El secuestro del sí

Eduardo Goligorsky

El profesor Xavier Antich se despoja circunstancialmente de su condición de filósofo para montarse en el atril de adoctrinador sectario y endilgarnos sus sermones proselitistas. El más reciente, sobre "La fuerza política del sí" (LV, 14/9). Resuelto a embellecer las consignas secesionistas del Junts pel Sí para sumarle algún voto indeciso con argumentos más esotéricos que prácticos, elucubra:

Y es que, metafísicamente, la fuerza del sí parece irresistible. Porque la potencia creativa de la acción política siempre ha sido positiva, e incluso "alegre", como ya nos enseñó hace algunos siglos Spinoza.

Después de diagnosticar afinidades entre Spinoza y el discurso de Junts pel Sí por su contenido alegre, el filósofo travestido de psicólogo esgrime su autoridad mediática para descalificar a los que él cataloga arbitrariamente como negadores.

Sin necesidad de ponerse eruditos, es evidente que el "no" tiene siempre un carácter más bien antipático y malhumorado, precisamente por su negatividad intrínseca. El "no" siempre bloquea, trunca posibilidades, detiene proyectos e iniciativas, produce frustración y genera desconfianza. Nada bueno puede fundarse sobre la negación.

Consecuencias nefastas

¿Quién puede atreverse a desdeñar la propuesta secesionista de Junts pel Sí después de leer tan sabia impugnación de los críticos? Sin embargo, aquí es donde al observador desprejuiciado le aflora una duda corrosiva acerca de las consecuencias nefastas que puede tener para la sociedad organizada la peculiar filosofía del profesor Antich. Sucede que este ha enviado al sumidero todos los mandamientos negativos de la tradición monoteísta que conservan su validez en la civilización occidental, tanto en su vertiente religiosa como en la laica. No matarás. No robarás. No darás falso testimonio ni mentirás. No codiciarás los bienes ajenos. Demasiados noes para el profesor Antich.

Algunos mandamientos negativos que parecen tener sello exclusivamente religioso también pueden aplicarse en una versión laica. "No tomarás el nombre de Dios en vano" puede transformarse, para desdicha de los totalitarios secesionistas, en "No tomarás la palabra de los catalanes en vano como si todos estuvieran al servicio de tus ambiciones de lucro y de poder".

Mentiras miserables

A pesar de que mi ateísmo me exime de creer en la existencia de un infierno para pecadores recalcitrantes, sí pienso que la sociedad debería aplicar un castigo muy terrenal a los transgresores del "No mentirás", exhibiéndolos en la picota digital. Lo que me afianza en esta idea es la lectura de panfletos como "Tres mentiras miserables", del predicador Francesc-Marc Álvaro (LV, 14/9). Al leer el título uno podría pensar que se trata de una autocrítica por algunas de las falsedades y tergiversaciones vertidas por el autor a lo largo de su carrera periodística. Pero no. Las tres mentiras miserables son las que componen el núcleo duro del texto beligerante que firma Álvaro.

La primera mentira miserable de Álvaro consiste en afirmar que mienten (valga la redundancia) quienes denuncian que

el soberanismo es un movimiento étnico que hace distinciones entre catalanes de nacimiento y de adopción. (…) Hay muchos Sánchez entre los soberanistas, lo cual explica la magnitud de esta ola de cambio.

Es lógico que haya algunos, ya que no muchos, Sánchez entre los soberanistas, porque el clientelismo, el caciquismo y la cooptación de acólitos disciplinados y subvencionados forman parte de la cruzada secesionista. Según Artur Mas, el 70 por ciento de los catalanes tiene su origen familiar fuera de Cataluña (Europa Press, 6/9). Lo que confirma la naturaleza étnica del movimiento secesionista es la escasa y casi nula presencia de ese 70 por ciento en la lista de candidatos de Junts pel Sí, en sus cuadros dirigentes y también en el círculo selecto de sus ilustres imputados. Ni el 70 ni el 10 por ciento. Puro abolengo autóctono.

Familias acosadas

La segunda mentira miserable que intenta colarnos Álvaro se vuelve contra él:

La fábula que ahora difunden viene a decir que los ciudadanos que no se sienten soberanistas tienen miedo de hablar en público porque se les hace la vida imposible. La palabra que se deja caer es 'intimidación', como si el país fuera uno de los pueblos controlados por la mafia.

Controlados por la mafia, no. Por el agitprop totalitario, sí. Es nada menos que el Síndic de Greuges, Rafael Ribó, quien ha tenido que salir de la hibernación y pedir "respeto" hacia la familia de Balaguer que había solicitado -y conseguido, por vía judicial- más clases de castellano para sus hijos (LV, 17/9):

Las protestas de las familias del centro han hecho que la madre demandante renunciara a la sentencia. La mujer también ha denunciado "acoso" por parte de algunos vecinos. Según ella se filtraron los nombres de los niños y su dirección en las redes sociales.

Otra familia acosada de Mataró tuvo que cambiar a sus hijos de colegio. La fábula la urde Álvaro cuando afirma que el miedo no existe. Vaya si existe. Si no se cuentan por millares los padres que exigen que se cumpla la sentencia que obliga a dictar el 25 por ciento de las clases en castellano es porque temen convertir a sus hijos en rehenes de los energúmenos fundamentalistas. El miedo también impide que se multipliquen las banderas españolas en los balcones. Y silencia muchas voces discrepantes en familias, comunidades de vecinos y lugares de trabajo. El miedo es consustancial a los regímenes totalitarios de derecha e izquierda, cuyos exegetas profesionales tienen la misión de difamar a quienes se atreven a denunciar la intimidación.

La tercera mentira miserable de Álvaro es tan burda que merecería la promulgación de un mandamiento adicional contra la tomadura de pelo, y sólo la pudo proferir quien Llàtzer Moix catalogó como uno de los "soldados más enardecidos" del proceso ("La sonrisa patriótica", LV, 20/9). Hela aquí:

TV3 y Catalunya Radio practican un pluralismo impecable.

La desenmascaran, sin ir más lejos, el cerrojazo que la televisión catalana aplicó a Josep Borrell, el muy documentado artículo "TV3, la seva, la suya" de Francesc de Carreras (El País, 16/9) y el aluvión de propaganda maniquea que satura todos los medios de comunicación públicos o subvencionados de Cataluña.

La maté porque era mía

Si los secesionistas obedecieran el mandamiento "No mentirás", su aparato de propaganda se quedaría mudo. Han secuestrado el para encubrir su indigencia argumental. Y si se ciñesen a la verdad tendrían el monopolio del no en la hipotética Cataluña independiente:

No a los catalanes españoles.
No al resto de los españoles.
No a la Unión Europea.
No al euro.
No a las Naciones Unidas.
No a la OTAN.
No a viajar por Europa sin pasaporte.
No al derecho de Barcelona y Tarragona a unirse nuevamente a España.
No a jugar en la Liga española.
No a los créditos de entidades financieras de primera línea.
No a toda historia, cultura y lengua que no sea "la nostra"..
No a la defensa compartida contra los yihadistas.

Un programa para el desguace de Cataluña que se podría compendiar en la tradicional excusa de los amantes psicópatas: "La maté porque era mía".

Los del Junts pel Sí son, en realidad, los del Junts pel No. Son la semilla del caos. Los ciudadanos que hemos seguido con atención el desarrollo del proceso balcanizador lo tenemos claro: los Balcanes no son el modelo deseable. Tampoco lo es Grecia. Ni Venezuela. Para frenar la desintegración hay sólo dos partidos fiables -el Partido Popular y Ciudadanos-, que podrían llevar el sí como bandera si no lo hubieran secuestrado los fariseos. El sí a la democracia, la libertad, la cultura, la prosperidad, la solidaridad y la confraternización entre los ciudadanos de toda Europa, con los catalanes siempre activos en su condición de españoles.

La magnitud del desafío exige deponer sectarismos y rivalidades. E incluso agregar un plus de comprensión para quienes, fieles a sus convicciones nacionalistas, pero conscientes de la amenaza de degradación que encierra para Cataluña el amancebamiento de sus excorreligionarios convergentes con los insurrectos del bloque radical y antisistema, se decantan prudentemente por Unió. Cada voto pesa. Sobre todo para enfrentar el fraude institucionalizado en el feudo catalán, donde las papeletas de los Gigantes y Cabezudos valen el doble que las de la Ilustración: un diputado por cada 46.141 habitantes en Barcelona y uno por cada 20.036 en Lérida.

¡Feliz 28-S en territorio catalán, español y europeo!

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