propio proyecto totalitario, y en cambio anatematizó al presidente Raúl Alfonsín cuando este argumentó que "un demonio combatió a otro demonio durante la dictadura militar", y que por lo tanto también los terroristas y guerrilleros debían ser sometidos a juicio. Gelman, el poeta galardonado, prometió: "Vamos a empezar la lucha otra vez. / El enemigo está claro y vamos a empezar otra vez".

La olla podrida kirchnerista

Es significativo que Juan Gelman y sus camaradas del demonio terrorista y guerrillero fueran amnistiados en 1989 por el presidente Carlos Menem junto con Jorge Rafael Videla y sus camaradas del demonio represor. Es igualmente significativo que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que acaba de poner al frente del Ejército argentino a un general que combina los antecedentes de antiguo represor con la voluntad de sumar las fuerzas armadas al movimiento "nacional y popular" kirchnerista, haya decretado tres días de duelo con la bandera a media asta en homenaje al poeta que "conjugó la escritura con la vocación revolucionaria". En fin, para poner la guinda a la reivindicación del teniente montonero y hacerse perdonar su pasado como azote de etarras, pasado por el que las desmadradas Madres de Plaza de Mayo lo tildaban de fascista, el ubicuo Baltasar Garzón declaró al house organ de la olla podrida kirchnerista en la que se ha zambullido gozosamente (Página 12, 16/1):

Es y será un ejemplo para los que creemos que la fuerza del derecho estará por encima de quienes abusan de los más débiles. Juan Gelman es un referente para todos los latinoamericanos, para los españoles y para los defensores y defensoras de derechos humanos del mundo. (…) Era un luchador por la justicia contra los represores y genocidas. Él ha hecho por la justicia mucho más que miles de jueces que no están junto a las víctimas en la impartición de justicia.

En honor a la verdad, debo confesar que hay algo en lo que coincido con Juan Gelman. La nota necrológica de Ñ, suplemento cultural del diario argentino Clarín, recuerda que cuando le preguntaron cuál era la palabra que representaba a los argentinos, Juan Gelman respondió: "Boludo". Una verdad como la copa de un pino. Cada cual ya sabe por qué, dónde, cuándo, cómo y a quién aplicar el calificativo, que ya es de uso compartido en la lengua castellana.

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