Un discurso para una Nochebuena especial

EDITORIAL

El discurso tradicional del Rey en Nochebuena tiene en esta ocasión un carácter especial. No solo porque cerramos un año marcado por la pandemia de la Covid-19, que ha dejado en España 70.000 muertos y un terrible socavón en la economía y el empleo, sino porque es la primera vez en nuestra democracia que tendrá lugar cuando el Gobierno de España se muestra abiertamente contrario a la Corona como primer paso para destruir el orden constitucional.

Los ataques a la monarquía por parte de elementos decisivos del Gobierno de Sánchez no son una anécdota pasajera atribuible al origen marginal de sus socios de coalición. Muy por el contrario, este rechazo sin precedentes a la Corona es la argamasa que forja los apoyos necesarios de Sánchez para seguir en el poder.

Ante este panorama, es inevitable que las palabras del rey en la noche del próximo jueves despierten la natural expectación, pero conviene situar esta intervención del monarca en sus justos términos. Felipe VI no se juega su reinado con este discurso, que es lo que le gustaría a la morralla podemita, separatista y sanchista, porque se trata de un texto que, entre otras cosas, ha de contar con el visto bueno del Gobierno a pesar de su hosca deslealtad. Por otra parte, la ocasión requiere un tono institucional y cercano a los españoles, con distanciamiento de las polémicas orquestadas por los socialcomunistas y centrado, sobre todo, en las consecuencias de la pandemia y el sufrimiento de decenas de miles de familias que han perdido a sus familiares en esta cruel enfermedad o están sufriendo las consecuencias de la recesión económica provocada por la imprevisión culpable del Gobierno.

El discurso de Felipe VI que marcó su reinado fue el que dirigió a todos los españoles en la noche del 3 de octubre de 2017, cuando el separatismo intentó un golpe de Estado a través de la consulta independentista orquestada dos días antes en Cataluña. El rey renovó entonces el papel de la Corona como valladar infranqueable de la unidad de España y el derecho de todos los ciudadanos a vivir en paz y libertad. Eso es, precisamente, lo que la izquierda no perdona al rey Felipe, pero su rechazo y sus públicas maniobras para socavar la institución no pueden convertirse en el marco referencial para interpretar el discurso de esta Nochebuena. Mal que les pese a Sánchez, Iglesias y sus socios, el rey sabrá estar de nuevo muy por encima de la clase gobernante más despreciable que nos ha tocado vivir en democracia.

 
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