Unas elecciones andaluzas determinantes

EDITORIAL

Si Susana Díaz gana las elecciones del 2 de diciembre con mayoría suficiente para gobernar, el PSOE cumplirá al frente de la Junta de Andalucía nada menos que cuatro décadas ininterrumpidas. Como ocurre siempre cuando el socialismo gobierna largos periodos, estos casi cuarenta años del PSOE en Andalucía han relegado a la región al vagón cola del desarrollo no solo español, sino también europeo. Además, los espectaculares casos de corrupción del régimen andaluz hacen de aquella región una de las más corruptas del continente europeo. Tan solo el nacionalismo catalán ha sido capaz de corromperse de una manera tan extendida.

Los partidos rivales del PSOE son conscientes de la oportunidad que se presenta en estas elecciones y apelan al cansancio de la población y a la constatación evidentísima de ese fracaso político para que el próximo 2 de diciembre alumbre un cambio de Gobierno que, en la Andalucía del socialismo hegemónico, es tanto como decir un cambio de régimen.

Ahora bien, los candidatos de los dos principales partidos de la oposición no parece que despierten precisamente el entusiasmo entre los votantes. En el Partido Popular, Moreno Bonilla es un personaje menor al que no se le conoce ningún discurso programático serio en el terreno de los grandes principios o la alta política. Por su parte, el líder de Ciudadanos en Andalucía responde al modelo que Rivera quiere para sus franquicias regionales, es decir, un político sin carisma ni ideas propias, y dispuesto a seguir a rajatabla las órdenes de la dirección nacional aunque estas sean contradictorias.

La inconsistencia política de Moreno Bonilla y el carácter acomodaticio de Juan Marín, que después de haber sostenido al Gobierno de Susana Díaz toda esta legislatura ahora parece haber descubierto que el PSOE es profundamente incompetente y bastante corrupto, no parecen argumentos de peso para producir un cambio tan profundo en las estructuras políticas de una región acomodaticia, que los socialistas tienen controlada a base de subsidios y corruptelas.

A los populares, además, les preocupa el fenómeno de VOX, que a pesar de que las encuestas siguen relegándolo a un papel marginal, lo cierto es que podría arañar una importante bolsa de votos a tenor del entusiasmo que viene despertando entre el electorado del centro-derecha. La subida de VOX a costa del PP podría ser tan importante que los populares podrían perder incluso el segundo lugar en beneficio de Ciudadanos, lo que sería un golpe tremendo para las expectativas de Casado en su batalla por La Moncloa.

Por su parte, Susana Díaz trata de desmarcarse del Gobierno de Pedro Sánchez, su rival en las primarias socialistas, cuya inoperancia política y entreguismo a los independentistas, amén de las sonrojantes corruptelas de los miembros de su Ejecutivo, suponen una losa añadida que la hábil política andaluza quiere evitar.

En cuanto a los ultraizquierdistas bolivarianos, las elecciones andaluzas servirán también para comprobar hasta qué punto están perdiendo fuelle, por más que la filial andaluza podemita se haya desmarcado en numerosas ocasiones del discurso de su líder nacional.

Todo ello hace que estas próximas elecciones en Andalucía revistan una importancia que trascienden la mera política regional para convertirse en el primer test serio de los partidos que aspiran a gobernar España en el futuro inmediato.

A continuación