Venezuela y el clamoroso silencio del Gobierno

EDITORIAL

Bien está que García Margallo se haya acordado de que es ministro de Asuntos Exteriores y haya dejado por un momento de hablar de Cataluña para dedicar unas palabras a la persistente y violenta represión que siguen sufriendo en Venezuela los opositores al régimen chavista. Lo malo es que las declaraciones del ministro han sido tan fútiles e irrelevantes que lo único que nos han venido a confirmar es que la política exterior de España ante lo que está pasando en el país sudamericano sigue sin ser mucho mejor que la propia de los tres monos de Nikko: No ver nada, no oír nada, no decir nada.

Y es que de poco sirve romper el clamoroso silencio que el Gobierno español ha mantenido en este asunto si es para afirmar algo que todo ya sabemos como es que hay 200.000 españoles en Venezuela que constituyen "su primera preocupación", además de recordar que también hay "intereses económicos que cuidar". En este sentido, Margallo ha querido dar un aire de responsabilidad y sensatez a su mutismo y a su pasividad asegurando que "lo sencillo es hacer una declaración altisonante en televisión", mientras que "hacer lo que hay que hacer" es "menos gratificante desde el punto de vista de la opinión pública".

Nadie le pide al ministro de Exteriores una "declaración altisonante", tal sólo alguna que sirva para hacernos una idea de lo que el ministro entiende por "hacer lo que hay que hacer". Por sus declaraciones y por sus obras, los españoles nos pudimos hacer una idea muy clara de lo que el Gobierno de Aznar entendía por "hacer lo que hay que hacer" en asuntos exteriores: Fortalecer el eje atlántico, fraguar y liderar el consenso europeo en relación a Iberoamérica y protagonizar una política exterior que no pusiera sordina sino que llevara a gala la reclamación de la defensa de las libertades y de los derechos humanos.

Pero a la vista de la política exterior de este irreconocible Gobierno de Rajoy parecería que "hacer lo que hay que hacer" significa no hacer ni decir nada. Su afirmación de que "hay que entenderse con Venezuela" nos evoca aquellas complicidades con el régimen castrista que utilizaban la excusa de que "hay que entenderse con Cuba".

Naturalmente que en Venezuela hay muchas inversiones e intereses económicos españoles que cuidar. Lo insensato es creer que guardando silencio y dejando hacer al tiránico y arbitrario régimen de Maduro vamos a atajar la cada día mayor inseguridad jurídica que allí padecen nuestras empresas. España debería haber liderado la construcción de un frente común europeo ante un régimen liberticida y violento como el chavista que pone en riesgo no sólo nuestras inversiones en ese país, sino hasta la vida de algunos compatriotas.

Claro que pretender a estas alturas que el gobierno de Rajoy, que ni siquiera ha sido capaz de modelar un consenso europeo frente a la inmigración ilegal que viola nuestras fronteras en África, lidere alguna reacción internacional ante lo que está pasando en Venezuela es pedir demasiado. Para este gobierno de Rajoy, la mejor política exterior es la que no existe o la que sólo se ocupa –y de forma contraproducente- de Cataluña

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