Rajoy y la omertá en el PP

EDITORIAL

Después de cuatro años de traiciones a sus votantes y en medio de una cascada de casos de corrupción que está hundiendo al Partido Popular en feudos de gran importancia, finalmente ha aparecido un gesto de reproche en el seno del PP dirigido a Mariano Rajoy.

Ha sido en un acto organizado por Nuevas Generaciones en Bilbao, con presencia de la plana mayor del PP en el País Vasco. En ese contexto y frente al máximo líder del partido y jefe del Gobierno, el presidente del PP en Vizcaya se ha manifestado con esta contundencia: "Yo te tengo que decir, Mariano"- ha explicado Antón Damborenea, asegurando que de no hacerlo así sus afiliados de Vizcaya se lo echarían en cara-, que "estamos hasta los cojones de leer todos los días gente del Partido Popular pringada, nos da igual exactamente cómo y por qué".

El hartazgo del dirigente popular vasco es el reflejo del sentimiento de la inmensa mayoría de afiliados y simpatizantes del Partido Popular, que asisten atónitos a una deslegitimación paulatina de sus siglas a causa de la corrupción política, con seguridad el mayor mal que puede atenazar a un partido de cara a sus votantes.

Ahora bien, la corrupción no es un fenómeno aleatorio que surja de manera espontánea y sin que nadie lo propicie. Muy al contrario, el latrocinio, el tráfico de influencias y el enriquecimiento ilícito son llevados a cabo por personas con nombre y apellidos y, sobre todo, desde cargos públicos con capacidad de decisión para cometer esas tropelías. Por eso mismo, las recias palabras de Damborenea cabe entenderlas, muy directamente, en clave personal: en el PP están hartos de la corrupción, pero también del máximo responsable del partido, involucrado él mismo en alguno de los episodios más lamentables de la historia reciente como sus mensajes telefónicos al extesorero de la formación.

Pero la reacción del dirigente vasco pone también de manifiesto el silencio estruendoso de los cuadros populares en todo este asunto. Ni una sola palabra en público contra la manera de actuar de Rajoy y su junta directiva hemos podido escuchar en el seno del PP, salvo las duras críticas expresadas por Esperanza Aguirre que esta semana, ella sí, presentó su dimisión. En el resto de responsables del PP nadie parece dispuesto a señalar la evidencia de que hay un grave problema estructural de corrupción en su partido ni, mucho menos, a deslizar el menor reproche a su principal responsable.

El Partido Popular, como ocurre en las formaciones que llegan al poder, hay un rechazo espontáneo al debate público. Ahora bien, lo de este PP de Mariano Rajoy es una omertá en toda regla que esteriliza cualquier posibilidad de regeneración. Por eso las palabras de Damborenea, de estilo discutible, pueden ser determinantes si finalmente son la espita que haga reaccionar a un partido seriamente castigado por la corrupción. Esta por ver.

A continuación