Una juez bajo sospecha y una recusación fuera de plazo

EDITORIAL

El Partido Popular formuló el pasado viernes un incidente de recusación contra la juez que instruye el caso de la destrucción de los ordenadores de Luis Bárcenas, Rosa Maria Freire, cuya trayectoria de afinidad con el PSOE ofrece, en principio, motivos más que sobrados para dudar de su imparcialidad: Freire fue propuesta por el exdiputado socialista y vocal del Consejo General del Poder Judicial Álvaro Cuesta para sustituir a Javier Gómez Bermúdez en el Juzgado Central de Instrucción 3 de la Audiencia Nacional. Además, fue designada en su día por el Partido Socialista para intervenir como ponente en la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, en la que se debatía la Ley de Enjuiciamiento Criminal, donde fue radicalmente crítica con el proyecto de reforma del PP.

Por otra parte, no se debe olvidar que, por una relación tanto o menos afín con el PP que la que tiene Freire con el PSOE, dos magistrados de la Audiencia Nacional, Enrique López y Concepción Espejel, fueron apartados del juicio del caso Gürtel a instancias de IU y el propio PSOE.

De hecho, la única objeción que se le podría hacer al PP respecto de su solicitud de recusación contra Freire es la de por qué no la formuló antes, no una vez que la juez ha rechazado la solicitud de sobreseimiento de la causa.

Sin embargo, la juez Freire, en su insólito y agresivo escrito de respuesta a la solicitud de recusación planteada por el PP, no se centra exclusivamente en la cuestión de los plazos para poder presentar la solicitud de recusación contra un juez, que, según el articulo 223 de la LOPJ, debe hacerse "tan pronto se tenga conocimiento de los mismos", sino que arremete, con un vocabulario impropio de un profesional del Derecho, contra el PP, al que acusa veladamente de "machista" y de tener "mala fe".

Por muy recurrente que sea tachar de machista a quien quiera que ponga en cuestión la probidad de una juez o de cualquier otra profesional, por supuesto que todo el mundo puede ser objeto de crítica, con independencia de su sexo o de cualquier otra característica o condición. Sólo faltaría. Y lo cierto es que el PP no considera a Freire contaminada por ser mujer, sino por una afinidad con el PSOE que la propia juez ha sido incapaz en su bochornoso escrito de respuesta.

El tiempo dirá en qué queda el asunto y hasta qué punto la cuestión de los plazos puede ser decisiva. El hecho, sin embargo, es que los jueces deberían no sólo ser independientes, también parecerlo. Si Freire lo es, no lo aparenta en absoluto.

En cualquier caso, si tan interesados están el PP y el PSOE en la imparcialidad de los jueces, más les valdría ponerse de acuerdo para llevar a cabo una reforma tendente a hacer efectiva la división de poderes. Pero en esa lucha ni están ni se les espera; de hecho, están en todo lo contrario, en echar tierra y más tierra sobre el cadáver de Montesquieu.

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