Ruina climática

EDITORIAL

El próximo domingo arranca en Glasgow la Cumbre del Clima. Un año más, políticos, "científicos" y "activistas" de todo el mundo se darán cita para culpar a los países desarrollados de todas las supuestas calamidades por las que estaría pasando el planeta.

Durante una decena de días, los representantes de los estados se flagelarán públicamente y Occidente entonará el mea culpa por las emisiones de CO2 que expulsan a la atmósfera sus empresas y ciudadanos. Así, los profetas del ecologismo dominante continuarán alimentando un alarmismo medioambiental que aporta pingües beneficios a los líderes del movimiento a costa de esquilmar la riqueza de los maltratados países productores.

Greta Thunberg, las predicciones apocalípticas y hasta las declaraciones del fin del mundo no faltarán en unas jornadas en las que, sin embargo, no habrá ni rastro del rey de la contaminación. Y es que, China ha declinado participar en la cumbre para ridículo de sus organizadores. Con el 27,9% del total de gases de efecto invernadero, el país comunista emite más que toda la UE-27 (8,4%) y EEUU (14,9%) juntos. Pero a pesar del deshonroso galardón de ser el principal emisor del planeta, China ni piensa participar de la obsesión verde de las economías avanzadas ni piensa dejar de contaminar. De hecho, desde 2006, el gigante asiático no solo no ha entrado en ninguna de las descabelladas carreras por la reducción de emisiones de los occidentales, sino que hasta ha aumentado un 59% el CO2 que expulsa a la atmósfera. Y sin remordimiento alguno.

Mientras China muestra una vez más que comunismo es igual a degradación ambiental y a los mayores desastres ecológicos del mundo, los ciudadanos de Occidente tienen que soportar sobre sus espaldas el ideario intervencionista, liberticida y empobrecedor de la farsa climática que les están imponiendo sus gobernantes. Y es que, siempre que África, China o India sigan contaminando al ritmo actual, alcanzar el absurdo objetivo de las "cero emisiones" que se han planteado Europa y EEUU para 2050 apenas tendría un impacto en las temperaturas globales de 0,15 grados centígrados. Sin embargo, la factura de la agenda climática amenaza con costarle muy cara a las economías desarrolladas. Tanto, que ya hay estimaciones que apuntan al 12% del PIB o a la friolera de 9.700 euros por ciudadano.

En el Gobierno de PSOE y Podemos son expertos en eso de aplicar mayor intervencionismo, una fiscalidad salvaje y un aumento indiscriminado de la regulación en aras de la lucha contra el cambio climático. Desde su llegada al poder, el Ejecutivo social-comunista no ha dudado en plantear todo tipo de absurdas prohibiciones a cada cual más dañina. Desde la supresión de los viajes en avión al impuesto a los plásticos pasando por la tromba de planes anticoche. Todas estas medidas no solo son ineficaces, sino que son tremendamente costosas para las rentas más bajas que tanto se jacta de proteger la izquierda.

Uno de los últimos descréditos gubernamentales ha sido la paradoja de España recurriendo al carbón para conseguir energía en plena campaña de demonización y cierre de las nucleares, una alternativa tan limpia como barata. Porque la realidad es que ni al Gobierno ni al lobby ecologista del que es lacayo poco o nada les preocupa la salud del planeta. Si de verdad les preocupara, sabrían que las economías más libres, como Nueva Zelanda o Suiza, son las que tienen las mejores calidades ambientales del mundo o que cuanto más rico es un país menos recursos consume. Entonces, tendrían que admitir que el único futuro sostenible se llama capitalismo. Pero no lo harán porque perpetuar su cuento ecologista les sale muy rentable.

A continuación