¿Saben lo que votan los votantes del PSOE?

EDITORIAL

La encuesta que ha publicado El Mundo este miércoles da cuenta de lo que parece una importante desconexión entre el PSOE y sus propios votantes. Y no es una discrepancia leve en un asunto cualquiera, sino que atañe a la cuestión más importante en la política nacional de esta hora: la gestión del desafío separatista en Cataluña.

Los números son contundentes: sólo un quinto de los que votaron por Sánchez en las últimas elecciones avala un diálogo con los separatistas que vaya más allá de los límites que marca la Constitución. Obviamente, una mesa de partidos sin control parlamentario y cuyos acuerdos se sometan a referéndum sólo en Cataluña es algo que está más allá de cualquier interpretación de la Carta Magna, así que el PSOE está yendo muchísimo más lejos de lo que le pedirían incluso aquellos que lo apoyaron electoralmente.

La traición socialista afectaría incluso a su propio electorado, sí; pero hay que decir que no se trata, ni mucho menos, de una sorpresa: el PSOE ha flirteado con el separatismo siempre que ha tenido la oportunidad, el PSC siempre ha estado más cerca de los independentistas que de los constitucionalistas y la nación de naciones y el modelo federal asimétrico llevan años instalados en el discurso socialista.

Y si quien quisiera engañarse podía interpretar todo esto como mera política de gestos sin consecuencias prácticas, desde su pacto con los golpistas en la moción de censura contra Rajoy y con los proetarras de Bildu en Navarra, y, por supuesto, desde el Documento de Pedralbes, el PSOE se ha encargado de pulverizar esas coartadas, por mucho que uno se dé al consumo de los medios izquierdistas de desinformación.

Así las cosas, o los votantes socialistas contrarios a que el traidor Sánchez… y la plana mayor de su partido vendan la soberanía nacional a un hatajo de golpistas han votado (auto)engañados o verdadera y vergonzosamente creen más importante apartar a la derecha del poder que la defensa de la unidad de España y del orden constitucional. En el primer caso, puede albergarse la esperanza de que los desmanes de Sánchez y su banda de felones les acaben pasando una durísima factura electoral; en el segundo, es de temer que la crisis nacional no haga más que agravarse y acabar de la peor de las maneras.

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