Siguen las intoxicaciones de la izquierda desquiciada

EDITORIAL

La mejor prueba del pavor que estas elecciones madrileñas está provocando en la izquierda es la histeria desatada por sus dirigentes para hacerse pasar como víctimas de una oleada de violencia ultraderechista fabricada en sus propios gabinetes de propaganda.

El extraño envío de un sobre con munición caduca al Ministerio del Interior con amenazas hacia alguien que ya no está en el Gobierno y que, incomprensiblemente, pasó todos los filtros de seguridad del servicio de correos ya fue utilizado por el chavista Pablo Iglesias para ensuciar la campaña y huir de un debate electoral.

Este lunes fue el turno de Reyes Maroto, la desconocida ministra de Industria, que culpó a Vox del envío de un sobre con una navaja a su nombre y animó a los madrileños a crear un cordón sanitario para excluir al partido derechista de las instituciones democráticas. Sin embargo, el Gobierno sabía perfectamente que el sobre dirigido Maroto no era una amenaza extraordinaria sino el acto irracional de una persona aquejada de esquizofrenia, algo que el Ministerio del Interior pudo averiguar enseguida, pues el perturbado escribió su nombre completo y su dirección en el propio sobre.

El Gobierno social-comunista tiene un trato tan frecuente con la manipulación que la ministra no dudó en convocar a la prensa para mostrar la fotografía de la navaja de marras, ocultando, eso sí, que quien la envió estaba perfectamente identificado. No sólo eso, sino que, en el colmo de la indignidad y la infamia, acusó a Vox de orquestar la oleada de amenazas para acabar con la democracia.

Maroto declamó: “Todos los demócratas estamos amenazados de muerte si no frenamos a Vox en las urnas”, mientras exhibía la foto de la navaja y fabricaba un relato bochornosamente lacrimógeno del sufrimiento que el episodio había producido en su familia.

La ministra hizo un ridículo monumental; pero lo más importante y grave es que demostró hasta qué extremos de indecencia puede llegar esta izquierda dispuesta a todo con tal de evitar una merecidísima debacle electoral.

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