Sánchez reivindica la funesta II República y adopta el discurso proetarra

EDITORIAL

La bochornosa sesión parlamentaria de este miércoles muestra hasta qué punto la izquierda sigue instalada en una concepción sectaria y patrimonialista del poder más propia de las criminales repúblicas socialistas que imperaban al otro lado del Telón de Acero que de las democracias liberales. Para empezar, resulta una vergüenza que el presidente del Gobierno reivindique un régimen tan radicalmente ilegítimo (de origen y de ejercicio) en términos democráticos como la II República. Nacida no como resultado de ningún plebiscito democrático ni de ninguna Constitución aprobada por el pueblo español, sino mediante una artera interpretación de los resultados de unas elecciones municipales en las que, para colmo, resultaron vencedoras las candidaturas monárquicas, la II República, lejos de unir a los españoles, los dividió, radicalizó y enfrentó hasta degenerar en una espantosa guerra civil.

Que socialistas y comunistas no buscaban en ese régimen un marco legal consensuado que articulara un auténtico sistema democrático es un hecho que demuestran no sólo los escritos y proclamas de sus líderes del momento, rabiosamente antidemocráticos, sino el hecho mismo de que se alzaran en armas contra ella en 1934, meses después de que el centro y la derecha ganaran las elecciones generales de 1933.

El único “vínculo luminoso con nuestro pasado” que cabe conmemorar no es la funesta y sectaria II República, sino la Constitución de 1978, consensuada por las formaciones herederas de los dos bandos enfrentados en la guerra civil y refrendada masivamente por el pueblo español en referéndum.

No menos indecente que su reivindicación de la II República es la reiterada negativa del presidente del Gobierno a condenar el terrorismo callejero sufrido por Vox en el barrio madrileño de Vallecas. Pedro Sánchez ha tenido la desvengüenza de acusar a los de Santiago Abascal de “ir a Vallecas a buscar bronca”. Como si un partido político no pudiera hacer campaña donde le dé la gana. Con semejante aseveración, Sánchez hace suyas las palabras que utilizaban los terroristas de Batasuna cuando los representantes del PP y del PSOE hacían campaña en zonas copadas por la mafia etarra.

Así las cosas, poco "luminoso" será el futuro de la nación si el Gobierno sigue en manos de un sujeto que reivindica un régimen cuyo sectarismo llevó a la Guerra Civil y que hace suyos los argumentos de la peor organización terrorista que hayamos padecido.

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