A golpe de hemerotecas

Eduardo Goligorsky

Los secesionistas deambulan como almas en pena por los pasillos del poder global en busca de una palabra cómplice. No la encuentran. Todo lo contrario. Los Juncker, Durao Barroso, Almunia, Reding y todos los responsables comunitarios les repiten hasta el hartazgo que una Cataluña independiente quedaría fuera de la Unión Europea, la OTAN y la ONU. Juncker le recordó al eurodiputado Josep Maria Terricabras que "uno no se convierte en miembro de la UE mandando una carta", aludiendo a la que Artur Mas envió en enero a los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho y al presidente saliente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. El convergente Ramon Tremosa no sabe en qué chiringuito colarse desde que la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos aprobó, despreciando su veto, el ingreso de C's y UPyD. Y los ecos de la sonora bofetada que Angela Merkel propinó a la soberbia secesionista seguirán reverberando por mucho tiempo en la atmósfera europea.

Una noticia surrealista

Incansable, "Mas transmite a la Trilateral que respetará la legalidad", según proclama el titular de La Vanguardia (20/7). Una noticia surrealista. ¿Anunciará la cancelación de la consulta ilegal del 9-N con sus dos preguntas torticeras? ¿Disolverá el Consell Assessor per a la Transició Nacional (CATN) y declarará nulos sus proyectos encaminados a crear un Estado paralelo? ¿Obedecerá a partir de ahora las sentencias sobre educación bilingüe? Si cumpliera la promesa de respetar la legalidad, la entrevista con el presidente del Gobierno se convertiría en un acontecimiento histórico. Pero ¿por qué comunicó su propósito de enmienda a la Trilateral -o mejor dicho, a un grupo previamente escogido de sus miembros- y no a Mariano Rajoy, que le habría dado su absolución? Con un añadido: la Trilateral, que representa un foro del pensamiento liberal sin fronteras, es la bestia negra de todas las comparsas totalitarias que se congregan en torno del proyecto secesionista que tiene a Artur Mas como mascarón de proa y a Oriol Junqueras como titiritero mayor. Extraño, muy extraño.

Mientras tanto, el CATN continúa montando el tinglado ilegal. Escribe Rafael Jorba ("Las cartas boca arriba", LV, 19/7):

La lectura de la tanda de informes del CATN produce vergüenza ajena: da la sensación de que se está intentando trocear la piel del oso -del toro, en este caso- antes de matarlo: no solo el proceso secesionista no se ha negociado con el Gobierno de España, sino que ya se está diciendo a la UE cómo se organizará el Estado que salga del choque de trenes.

Jorba cita extensamente el libro Causas y consecuencias del divorcio político (Ariel, 2013) de Allen Buchanan, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Duke, y lo sitúa en el contexto de los fastos de 1714:

Buchanan [escribe]: "Prácticamente todos los estados existentes, incluso los más democráticos y respetuosos con los derechos humanos, tienen tras sí una historia de anexiones injustas". Y, en cita expresa a la guerra de Sucesión, añade que en el caso catalán sería inaceptable un principio moral general que se remontase tan atrás en el tiempo. Esta observación puede servir para enmarcar las prevenciones del papa Francisco en su entrevista a La Vanguardia (13/VI/2014): "La secesión de una nación sin un antecedente de unidad forzosa hay que tomarla con muchas pinzas y analizar todos los aspectos".

Barrabasada autóctona

Reflexiones, todas estas, muy sensatas y ajustadas a razón. Pero insisto, como lo vengo haciendo en mis últimos artículos, que para entender el fenómeno secesionista hay que enfocarlo como un psicodrama tribal. Así lo definió uno de sus pioneros más destacados, Francesc-Marc Álvaro (LV, 5/6), hastiado por las torpezas de sus cofrades. Solo en un psicodrama tribal es previsible que uno de los protagonistas, en este caso nada menos que el coordinador del Pacte Nacional pel Dret a Decidir, Joan Rigol, afirme, tras conocerse la sonora bofetada de Angela Merkel (LV, 19/7):

En todo este proceso vamos a encontrar dificultades en hallar respaldo internacional, pero creo que el día que llegue una soberanía de Catalunya irán todos detrás de Catalunya para que se integre.

Los ecos de la carcajada que generó esta barrabasada autóctona superaron los de la sonora bofetada germánica.

Infortunadamente, no todas son risas. Hay que ponerse serios cuando Francesc-Marc Álvaro, tras recuperar su papel de adoctrinador secesionista, intenta vendernos un retrato crudamente tergiversado de Artur Mas ("Lo que Mas no hará", LV, 17/):

Mas encarna la figura del convergente moderado a quien la suma de decepciones y engaños ha transformado en soberanista, una mutación que se da sobre un dirigente de orden. A diferencia de Junqueras, el president no es un independentista de pata negra, y por eso se parece a la mayoría de mujeres y hombres que han abrazado el proyecto de Estado independiente en los últimos tiempos. Mas no cambiará ahora de personaje, los papeles de esta obra ya se han repartido.

Desvelar patrañas

Es comprensible que Álvaro, más sereno, convierta en "obra" lo que en un arrebato tildó de psicodrama, pero el verdadero papel del personaje viene de lejos y no es el que el agitprop nos quiere endilgar de matute como auténtico. Para demoler el entramado de mentiras, nada mejor que hacerlo a golpe de hemerotecas. En mi libro Por amor a Cataluña. Con el nacionalismo en la picota (Flor del Viento, 2002) reproduje abundante material periodístico que hoy ayuda a desvelar patrañas. Escribí entonces:

Un artículo sobre "Los jóvenes de Mas", de Susana Quadrado (LV, 4/12/2000) actualizó la información: "Son el nuevo aparato de Convergència. Hicieron sus primeros pinitos en política a finales de los años ochenta, muchos de ellos siendo todavía universitarios, enarbolando la bandera de una Cataluña soberana. En una década, esta generación de jóvenes que tienen ahora entre 30 y 40 años ha escalado hasta la dirección del partido, hacia puestos clave en el Govern de la Generalitat o ambas cosas a la vez. Artur Mas, de 44 años, y por tanto muy próximo generacionalmente a este núcleo de jóvenes emergentes, quiere tejer con ellos la nueva CDC (…) El pragmatismo político les ha hecho endulzar sus planteamientos soberanistas, a los que no renuncian. Porque ahora consideran que es el momento de hacer causa común para que Mas llegue a la presidencia de la Generalitat (…) Lo demás, dicen, ya llegará. Los jóvenes de Mas iniciaron su actividad política al abrigo de una persona, Oriol Pujol Ferrusola (quinto hijo del president), y de una organización, la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC)". El artículo se completa con una minuciosa descripción de los puestos que estos jóvenes ocupan en el Govern y en CDC, donde sus objetivos independentistas se filtran a través de la capa táctica de pragmatismo.

Artur Mas, conseller en cap del Govern de la Generalitat exhibió una alarmante veta de megalomanía cuando La Vanguardia le pidió, lo mismo que a otros políticos catalanes, que se fotografiara, durante los Carnavales del 2001, con el disfraz que mejor representara su personalidad (Suplemento "Vivir en Barcelona", LV, 25/2/2001). El resultado fue un estrambótico y ensoberbecido Sant Jordi, enfundado en una cota de malla de 25 kilos, con la lanza en ristre, pisoteando a un ridículo híbrido de lagartija y dragón de utilería. Mas dio las razones de su elección: aquel caballero tenía "gran voluntad y coraje para superar dificultades, era persona conocida por su generosidad hacia los demás, un hombre, vaya, un santo, que además repartía riqueza. Y porque es símbolo de catalanidad".

Evidentemente, el psicodrama tribal no es nuevo en la escena catalana. Se viene ensayando desde hace muchos años. El libreto está documentado en las hemerotecas.

Hay que ser muy ingenuo o estar muy desinformado para pensar que algún líder mundial soportará que un equipo de mitómanos transitoriamente omnipotentes lo incordien con sus obsesiones aldeanas en el mismo momento en que los tambores de la subversión y la guerra retumban en los cuatro puntos cardinales.

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