Ya no hablan de "pobreza energética"

EDITORIAL

El precio de la luz ha vuelto a pulverizar todos los récords. En otra semana negra para particulares y empresas, ha roto la inimaginable barrera de los 300 euros el megavatio hora (MWh), lo que supone una calamidad para unos usuarios atemorizados y que no dan crédito.

Frente a estos datos aterradores, el Gobierno social-comunista no ha hecho más que ratificar su escandalosa incompetencia a la hora de proteger a "los que más lo necesitan" y "no dejar a nadie atrás", por citar sus proclamas más imperdonables. En cambio, ya no dicen palabra de la pobreza energética. Todo lo que se diga de ellos es poco.

En efecto, PSOE y Podemos han dejado de denunciar los dramas de quienes ven imposible poner la calefacción en invierno o encender la luz cuando les hace falta. Con la izquierda social-comunista en el poder, la pobreza energética o no existe o ha dejado de ser un crimen atribuible al Gobierno. La hemeroteca destroza a Pedro Sánchez y su banda, en la que ocupó un lugar primordial Pablo Iglesias, que tuvo la indecencia de pedir un minuto de silencio en el Congreso por los nada menos que 7.000 muertos que atribuía a la política energética poco menos que democida de Mariano Rajoy.

En 2017, el insufrible Alberto Garzón clamaba que ningún "Gobierno decente" debería "tolerar" que la luz subiera un 10% en un año. Desde que él está empotrado en el Gobierno, el precio de la luz se ha disparado más de un 500%. Cuando Sánchez llegó a la Moncloa, el coste del megavatio hora cerraba el mes de junio (2018) en 58,46 euros, precio cinco veces inferior al actual. Garzón, ahora, calla; y otorga.

Aunque la subida histórica de la luz se debe en buena medida a fenómenos internacionales (principalmente, a los elevados precios del gas y de los derechos de CO2) que no son responsabilidad directa del Gobierno, no cabe ignorar su demencial política energética ecosostenible. La liberticida y ruinosa transición ecológica se basa en demonizar a los combustibles fósiles y la energía nuclear y volcarse en unas energías renovables ineficaces y claramente insuficientes. La insensata Teresa Ribera, responsable del tóxico Ministerio del tramo, ha querido arreglar las cosas a la manera chavista y ha pretendido expropiar los beneficios de las eléctricas, maniobra que ha escandalizado hasta a los indeseables ecoburócratas de Bruselas.

Las bajadas de impuestos con que Sánchez pretende mitigar el impacto del tsunami eléctrico han llegado tarde, no serán para todos y durarán poco –hasta abril, según Hacienda–. El invierno va a ser un infierno y el Gobierno manirroto que se gasta lo que no tiene no hace sino echar leña al fuego del descontento social. Se va a acabar quemando.

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