Zapatero, blanqueador del chavismo

EDITORIAL

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero mantuvo el pasado sábado un encuentro con el líder opositor venezolano Leopoldo López, encarcelado a comienzos de 2014 por el régimen que detenta el poder en Venezuela. El propio Leopoldo López calificó esta visita como una sorpresa, dado que no ha podido reunirse con ningún otra personalidad de relevancia internacional en la cárcel. Zapatero ha contado con las bendiciones del chavismo, en un gesto que retrata muy adecuadamente al carcelero y al visitante.

A tenor de lo que ha trascendido del encuentro, resumido por Leopoldo López en las redes sociales, Zapatero tenía por objeto sondear si el líder demócrata venezolano estaría dispuesto a rebajar las exigencias de la oposición a cambio se salir de prisión. Los partidos democráticos venezolanos están embarcados en una campaña de movilización cívica para exigir la convocatoria de un referéndum revocatorio que les permita expulsar del poder al tirano Nicolás Maduro.

La tiranía chavista teme el éxito de esa consulta popular en un país devastado por la desastrosa gestión de los socialistas del siglo XXI, la desaforada corrupción y una represión tremebunda y criminal.

En esta situación, en la que el pueblo venezolano está sufriendo lo indecible a manos de los chavistas, es una indignidad que un exmandatario español se preste a actuar de mediador. La equidistancia de la que tantas veces ha hecho gala Zapatero es en esta ocasión especialmente ruin, a la vista de lo que está ocurriendo en Venezuela.

Leopoldo López despachó al enviado de Maduro negándose a aceptar ningún cambalache con la tiranía. Pero el intento de Zapatero ha quedado de manifiesto. Cuando Venezuela recupere la libertad, Zapatero aparecerá bien destacado en el cuadro ignominioso de los que hicieron lo posible para blanquear al chavismo criminal y se pusieron de su lado. Y quien dice Zapatero dice las planas mayores de Izquierda Unida y Podemos, enemigas juradas de las democracias no populares, es decir, de las que no aniquilan las libertades.

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