Cría parásitos…

Eduardo Goligorsky

Jordi Pujol debe de haber corregido en su refranero aquello de "Cría cuervos y te sacarán los ojos" para sustituir a los traicioneros pajarracos por parásitos. Son los parásitos que él crió, estimuló y engordó con suculentas subvenciones para que lo secundaran en su paciente labor encaminada a balcanizar España los que hoy se ensañan con su postrada figura. Según informa La Vanguardia (29/8), nada menos que la Federación de Asociaciones de Vecinos de Cataluña y Barcelona (¿alguien conoce a algún vecino asociado a esa franquicia del secesionismo, hoy levantisca?)

llama a la sociedad civil a querellarse contra Pujol, para que se investigue el origen de la fortuna que confesó haber ocultado al fisco durante 34 años. El movimiento vecinal considera que debe investigarse si la fortuna evadida por Pujol proviene de una herencia no declarada, como afirma el ex presidente catalán, o "de actividades delictivas, como el cobro de comisiones por concesión de obra pública o el desvío de fondos". Para las asociaciones vecinales, en un momento en el que Catalunya se encuentra en una "encrucijada de la historia" porque quiere decidir su futuro, es necesario "hacer limpieza" y “soltar el lastre de la corrupción”. (…) Las entidades vecinales quieren que esa demanda de transparencia se convierta en un “clamor popular”, por lo que han emprendido una ronda de contactos con sindicatos, fuerzas sociales y movimientos democráticos catalanes para crear un amplio frente que “confiera la fuerza y la legitimidad necesarias” para presentar la querella contra Jordi Pujol.

Falange de incondicionales

Curioso frente amplio de parásitos que se disfrazan de Savonarolas con el fin de desviar la atención hacia el patriarca caído mientras ellos continúan actuando como colaboradores necesarios en el desguace de España y Cataluña. No hay noticias de que estas entidades vecinales se hayan preocupado por la suerte de los hijos de los vecinos despojados del derecho a estudiar en la lengua oficial de España en las escuelas públicas. Ni de las multas impuestas a los vecinos por rotular solamente en esa lengua. Ni de las tribulaciones de los vecinos acosados por okupas y vándalos antisistema. En cambio, se enrolaron disciplinadamente en el Pacte Nacional Pel Dret a Decidir, sin consultar antes la opinión de los vecinos de carne y hueso, muy distintos de sus socios virtuales. Por no discrepar, tampoco manifestaron curiosidad por averiguar en qué había terminado el escándalo de Banca Catalana ni el del tres por ciento de mordida. Los parásitos no necesitaban recurrir a fondos depositados en bancos andorranos y suizos porque tenían y tienen su fuente de aprovisionamiento en la Tesorería de la Generalitat desde que el hoy impugnado Jordi Pujol, y no otro, les marcó la ruta hacia la secesión.

Los parásitos no son los únicos que intentan taparse las vergüenzas con pantomimas de justicieros. Una vez violada la ley mafiosa de la omertà se multiplican los chivatos. Ahí está el caduco Josep Lluís Carod-Rovira jactándose de que él denunció el cobro de comisiones en la concesión de obras públicas antes de que Pasqual Maragall lo hiciera el 25 de febrero del 2005, añadiendo que, según le confesó un dirigente de CiU, la mordida no era del tres sino del cinco por ciento. Pero lo que aportaría un mínimo de credibilidad a los afanes regeneradores de las asociaciones vecinales, purgándolas de sus adherencias parasitarias, sería que completen su querella contra Jordi Pujol extendiéndola a quien fue su consejero de Política Territorial y Obras Públicas (1995-1997) y consejero de Economía y Finanzas (1997-2001). Aunque así privaran al Pacte Nacional pel Dret a Decidir de su cabeza visible: Artur Mas, el autoproclamado hijo político de Jordi Pujol. Vaya, que quizá tampoco les desagradaría dejar el movimiento secesionista en manos del titiritero Oriol Junqueras y su falange de incondicionales. Al fin y al cabo este clan ya es el que manda.

Un fantasma de mal fario

No sólo los parásitos del añejo pujolismo hacen juegos malabares para renegar de su patriarca caído sin apartarse del dogma que este les inculcó. Quien fue, hay que repetirlo, su hijo político y su consejero de Política Territorial y Obras Públicas, y de Economía y Finanzas, en los tiempos del tres o el cinco por ciento, no sólo transitó por esos cargos sin darse por enterado de lo que se cocinaba a su alrededor, sino que ahora pretende convencernos de que "hace diez años que Pujol no tomaba una decisión importante ni en CiU ni en la política catalana" (LV, 31/8).

El desdén de estos caciques por la inteligencia de los ciudadanos no conoce límites. Hasta el punto de que ofende la sensibilidad de otros subvencionados por la generosidad del poder que ya no se resignan a exhibirse comulgando con las ruedas de molino que les arrojan sus devaluados patrones. Los conchabados también tienen su cuota de pudor. Cuando Artur Mas anunció que convocará la consulta del 9-N desobedeciendo el veto judicial y gubernamental, la directora adjunta de La Vanguardia, María Dolores García, reaccionó como si súbitamente le hubieran quitado la mordaza pactada (31/8):

El principal riesgo que ya acecha es la tenacidad con la que determinados actores políticos catalanes deslegitiman instituciones y procedimientos. Se oyen cada vez más voces que llaman a la insumisión y eso no puede traer nada bueno. El desacuerdo con una ley en una democracia nunca debe llevar a su incumplimiento. Y menos por parte de un gobierno. Si se resquebraja ese principio, se desmorona el edificio.

Soflama que remachó en el editorial de ese mismo día con la evocación de un fantasma de mal fario:

Ese patrimonio se debe preservar porque será fértil. Sería un colosal error estropearlo con una parodia insurreccional que nos devolviese, en clave tragicómica o pintoresca, ecos de aquel desgraciado Sis d'Octubre de 1934.

Casualmente, o no, junto a este editorial aparece una columna en la que Antoni Puigverd recuerda las bravatas con que el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, apabulló a un intermediario que le aconsejaba prudencia antes de "aquel desgraciado Sis d'Octubre de 1934". Resume Puigverd:

El final de la historia es sabido. Companys proclama la República catalana el 6 de octubre. El general Batet se presenta en la plaza de Sant Jaume. Algunos disparos, pocos. Companys se rinde, la Generalitat es suspendida, el president encarcelado. En una citadísima crónica de los hechos, Gaziel pone el énfasis en la respuesta civil a las arengas radiofónicas del Gobierno catalán: calles vacías. Los catalanes se inhiben.

Los desaguisados de Companys

Puesto que la fragmentación de la sociedad catalana producto de la ofensiva radical abre una grieta no sólo entre constitucionalistas y secesionistas, sino también dentro del bando nacionalista, esta vez entre moderados y extremistas, vale la pena reconocer que una de las diferencias entre los primeros y los segundos reside en la valoración que hacen los unos y los otros de los repetidos desaguisados de Companys. El historiador y consejero de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat, Santi Vila, que opera como moderado, escribió, en memoria del polifacético Josep Puig i Cadafalch, presidente de la Mancomunitat de Cataluña entre 1917 y 1923 (LV, 17/2):

Se puede afirmar que la trayectoria de Puig i Cadafalch es una de las más brillantes y sólidas del catalanismo, incomparablemente superior a la de personajes muy menores como Francesc Macià o Lluís Companys, que, paradójicamente, han tenido mayor reconocimiento institucional y social.

Obviamente, este desprecio por Macià y Companys provocó la reacción airada de los talibanes, a quienes irritó aun más el hecho de que Vila pidiera respetar la decisión que adopte el Tribunal Constitucional sobre la consulta del 9-N. Espantado, como la directora adjunta de La Vanguardia por los exabruptos de ese émulo de Companys que es el president Mas, el consejero Vila puso un toque de cordura (LV, 29/8):

En declaraciones a TV3, Vila avisó que, a pesar de que el Tribunal "no pasa por su mejor momento, si nos lo llevamos por delante, ¿qué queda?". En esta línea avisó que cuestionar al árbitro genera vértigo en sectores de la sociedad "que quieren recuperar la actividad económica" y "defender nuestra nación sin poner en riesgo lo que es un marco de garantías que nos protege a todos".

Avanzadilla de filibusteros

Celebro que el Gobierno de España se mantenga a la expectativa, sin tomar medidas traumáticas ni engendrar falsos mártires, mientras el conglomerado secesionista se pudre por dentro dada la naturaleza anómala y contradictoria de sus componentes. El ex honorable chapotea en lucrativos estercoleros; el titiritero Oriol Junqueras exuda por todos los poros su vocación totalitaria; su muñeco, Artur Mas, está atrapado por una telaraña de sospechas y desaires; los parásitos se amotinan; los moderados se asustan; y las masas -¡ah, las masas!- descubren atónitas que la Ítaca prometida ya estaba colonizada por una avanzadilla de filibusteros. La commedia è finita.

Un amigo, lúcido defensor del constitucionalismo, me advierte de que si el proceso se cierra en falso se repetirá dentro de diez años. Le contesto que nadie puede prever dónde estará el mundo dentro de diez meses, pero le recuerdo que la hoy innombrable aixó es una dona pronosticó -con la misma audacia con que manejaba los negocios familiares- que, para desgracia de todos, al cabo de poco tiempo habrá en Cataluña más mezquitas que iglesias románicas. La garantía de que no se cumplirá el inquietante vaticinio reside precisamente en la sólida cohesión del reino de España. Ni Ítaca ni Al Ándalus.

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