((El diálogo entre iguales))

Eduardo Goligorsky

Si un pariente, amigo, vecino o compañero de trabajo le hubiera dicho que pensaba invertir todos sus ahorros en los pagarés de Nueva Rumasa, usted, que conocía el paño, se habría sentido obligado a dialogar con él para disuadirlo. Seguramente su ilusionado interlocutor lo habría invitado a imitarlo, con una plétora de argumentos tentadores, los mismos que lo habían seducido a él: la probada capacidad de José María Ruiz Mateos para los negocios; el activo de más de 170 empresas de las industrias vinícola, alimentaria y hotelera; la religiosidad del empresario, supernumerario del Opus Dei; su visión política, que lo había empujado a fundar su propio partido, con el que conquistó un escaño de eurodiputado. Y, sobre todo, la promesa de cuantiosos intereses.

Había que estar muy bien informado y disfrutar de grandes dotes dialécticas para rebatir semejante avalancha de datos engañosos. Miles de ciudadanos crédulos mordieron esos anzuelos y fueron víctimas de la colosal estafa. Cuando estalló la burbuja piramidal, la quiebra arrasó con todo.

Tocomocho de la independencia

¿Increíble? No tanto. Somos testigos de que hoy cientos de miles de compatriotas se dejaron embaucar por el tocomocho de la independencia. Los daños son inmensos y serán aún mayores cuando se haga el balance final. Pero gracias a la aplicación del 155 y a la convocatoria de las elecciones que los timadores tanto temían y sustituían por consultas adulteradas, quizá todavía podamos recuperar gradualmente los valores de la vida normal que estos sinvergüenzas nos arrebataron.

Y aquí es donde aparece el talismán del diálogo. Entendámonos bien. No se trata del diálogo que proponen algunos despistados entre las autoridades legítimas y los amotinados inescrupulosos, o entre los dirigentes políticos y sociales fieles a la Constitución y los demagogos involucionistas. Me refiero al diálogo entre iguales, entre ciudadanos que la fractura artificial de la sociedad colocó en bandos antagónicos.

La campaña cainita abrió brechas dentro de las familias, entre amigos, en las comunidades de vecinos, en los lugares de trabajo. La polarización era indispensable a los secesionistas para evitar el intercambio de ideas. La desinformación, el imperio de las mentiras sin contrastar eran sus armas letales predilectas. Con un lavado de cerebro que empezaba en el parvulario siguiendo las pautas discriminatorias de la España franquista: esta prometía la Formación del Espíritu Nacional para combatir al enemigo judeo-masónico-comunista, y ahora la plataforma sectaria Somescola y sus cofrades de Òmnium y el PSC colaboracionista prometen la "cohesión social", no en torno de las leyes, sino contra estas, mediante la proscripción de la lengua castellana en las aulas y el reforzamiento de la mitomanía identitaria (LV, 15/11).

Cohesión social que no es tal, sino la implantación forzada de los prejuicios supremacistas de la minoría que gobierna gracias a un sistema electoral tramposo (los votos rurales valen el doble que los urbanos). Lo que se imponía aquí era el monolitismo totalitario que practicaron y practican los regímenes nazis, fascistas y comunistas, con todas sus versiones populistas actualizadas, que abominan del pensamiento crítico. Como denuncia Pilar Rahola, sin darse cuenta de que retrata su contubernio endógamo favorito ("Post mortem", LV, 22/11):

Lo peor son los que sin tener nostalgia de Franco fundamentan la democracia sobre bases intolerantes y autárquicas.

Victimarios y víctimas

Urge cerrar las brechas insidiosas para restablecer las vías de comunicación y el clima de convivencia. Eso sí, la reanudación del diálogo debe emprenderse en un ambiente de respeto y fraternidad. Sería cruel e injusto recriminar a las víctimas del tocomocho secesionista que se hayan dejado engañar y que, con su candidez, nos hayan embarcado a todos en una aventura que se encamina hacia el desastre. Su pecado es redimible. Son muy pocos los ciudadanos que no han –hemos– cometido errores garrafales en la selección de sus opciones políticas a lo largo de toda la vida. Me incluyo en la lista.

Son los victimarios y no las víctimas quienes deben estar en el centro de la vindicta pública. Y aquí reaparece el símil con la estafa de Nueva Rumasa y con su apóstol Ruiz Mateos. Jordi Pujol, un burgués catalán con ambición política e ideas impregnadas de veneno nacionalista (Juncker dixit), cuya fortuna oculta es producto del estraperlo paterno tolerado por el franquismo, funda un banco que se envuelve en la senyera (todavía no estaba de moda la estelada) para encubrir las malas prácticas que lo llevan a la quiebra. No importa. El banquero fallido encabeza un partido cobijado bajo el ala de la abadía de Montserrat. No es el Opus Dei, pero sienta las bases del activismo cismático dentro de la Iglesia catalana. Y para redondear el esperpento Oriol Junqueras divulga que reza beatíficamente en su celda de Estremera, mientras consolida la alianza republicana con los energúmenos antisistema que propusieron convertir la catedral de Barcelona en economato y escuela de música (El Confidencial, 5/7).

Ruiz Mateos no se privaba de acudir a los tribunales, donde estaba citado casi todos los días, disfrazado de Superman o presidiario. Jordi Pujol no llegó a ese extremo, pero su delfín in pectore, Artur Mas, sí. Apareció fotografiado con un disfraz de Sant Jordi, enfundado en una cota de malla de 25 kilos, lanza en ristre, pisoteando a un híbrido de lagartija y dragón de utilería (Suplemento "Vivir", LV, 25/2/2001).

Vayamos a los hechos

La clave de la semejanza entre la estafa de la Nueva Rumasa y el tocomocho de la independencia reside, sin embargo, en la magnitud de la recompensa ofrecida a los timados. Intereses del 8 por ciento o más, en el primer caso, y una tierra que mana leche y miel como la que prometía el Antiguo Testamento, en el segundo. Pura ficción. Por eso la charla disuasoria con la víctima del embeleco debe ceñirse a la información práctica, dirigida a la inteligencia del interlocutor, neutralizando los tópicos emocionales con los que lo cautivaron, y combatiendo las apelaciones a los bajos instintos racistas, xenófobos y supremacistas que están latentes en la mayoría de los seres humanos y que también son los motores de estos movimientos de masas.

Dejemos la identidad esotérica de la nación milenaria para los panfletos de Pilar Rahola y la historia trucada a la manera estalinista para los simposios mercenarios de Josep Fontana. Vayamos a los hechos.

Son culpables

Tenemos el deber de dialogar racional y cordialmente, de igual a igual, con los ciudadanos vulnerables a la estafa, para recordarles, con las pruebas documentales en la mano, que quienes se postulan para recuperar el poder en Cataluña, con la intención solapada de seguir fragmentando y empobreciendo a la sociedad, son CULPABLES de:

– Haber provocado el éxodo de 14.000 maestros capacitados, para reemplazarlos por adoctrinadores sectarios que hoy cumplen esta función disciplinadamente, como en tiempos de El florido pensil.

– Haber recortado cientos (¿miles?) de millones de euros de los presupuestos de sanidad, educación, obras sociales y promoción de empresas para subvencionar un monstruoso aparato de propaganda copiado del modelo que urdió Joseph Goebbels.

– Haber recortado otros cientos (¿miles?) de millones de euros de esos mismos presupuestos para engordar a la tropa de parásitos que usurpaban ficticios cargos diplomáticos.

– Haber creado un irrespirable clima de inseguridad jurídica al desobedecer sistemáticamente las sentencias judiciales y al violar con contumacia la Constitución española y el Estatut catalán.

– Haber convertido ese clima de inseguridad jurídica en el detonador para que miles de empresas tradicionalmente asentadas en Cataluña mudaran sus sedes sociales y fiscales a otras regiones de España

– Haber provocado una abismal caída de las ventas en los comercios de Cataluña.

– Haber transformado lo que era un polo de atracción turística en un parque temático de manifestaciones, okupaciones, cortes de vías de circulación y vandalismo impune, con el consiguiente efecto de espantar a los visitantes potenciales.

– Haber dado el tiro de gracia a la candidatura de Cataluña y Barcelona como sede de la Agencia Europea del Medicamento al escandalizar a los seleccionadores con el comportamiento indecente de sus jerarcas sediciosos, prófugos o presos por su peligrosidad comprobada.

– Y haber estado a punto de dejar a Cataluña fuera de la Unión Europea, la ONU, la OTAN y el concierto de naciones civilizadas.

Civilización contra barbarie

Todos estos desafueros los perpetraron los depredadores con premeditación y alevosía, y todavía tienen la desfachatez de comprometerse a repetirlos. Dijo con razón Joaquim Gomá (El Confidencial, 13/11) que la palabra delito se queda corta para definir lo que estos crápulas han hecho en Cataluña. Lo suyo, sentenció, ha sido una embestida de la barbarie contra la civilización. Este es el dilema que debemos plantear a nuestros conciudadanos rescatados de la gran estafa: el 21-D no se vota ni por España ni por Cataluña, votamos por la civilización contra la barbarie.

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