Sánchez dispara el gasto mientras exige austeridad al PP andaluz

EDITORIAL

Estaba cantado que los irresponsables y electoralistas viernes sociales con los que Pedro Sánchez quería comprar el voto de cara a las elecciones de abril nos iban a pasar factura, tal y como ha venido a demostrar la inquietante noticia de que el gasto público ha crecido al mayor ritmo de la última década y de que, como consecuencia de ello, el déficit, lejos de reducirse, ha aumentado hasta junio un 18% interanual. Pero el todavía presidente en funciones está decidido a seguir en esa temeraria y demagógica senda de despilfarro con vistas a los comicios del 10 de noviembre. Así lo acreditan hechos tan recientes como su insensata e insostenible promesa de subir las pensiones en diciembre y su no menos caciquil y vergonzoso compromiso de reducir el número de peonadas para cobrar el PER.

Lo más bochornoso de todo es que mientras el presidente en funciones sigue tirando sin recato alguno de la chequera del contribuyente presente y futuro para comprarse la poltrona, su ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, tiene la insuperable desfachatez de pedir austeridad y ajustes en el gasto a la Junta de Andalucía para atajar un déficit que, para colmo, procede de cuando gobernaban allí los socialistas y la propia Montero y su efímero sucesor Antonio Ramírez de Arellano ejercieron de consejeros de Hacienda de Susana Díaz.

Precisamente para atajar esa larga herencia socialista de déficit y endeudamiento públicos, el Gobierno regional andaluz de PP y Cs pudo sacar adelante –gracias a Vox– el pasado junio unos Presupuestos que, por primera vez, metían la tijera en el gasto improductivo y suntuario, al tiempo que erradicaban el enorme entramado de chiringuitos que el PSOE había erigido en forma de redes clientelares. Y todo ello mientras no solo se mantenía sino que se incrementaba el gasto destinado a educación, sanidad o dependencia.

Que un partido como el socialista andaluz, que, sin entrar en la insuperable corrupción que ha protagonizado, no es menos insuperable ejemplo de gasto incontrolado y de desajustes de las cuentas públicas, votara en julio contra esos Presupuestos autonómicos y contra la denigrada austeridad del PP no fue una sorpresa. Pero que ahora venga la ministra de Hacienda de Sánchez y exconsejera andaluza de Hacienda exigiendo a la Junta contención para corregir el desajuste dejado por los propios socialistas demuestra que, con los socialistas, ni la subida de impuestos, ni el déficit, ni el endeudamiento ni, menos aun, la desfachatez conocen límites.

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