Un día negro para el Congreso por culpa de PSOE y Podemos

EDITORIAL

Se puede discutir la idoneidad de los plazos que la ley establece para la revisión de las penas de los condenados a prisión permanente revisable; se puede dudar de la constitucionalidad de dicha figura penal –aunque lo más lógico sería que el Tribunal Constitucional la avalase–; incluso, sin dudar de su constitucionalidad, es legítimo defender que no es necesaria o conveniente. Pero lo que ni se puede ni se debe hacer es enfrentarse a ella con el obsceno arsenal de intoxicaciones y mentiras que han desplegado este jueves Podemos y, sobre todo, el PSOE. Con todo, lo peor han sido las formas, una falta de consideración repugnante hacia los familiares de víctimas de crímenes escalofriantes que se habían dado cita en el Congreso para seguir el debate.

El primer momento de oprobio se produjo cuando el diputado ultra Eduardo Santos, de Podemos, equiparó asesinatos espeluznantes de menores con la muerte del cámara de televisión José Couso en un escenario de combate en plena guerra de Irak. Posteriormente, Pablo Iglesias incidió en la misma comparación impresentable, para dejar meridianamente claro que lo de Santos no fue un desliz y que la extrema izquierda sigue en el infecto agitprop con el que intoxicó la convivencia hace tres lustros.

Pero si lo de Podemos fue lamentable, quedó inmediatamente en segundo plano con la abominable intervención de Juan Carlos Campo: el diputado socialista –para colmo, juez de profesión– perpetró un discurso exaltado, insultante, saturado de desprecio a unas víctimas a las que presentó como sedientas de venganza sin por ello dejar a su vez de utilizarlas de manera contradictoria pero igualmente infame, para terminar recurriendo al franquismo como arma arrojadiza contra PP y Ciudadanos. Su discurso fue tan miserable que la presidenta de la Asociación Clara Campoamor, la socialista Blanca Estrella Ruiz, pidió avergonzada perdón a las víctimas ultrajadas por semejante personaje.

El PSOE se ha visto acorralado en un debate en el que tiene poco que ganar y en el que una parte muy importante de su electorado no le acompaña. Pero por supuesto esto no justifica la actitud execrable de Campo y de quienes le han consentido comportarse así.

Tanto Podemos como el PSOE presumen de ser los intérpretes de lo que piensa "el pueblo", pero en cuanto "el pueblo" choca contra sus prejuicios ideológicos no hacen más que silenciarle o darle la espalda: ahí está como vergonzoso botón de muestra el desprecio de Iglesias al padre de Diana Quer y a los tres millones de firmas que ha recogido para demandar la no derogación de la prisión permanente revisable.

Podemos y PSOE han demostrado una vez más ser todo lo contrario de lo que proclaman con completa desvergüenza. No están a la altura de los desafíos de una sociedad compleja como la española; y a las víctimas a las que han vejado este jueves, sujetos como Campo no les llegan a la suela de los zapatos.

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