UPyD pierde una gran oportunidad

EDITORIAL

Ni el ascenso de Podemos como alternativa al bipartidismo ni su propio retroceso en las encuestas han logrado sacar a Rosa Díez de su negativa radical a llegar a un pacto con Ciudadanos que muchos votantes, dentro y fuera de UPyD, le reclaman.

La formación magenta tampoco ha logrado explicar una negativa que choca frontalmente con lo que ha sido su discurso histórico -la necesidad de una profunda regeneración del sistema democrático- y también con lo que aconsejan las circunstancias actuales, sobre todo con el peligroso ascenso de un populismo que propone que esa regeneración se haga extramuros de lo que en todo Occidente se entiende como un sistema liberal-democrático.

Es un error lamentable porque UPyD era, hasta ahora, una de las pocas opciones que podía elegir un ciudadano preocupado por el deterioro del sistema y los complejos retos a los que se enfrenta la Nación.

En su todavía corta historia, la formación de Rosa Díez ha aportado no pocas positivas al sistema político español: hay que reconocer que fueron los primeros en hablar de regeneración, que han sido inflexibles contra la corrupción y que han marcado nuevos niveles de exigencia en el comportamiento de los políticos. Sin embargo, sus propios errores y, sobre todo, los de su fundadora y líder pueden acabar truncando lo que fue una novedad prometedora.

El partido magenta ha decidido apostar por el control absoluto de un pequeño y muy compacto grupo, donde cualquier asomo de disidencia es arrancado de raíz inmediatamente. Rosa Díez se ha escudado en una supuesta pureza ideológica o en presupuestos inciertos, como que sólo UPyD sabe mantenerse limpio de corrupción.

Lo que España necesita en este momento no son grupúsculos muy puros pero irrelevantes, sino partidos o alianzas que, aunque comprendan ciertas renuncias programáticas, sean capaces de tomar el relevo de formaciones inoperantes como el PP y el PSOE y de alcanzar el suficiente peso específico para frenar la apuesta bolivariana de Podemos.

La unión de UPyD y Ciudadanos –a la que podría sumarse Vox– sí podría ser vista como esa gran alternativa regeneracionista pero respetuosa con los elementos esenciales del sistema. Por el contrario, la negativa a cualquier tipo de acuerdo de Rosa Díez hará que muchos vean su formación no como una alternativa sino como otro partido más, de esos que se preocupan más por asuntos secundarios que por el interés general.

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