¿Podrá Ciudadanos?

EDITORIAL

Estamos a punto de entrar en el crucial 2015, que puede ser el año de la gran convulsión nacional, pues de las elecciones municipales, autonómicas y generales que se habrán de celebrar quizá surja un mapa político radicalmente distinto al de los últimos 30 años. Un mapa tan distinto que de hecho puede llevar a una reconfiguración igualmente radical del régimen vigente desde 1978.

El fenómeno que más está llamando la atención en estos tiempos preconvulsos es el del advenimiento de Podemos, formación antisistema copada por adeptos del comunismo –una de las ideologías más criminales de todos los tiempos– y que parece estar ganándose el favor de amplias capas de la población al calor de la interminable crisis, que más que económica es institucional y, en última instancia, nacional. Confiar en gente como Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón para salir del agujero es sencillamente demencial, salir de Guatemala para caer de bruces en Guatepeor.

España, ciertamente, necesita con urgencia un cambio de rumbo político. Un cambio que, en vez de socavar bolivarianamente las instituciones del Estado de Derecho, las fortalezca. Un cambio que mueva al compromiso e ilusione a la ciudadanía; pero desde la sensatez y la responsabilidad, no desde el populismo y la demagogia, ese par de toxinas de efectos devastadores que esparcen en cantidades industriales los cabecillas de la liberticida formación de extrema izquierda que descuella en las encuestas.

España necesita ciudadanos decididos a serlo, que luchen por ganar espacios a la sociedad civil y por acotar y definir los del poder político y burócrático. En esa España, Albert Rivera y Ciudadanos pueden desempeñar un papel fundamental. El mensaje que están lanzando, cohesivo, integrador, en positivo, es el que quieren oír muchos españoles que, de todas formas y por poderosísimas razones, no acaban de fiarse, tales han sido las desilusiones que han ido cosechando en los últimos tiempos.

Ha llegado el momento de que Rivera y su partido den un paso más, de que vayan materializando, concretando su discurso. Y, sobre todo, han de tener bien presente que tan importante como crecer es crecer bien: no todo, no todos valen para esa empresa. Especial atención han de poner en el rubro de las nuevas incorporaciones, para que no acaben siendo refugio o instrumento de oportunistas y gentes aún peores. Por ahí se les puede colar, y hacer un destrozo irreparable, la vieja política.

Ciudadanos y Albert Rivera tienen ante sí el reto de dar por fin el salto y postularse como gran alternativa regeneracionista. ¿Podrán? ¿Sabrán? Sin lugar a dudas, este año 2015 que enseguida empieza será su hora decisiva.

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