16-XI-2014

Por qué el reconocimiento unilateral de Palestina es un error

EDITORIAL

Este próximo martes, el Parlamento español votará una proposición del PSOE a favor del reconocimiento del Estado Palestino, una iniciativa que no responde a una solución consensuada entre las autoridades palestinas e israelíes, los principales actores implicados, sino a una campaña unilateral de las fuerzas palestinas a nivel internacional. El Gobierno de España, por boca de su vicepresidenta, realizó en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros del pasado viernes una serie de reflexiones en torno a este asunto que van en la dirección favorable a este reconocimiento español, si bien Sáez de Santamaría apeló a la conveniencia de que la decisión venga respaldad por una posición común dentro de la UE.

Resulta inexplicable que, precisamente cuando aún no se ha producido un debate en el seno de las instituciones europeas sobre este complicado asunto, el Gobierno de Rajoy salga a la palestra posicionándose en una determinada dirección que socava los intereses de Israel y los derechos de sus ciudadanos. No hay que olvidar que estas votaciones, como la realizada el pasado mes de octubre en el Parlamento británico, responden a una iniciativa internacional de la Autoridad Palestina que vulnera de manera flagrante los términos pactados con Israel para buscar una solución definitiva al conflicto. Mahmud Abás, en representación del pueblo palestino, aceptó no iniciar ninguna campaña para el reconocimiento unilateral de Palestina hasta que las negociaciones de paz hubieran culminado con uno u otro resultado. Sin embargo, antes de que se haya llegado a un acuerdo, el bando palestino, como ha ocurrido tantas otras veces, se ha encargado de hacer imposible cualquier entendimiento estable con Israel.

En contra de lo que sugiere Sáez de Santamaría, el reconocimiento unilateral de Palestina no favorece la solución de los dos Estados alentada por EEUU, la UE, los países árabes moderados e Israel, sino que, lejos de ello, es un aldabonazo a la actual estrategia de la cúpula palestina para mantener aherrojado a su pueblo y privarle de la posibilidad de tener un Estado próspero, democrático y en paz con su principal vecino. No se puede olvidar que una de las dos principales fuerzas palestinas, Hamás, es una organización terrorista calificada así por todas las organizaciones internacionales, incluida naturalmente la Unión Europea. Los dirigentes de Hamás controlan la mitad del territorio palestino (la Franja de Gaza) mientras que el otro bando, arracimado en torno al movimiento Al Fatah, está al frente del Margen Occidental. Ambos grupos se disputan la primacía de la representación palestina y, sobre todo, el control de los ingentes fondos que llegan procedentes de campañas humanitarias y donaciones de otros Estados, por cuyo motivo se enfrentaron en una cruenta guerra civil en 2007. La inmensa corrupción enquistada en las estructuras sectarias de la Autoridad Palestina, de la que da buena cuenta el nivel de vida de sus líderes, ajenos al sufrimiento de su pueblo, es otro dato que debería ser tenido en cuenta antes de apoyar la estrategia unilateral de estas fuerzas, capaz de llevarse por delante cualquier esperanza de una paz duradera.

Esta posición favorable a las tesis de la Autoridad Palestina que ayer insinuó la vicepresidenta del Gobierno es, además, una sonora bofetada en el rostro de Israel, la única democracia consolidada en Oriente Medio y, por tanto, el principal bastión de Occidente frente a las aspiraciones totalitarias de una parte nada desdeñable del mundo islámico. Pero el efecto más grotesco de estas palabras de Sáez de Santamaría es que un Gobierno que no es capaz de defender al Estado en su territorio, pretenda avalar el nacimiento de otro cuya creación unilateral agravaría de modo irreparable la inestabilidad de todo Oriente Medio.

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