Vox-PP: qué bochorno

EDITORIAL

Este jueves tuvo lugar en el Congreso de los Diputados una de esas escenas inverosímiles que llenan de desazón al votante de centro-derecha. El Gobierno social-comunista sacó adelante una de las votaciones más importantes de la legislatura gracias a Vox, el partido al que la izquierda y el separatismo insultan diariamente mientras maniobran para expulsarlo de las instituciones.

El pretexto absurdo para este nuevo papelón de PP y Vox fue la convalidación del decreto ley que regula la gestión de los fondos europeos, que los populares se niegan a respaldar con el argumento de que es necesaria una autoridad independiente para gestionar esas ayudas, mientras los de Santiago Abascal se abstuvieron aludiendo a que no puede dilatarse más en el tiempo la llegada de la financiación de la UE.

Sin entrar en el fondo del asunto, parece evidente que la gestión administrativa de unos fondos públicos no es una cuestión crítica que justifique una disputa entre dos partidos que, al menos nominalmente, constituyen la única oposición a este Gobierno pavoroso. En todo caso, más allá de la fórmula aprobada para ejecutar las ayudas del fondo europeo, el Congreso es el órgano designado para el control de la acción del Gobierno, por lo que ambos partidos van a tener siempre la oportunidad de pedir cuentas al Ejecutivo si no están de acuerdo con la manera en que se está gestionando ese dinero.

Eso es algo que saben bien Casado y Abascal, por lo que a nadie se le escapa que esta última disputa no obedece a una discrepancia sincera sobre lo que se votaba en la Carrera de San Jerónimo, sino a su pugna por liderar el centro-derecha y obtener un buen resultado en las inminentes elecciones catalanas.

Y mientras los dos líderes liberal-conservadores se tiraban los trastos a la cabeza en el Parlamento y en los medios, acusándose mutuamente de deslealtad, Sánchez e Iglesias se frotan las manos sacando adelante su labor legislativa con apoyo de sus socios separatistas.

Casado y Abascal dicen ser conscientes de lo mucho que se juega España en esta legislatura crucial y muestran a diario su preocupación por las medidas liberticidas que pone en marcha el Gobierno infame. Precisamente por eso sorprende que no sean capaces de forjar un mínimo frente común para frenar a Sánchez-Iglesias y, de paso, evitar que los votantes de sus partidos se suman en el desconcierto y el desaliento.

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