El destape de los excéntricos

Eduardo Goligorsky

Durante la hoy menospreciada Transición, España asistió a un fenómeno bautizado como "destape" por su componente más pintoresco: la represión que ejercía el régimen franquista sobre las manifestaciones públicas de sexualidad fue sustituida gradualmente por una desacomplejada liberación de las costumbres y las imágenes. Quizá la foto emblemática de aquella época fue la que mostraba a la actriz Susana Estrada exhibiendo un pecho desnudo junto al alcalde de Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván. Sin embargo, el destape de la libido sólo fue un ejemplo más de que la naturaleza siempre retoma su cauce después de los periodos de estancamiento, en tanto que si la Transición se convirtió en un acontecimiento histórico memorable fue porque se destaparon, afortunadamente, cambios sociales, políticos y culturales de cuyos frutos todavía gozamos… aunque la banalización rampante haga que muchos de sus beneficiarios los ignoren.

Ciudadanos inermes

Ahora, las fuerzas conjuradas para dinamitar la paz social y la convivencia de los españoles han creado un clima tóxico en el cual los que se destapan no son los innovadores y creadores, como en la década de los 70, sino los excéntricos que vegetaban en los márgenes de la sociedad. Estos excéntricos afloran a la superficie aprovechando la ola de irracionalidad que se alimenta de fobias y mitos arcaicos y se cuelan en las instituciones, que la crisis política y moral ha dejado desguarnecidas. Con el agravante de que no se instalan en ellas sólo para usufructuarlas sino también, y sobre todo, para imponer sus caprichos a los ciudadanos inermes.

Convencidos de que sus fórmulas simplistas son las que salvarán el mundo de lo que ellos interpretan como los males de la globalización, el capitalismo y el cambio climático, invaden arbitrariamente la intimidad de los individuos mediante una legislación encaminada a regimentar su comportamiento y sus costumbres. Como sucedía en el por ellos añorado 1714 absolutista y en el no menos idealizado colectivismo comunista, reducen al individuo a la condición de borrego dentro del rebaño.

El abuso más grave

El abuso es más grave cuando asume la forma del lavado de cerebro a niños y jóvenes. Ya no queda nada que agregar sobre el acoso lingüístico que se practica en el sistema de enseñanza de Cataluña, desobedeciendo todas las sentencias judiciales para vetar el castellano en escuelas e institutos. La novedad consiste en que las excéntricas (también se puede emplear el femenino discriminando a los varones) de la CUP del Ayuntamiento de Manresa desahogan su aversión al sistema empeñándose en reeducar a las adolescentes para que cambien los tampones y compresas por esponjas marinas, copas menstruales y lo que llaman el sangrado libre: ejercicios de la musculatura vaginal con el fin de retener el flujo menstrual. Todo reutilizable. El pretexto es, faltaría más, ecologista y anticapitalista. Y durante el pleno del Ayuntamiento las militantes de la CUP, acompañadas por la diputada pirómana Anna Gabriel, desplegaron una pancarta con el lema: "Basta de prejuicios y tabúes sobre nuestros cuerpos. Hagamos visible la menstruación" (LV, 22/4).

Ironizó Susana Quadrado ("Tampax ens roba!", LV, 21/4):

Así tal cual hay que explicárselo a las chicas que ahora están en la ESO y que se estrenan en la menstruación. Más que nada para que ellas no se despisten y vayan haciéndose a la idea de adónde va la Cataluña del futuro. Ya se lo digo yo: hacia el paleolítico.

Un lector del mismo diario, que firmaba Julián Revuelta, vertió su propia dosis de sarcasmo en una carta ("Mes enllà dels tampons", 23/4). Traduzco del catalán:

Creo que habría que ir más allá tratando de desterrar un par de productos fruto del consumismo capitalista y que son en buena parte responsables de la deforestación. Me refiero al papel higiénico y a los pañuelos de papel. En el primer caso habría que fomentar el uso de las hojas de vid, que tan bien conocen los vendimiadores, o de los cantos rodados que podemos encontrar en cualquier lugar fuera de las ciudades.

Zonas oscuras

En el llano, los excéntricos pueden ser inofensivos, incluso cómicos. Pero cuando toman las riendas del poder y pretender complicar a los demás en sus fantasías las cosas cambian y van a peor. Barcelona es una ciudad minada por las contradicciones. A primera vista es un modelo de prosperidad e iniciativa. Profundizando, aparecen las zonas oscuras. Cáritas Diocesana atendió en el 2014 a 23.000 personas en riesgo de pobreza y las parroquias a más de 150.000 (LV, 3/5/2015). Ese mismo año el Banco de Alimentos distribuyó más de 4.600 toneladas de productos entre 250.000 beneficiarios.

¿Cómo reaccionan los pijoprogres ante el flagelo del hambre? Muy sencillo: la comisión de Economía y Hacienda del Ayuntamiento, a propuesta de ERC y con los votos favorables de ERC, BComú, CiU, PSC y CUP, y las abstenciones de C’s y PP, resolvió declarar a Barcelona "ciudad Veg-Friendly", o sea amiga de las dietas vegetariana y vegana (LV y El Mundo, 23/3). Lo cual implicará crear un centro informativo, editar una guía, organizar actos y conferencias de divulgación y adherir a la campaña "Lunes sin carne". Esto, con gran regocijo del lobby de la verdura e irritación del de la carne.

Alfred Bosch, presidente del grupo municipal de ERC, se felicitó de que Barcelona se convierta en "la ciudad pionera en el respeto al medio ambiente, las personas y los animales". Eso sí, mientras Cáritas, las parroquias y el Banco de Alimentos se ocupan de las personas que pasan hambre, los pijoprogres se tiran los trastos a la cabeza, como lo hacen en el plano político, debatiendo cuál es la fracción más ortodoxa: por un lado, los veganos que no comen lácteos ni huevos, los que sólo comen frutas y semillas pero no verduras para no hacer sufrir a las plantas (sic), los que sólo comen verduras crudas; y por otro, los vegetarianos que también consumen huevos y no lácteos o a la inversa, los que consumen pescados y mariscos pero no aves, los que consumen aves pero no pescados y mariscos, y así hasta el infinito, sin contar a los herejes flexitarianos, los más listos, que de vez en cuando se zampan todo lo prohibido ("La tribu verde", LV, 17/4).

Cáritas, las parroquias y el Banco de Alimentos no participan en esta competición entre dietas ecológicas y compasivas con los animales. Sólo se preocupan por los seres humanos. Tampoco participan los científicos, que para los excéntricos como la monja antivacunas Teresa Forcades están al servicio del aborrecible capitalismo imperialista. Una vez más, rumbo al paleolítico sin escalas.

En fin, asombra que veganos y vegetarianos no adopten, en defensa de sus dogmas, el curioso argumento que empleó Juan Manuel de Prada para abominar de la pornografía. Según este novelista y columnista, autor del bestseller Coños (Valdemar, 2003), los consumidores de pornografía terminan convertidos en pedófilos (ABC, 5/4). Los veganos y vegetarianos podrían argumentar, con el mismo razonamiento excéntrico, que los consumidores de carne terminamos convertidos en antropófagos.

Polvo en el metro

Cuando quienes deberían velar por el cumplimiento de la ley desde los puestos de mando son los primeros en jactarse de desobedecer la Constitución y las sentencias judiciales, como sucede en Cataluña, a nadie debe extrañar que en la calle se instalen el desorden y el delito. Los excéntricos y marginales serán los primeros en aprovechar que se ha levantado la veda.

Una pareja practica el acto sexual en el andén de la estación de metro Liceu de Barcelona. ¿Y qué? ¿Acaso el metro no es escenario de todo tipo de desafueros con el consentimiento de las autoridades, lo mismo que la vía pública? Apenas asumió su cargo la alcaldéspota Colau, se mostró comprensiva con quienes se colaban en los medios de transporte. Después los manteros se instalaron donde se les antojaba y ahora corren por túneles y escaleras embistiendo a pasajeros y transeúntes, con la Guardia Urbana maniatada y agredida. Y agraviada por un edil con ínfulas de matón. Mientras los carteristas hacen su agosto en andenes y vagones.

Aquí no son los polvos los que traen estos lodos, como reza el adagio, sino, a la inversa, son los lodos de la cúpula gobernante los que traen este polvo etílico de una pareja heterosexual en el metro. Exhibición más discreta, en todo caso, que algunas que se han visto, sin escándalo mediático, a plena luz del día, en carrozas del desfile del Orgullo Gay. Al observar cómo se consolida la corriente LGBT, los más imaginativos adictos a la política-ficción orwelliana temen que las relaciones heterosexuales puras y duras terminen siendo una rareza punible en un nuevo Estado totalitario.

Los excéntricos son las rémoras que parasitan las sociedades cuando los ciudadanos les ceden el poder, obedeciendo las consignas de demagogos y embaucadores. Lo estamos padeciendo. De nosotros depende que después del 26-J vuelvan a ocupar su sitio dentro de la caja de Pandora que destaparon unos inescrupulosos aprendices de brujos.

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